Como iglesia de Cristo tenemos la responsabilidad que implica reconocer el llamado, recibir la unción, y llevar adelante la visión que nos fue encomendada con toda la seriedad, con todo el esfuerzo, la entrega y la pasión que tan digno llamado requiere. Ese llamado es a extender el Reino de Dios en la tierra. Es completar la misión por lo que Cristo vino a esta tierra. Él dijo: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lc. 19:10)
Si esa fue la misión de Cristo, y si él mismo le dijo a sus discípulos: “Como el Padre me envió así yo os envío” ¿Cuál puede ser la misión de la Iglesia? Llevar redención de las almas y establecer el Reino de Dios en cada corazón.
Jesús nos ordenó: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” e “Id y haced discípulos a todas las naciones” ¡La iglesia tiene que abocarse a esta misión! Pedro dice que somos nación santa, real sacerdocio pueblo adquirido por Dios para anunciar las virtudes de aquél que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable. Y esta definición nos habla de la identidad y también de la misión de la iglesia. La iglesia tiene que profundizar su sentido de misión. Mirar al mundo con los ojos compasivos de Cristo y poner todos sus esfuerzos y recursos en buscar a los perdidos. El mundo necesita desesperadamente oír y ver la manifestación del reino de Dios, predicado con las señales que le siguen y con el testimonio de vidas transformadas.

Una de las más importantes señales del fin que dijo Jesús que ocurriría antes de su retorno es que habría un poderoso testimonio del evangelio en el mundo. Jesús dijo cómo será el mundo y la iglesia del fin del siglo: “Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos. Por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo. Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin”
El Señor nos dice que la iglesia tiene que enfrentarse con los celos, el odio, las mentiras y la maldad de los hombres de los últimos tiempos. En medio de este panorama los cristianos tienen que amar, perseverar y predicar el evangelio del Reino. El Espíritu está hablándonos en este tiempo. Él dice: Hacen falta odres nuevos para el vino nuevo que quiero derramar sobre ustedes. Para esto debemos profundizar en el conocimiento de la persona del Espíritu Santo, su obra, su poder y su relación con la iglesia.
Dios quiere hacer una obra nueva, más allá de las ideas preconcebidas y de las barreras mentales. Dios quiere derramar vino nuevo sobre su Iglesia, pero necesita de odres nuevos. Nuestra mentalidad, nuestra manera de vivir la fe, nuestro corazón debe ser renovado. Es necesario que se remuevan estructuras, valores y prácticas que no sirven para el nuevo tiempo que Dios está trayendo a nuestra sobre la iglesia.
El mundo que nos toca redimir es cada día más complejo, y las tinieblas son cada día más intensas. Pero cuando abundó el pecado sobreabundó la gracia. Y los hijos de luz tenemos poder sobre las tinieblas. Tenemos que fortalecer nuestra fe, renovar nuestra visión y levantar un ejército de hombres y mujeres militantes, capaces de dar sus vidas por la causa del Reino.
Necesitamos una iglesia que esté sentada en los lugares celestiales con Cristo. Una iglesia llena de amor y de luz, una iglesia militante, una iglesia radical con el pecado, una iglesia llena del poder y del fuego del Espíritu que extienda las fronteras del Reino de Dios y las puertas del infierno no la puedan detener.
¡Vamos a hacerlo!
Pastor Robero Vilaseca