Pasión: la clave para una vida extraordinaria

¿Cuál es la diferencia entre una vida de temor y una vida de posibilidades? ¿Entre una vida ordinaria y una vida extraordinaria? Es una diferencia bastante grande.

La mayoría de las personas que conozco quieren ser mejores personas de lo que ahora son, quieren tener más ingresos, anhelan tener un mejor trabajo, disfrutar de su relación con su familia, con su cónyuge, y si todavía no tiene pareja quiere tener una relación. Muchos quieren crecer en su relación con Dios, tener un ministerio en la iglesia, gozar de buena salud, hacer grandes cosas, todos quieren una vida extraordinaria pero no saben como conseguirla.

La Biblia enseña en Mateo 7:7,8 “Pidan a Dios, y él les dará. Hablen con Dios, y encontrarán lo que bu
scan. Llámenlo, y él los atenderá. Porque el que confía en Dios recibe lo que pide, encuentra lo que busca y, si llama, es atendido.”
(BLS)
Si usted quiere una vida extraordinaria tiene que seguir los tres pasos:

1) Pedir y se dará. ¿Qué es exactamente lo que quiere? Una de las razones por las cuales solo del 3 al 5% de la población mundial sí obtiene todo lo que quiere es porque saben lo que quieren. Muchos dicen: “Quiero tener una mejor relación con mi cónyuge”, pero es algo muy general y de seguro nunca lo sabrá cuando tenga una relación excelente con su pareja. Debo preguntarme ¿Qué es una mejor relación con mi pareja? Defina lo que quiere en su vida y obtendrá lo que busca. Dios siempre quiere lo mejor para usted.

2) Buscar y Encontrará. Lo que usted desea o quiere para su vida no llegará si no lo anda buscando. Tampoco llegará si lo busca en otro lado. Usted necesita buscar ayuda, buscar las herramientas que le permitan vivir la vida extraordinaria. Usted no necesita reinventar la rueda porque ya alguien la inventó, lo que usted necesita es un coach o un mentor que le ayude a llegar a esa vida extraordinaria en el menor tiempo posible.

3) Llamar y se abrirá. Como puede ver ya usted está pidiendo a Dios la vida que quiere, esta buscando lo que necesita para llegar a esa vida y en este tercer paso usted debe tomar acción, moverse, generar la vida que quiere, comprometerse y esforzarse por esa bendición. Dios abre las puertas de bronce, usted debe abrir las de maderas. ¿Qué puertas quiere que se le abran? ¿La puerta de las relaciones? ¿La puerta de las finanzas? Usted debe llamar para que se abran.

Es tiempo de vivir la vida que quiere, no viva más en esclavitud o mediocridad, usted ha sido llamado a una vida de libertad, deshágase de los grilletes que le mantienen atado, y corra con los sueños que Dios dispuso en su corazón, llénese de pasión en este día. Descubra cuál es su pasión y sígala, es todo lo que necesita para vivir una vida extraordinaria.

La pasión es poderosa. Jesús fue un hombre apasionado, vivió una vida extraordinaria. Moisés y otros grandes hombres que han hecho historia se llegaron a conocer por su pasión. La pasión es su primer paso hacia el logro, ella hace que lo imposible sea posible. La pasión es la que le lleva a pedir, a buscar, a aprender y es la que le abre las puertas del triunfo. Cuando usted se apasiona por la vida, por lo que hace, todo es tan natural, que lo ordinario se vuelve extraordinario.

Si usted quiere un matrimonio extraordinario, una familia extraordinaria, ingresos extraordinarios manténgase alejado de los que apagan el fuego, de los que le roban pasión. No busque la pasión en otro lado, esta en ti. Como dice el Apóstol Pablo a Timoteo: “Por eso te recomiendo que no dejes de usar esa capacidad especial que Dios te dio cuando puse mis manos sobre tu cabeza.” 2 Timoteo 1:6 (BLS)

Se dice que en India, un rico hacendado llamado Alí Jafet, vendió su hacienda Golconda y se fue a buscar diamantes por todo el mundo. Un tiempo después se encontró arruinado y sin conseguir su propósito. Pero el que le compró la finca Golconda encontró en ella la más grande mina de diamantes de su país. Muchas personas buscan tesoros fuera de sus propios cursos y limites que Dios le ha dado. Dedican tiempo y dinero a esa búsqueda sin darse cuenta del tesoro que subyace en ellos mismos. Dios le ha dado una hacienda llena de tesoros: Sus habilidades personales, sus capacidades humanas y espirituales son tesoros escondidos. También tiene el tesoro de su familia, su iglesia, y amistades. Su vida debe valorarla como se valora el diamante. Avive el fuego en su vida y encontrará la mina de diamantes que tanto desea. La Vida Extraordinaria está en Dios con todo lo que él le ha dado pero debe comenzar a pedirla y a buscarla.

Fuente: En amor y liderazgo, Pedro Sifontes. Coach Personal
Especializado en Liderazgo y Desarrollo Personal

La chica de la funeraria

Mi padre era el dueño de la funeraria en nuestro pueblo. Por eso en nuestras conversaciones entre familia con frecuencia tocábamos el tema de la vida y de la muerte. El temor a la muerte me consumía. Algunas veces me imaginaba a mi misma acostada dentro de uno de los ataúdes de la funeraria de mi papá. Los dolientes llorando me rendían sus últimos respetos mientras pensaban si yo merecía o no entrar al cielo. Desde una temprana edad yo había entendido que había dos lugares posibles para pasar la eternidad después de la muerte, el cielo o el infierno, pero ¿quién podría estar seguro de un futuro eterno en el cielo? Me parecía que dependía de las buenas obras que la persona había hecho en su vida, o por lo menos si pensaban otros que sus hechos le abrirían la puerta al cielo.

Sufría mucho con estos pensamientos. Las imágenes que se formaban en mi mente solo confirmaban mis miedos. No quería dejar mi destino eterno a la suerte. La urgencia de estar segura me abrumaba. Sabía que la muerte podría ocurrirme en un momento a otro. ¿Cómo podría prepararme para llegar a esa hora final con seguridad y certeza de mi vida eterna en el cielo?

Aunque básicamente yo era una buena persona, sabía que muy a menudo hacía cosas malas. Siempre me preguntaba si mis mejores acciones eran suficientes para Dios… o si todo lo que hacía alcanzaba su criterio… ¿Si muero hoy, me permitiría entrar al cielo de acuerdo a mis buenas obras?

Como si subiera una escalera sin fin de buenas obras, yo esperaba en vano que cada paso, cada escalón de mi propio esfuerzo, me acercara a Dios y al cielo – para lograr que Dios me aceptara. Pero después del último peldaño seguía otro. Luego otro. Y otro. Nunca finalizaba la subida. Siempre me esforzaba. Nunca lograba ser suficientemente buena.
La duda me asaltaba. La inutilidad y la frustración me importunaban. Esperaba tener la seguridad de que Dios me aceptara y algún día tuviera una relación con El.

Un día mi hermano anunció, “Ahora yo sé que cuando me muera iré al cielo.” Yo dudé de su seguridad y en silencio me dije, “Tú eres mi hermano y yo te conozco. Tú eres bueno pero no TAN bueno.” Él gentilmente interrumpió mis pensamientos para explicarme que la manera de ir al cielo es tener una relación con Dios, no a través de la escalera de buenas obras. Me dijo que la Biblia, la Palabra de Dios, tenía la respuesta. Aprendí que mi pecado, o las cosas malas que había hecho, me separaban del justo y santo Dios. Ninguno de mis mejores esfuerzos podría satisfacer a Dios o permitirme entrar en su presencia. No podría satisfacerlo con mis buenas obras. Yo merecía la muerte, la eterna separación de Dios, como castigo por mis pecados.

Aprendí que Dios me ama. Él desea que yo tenga una relación con Él y que viva con El eternamente. Por eso El mandó a su hijo Jesús a morir en una cruz para tomar mi lugar y pagar la deuda que yo debía por mis pecados. ¡Pero la muerte no fue el fin! Él resucitó de los muertos al tercer día, proveyéndonos la entrada al cielo como dice la Biblia: “Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro.”

Jesús dijo, “Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie viene al Padre si no es por mí.” Entonces, dejé de creer en mis propios esfuerzos inútiles para ganar el favor de Dios y puse mi fe en la obra completada de Jesucristo en la cruz y su resurrección. Acepté que la salvación es “por gracia por medio de la fe, y esto no de nosotros, pues es don de Dios; no por obras para que nadie se gloríe.”

Al creer esto, mi escalera de buenas obras fue reemplazada por la cruz. A través de mi fe en Cristo encontré la respuesta al problema de la vida y de la muerte. Jesús me quitó el gran peso de la duda, como quitando un costal de ladrillos de mis hombros. Solo por su gracia, que es su favor no merecido, Dios me ha aceptado. Hoy tengo la seguridad que tanto anhelaba. Sé que el cielo me espera. Jesús me perdonó a mí, a la Chica de la Funeraria tan llena de dudas. Sólo en Él encontré la respuesta que buscaba.

¿Tienes miedo a morir? ¿Sigues esperando encontrar la seguridad de tu destino eterno? ¿Sigues esforzándote por subir la escalera de las buenas obras para llegar a Dios? Puedes dejar de hacerlo y aceptar la suficiente gracia de Dios. La Biblia dice, “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en El cree, no se pierda mas tenga vida eterna.” Dios desea darte vida eterna y llevarte a vivir con Él a su hogar.

Si aceptas que eres pecador y deseas tener la vida eterna, puedes orar a Dios esta sencilla oración:
Querido Dios, sé que mis pecados me separan de ti, de tu santidad y de tu estándar de justicia. Admito que no puedo hacer nada para conseguir tu perdón y la promesa de ir al cielo. Dejo de creer en mis propias obras y pongo toda mi fe en que Cristo murió en la cruz, fue sepultado y resucitó para perdonar mis pecados. Gracias por aceptarme y darme vida eterna.

Si a través de esta historia verdadera tú has aceptado el regalo de Dios de la vida eterna, porque no compartes con alguien más para que también pueda creer y recibir este gran regalo.

Fuente: storiesfromthevine.com

Confiar!

Confía en el Señor de todo corazón no en tu propia inteligencia. (Proverbios 3:5)

En lo personal me cuesta confiar, y más en alguien que no conocemos, y menos pensar de hacerlo de todo corazón. Cuando hacemos algo de todo corazón, significa hacerlo con amor, sin forzar nada. Esto parece ser un poco más complejo que solo confiar.

Es más, algo tan sencillo como confiar, se transforma a veces en una puerta a nuestra espalda que no queremos abrir. Y digo a nuestra espalda porque la mayor parte del tiempo a Dios lo ubicamos a nuestras espaldas, cuando El está un paso más adelante extendiendo su mano de amor.

Claro es más fácil confiar en nuestra propia inteligencia… “yo soy lo suficientemente inteligente, valiente, con el suficiente dinero, con las suficientes fuerzas… para solucionar este problema”…

NUESTRA PROPIA INTELIGENCIA: Somos muy inteligentes y eso lo tenemos que tener en claro. Lo que no debemos hacer es confiar en nuestra propia inteligencia. …Separados de mi no pueden ustedes hacer nada. (Juan 15:5b)

¿Confiamos en el Señor? ¿Lo hacemos de todo corazón?

¿Le conocemos lo suficiente para que haya esa fluida confianza?

por Samy para generacionplus.com

¿Césped más verde?

Un joven que acababa de graduarse de la Universidad, consiguió una posición laboral con muy buen sueldo. Trabajaba mucho, observaba a los demás y aprendía de ellos. Amaba a su esposa y su familia aumentaba. Pero muy pronto comenzó a quitarle tiempo a la familia para dedicárselo al trabajo. Era un joven brillante y ambicioso, ansiaba subir por la escalera de la corporación y llegar al éxito. En pocos años había logrado llegar a un puesto alto en la compañía.

De pronto, muchas personas empezaron a pedirle consejo profesional y favores, a este hombre tan exitoso. Los compañeros de trabajo lo adulaban, los clientes lo buscaban, y las amigas de la oficina coqueteaban con él. El joven, ansioso por complacer y abrumado por la repentina atención, no se daba cuenta de lo que le estaba pasando. Usó su poder sin sabiduría y cometió algunos errores financieros. Descuidó a su familia y dejó que en su corazón echaran raíces las semillas de la insatisfacción. Desde su perspectiva, en su jardín no crecía más que maleza.

En un momento de debilidad y juicio erróneo, el joven ejecutivo cayó. Cedió a la tentación, a perjuicio de su familia. Dejó su trabajo, y lo peor fue que perdió su integridad. Sus amigos quisieron ayudarlo a restaurarse, pero se alejó de ellos. Su familia estaba dispuesta a perdonarlo, pero el hombre no podía perdonarse a sí mismo. Murió unos años después, alcohólico y destituido.

El césped puede parecer más verde y las flores más hermosas en otros jardines, pero no hay mejor lugar que aquel en que fuimos plantados. Dios sabe exactamente lo que necesitamos. Él nos ha dado todos los ingredientes para disfrutar de una vida bien regalada y exitosa que lo honre a Él.

Job 4:8
Los que aran iniquidad y siembran injuria, lo siegan.

Fuente: En el Jardín con Dios, Editorial UNILIT

En busca del océano

“Usted Perdone”, le dijo un pez a otro, “es usted más viejo y con más experiencia que yo y probablemente podrá usted ayudarme. Dígame: ¿dónde puedo encontrar eso que llaman Océano? He estado buscándolo por todas partes, sin resultado”

“El Océano”, respondió el viejo pez, “es donde estás ahora mismo”

“¿Esto? Pero si esto no es más que agua… Lo que yo busco es el Océano”, replicó el joven pez, totalmente decepcionado, mientras se marchaba nadando a buscar en otra parte.

Quizás el Océano que tanto has buscado esté perdido en algún rincón de tu corazón, …quizás en algún lugar de este rincón.

Muchas veces tenemos lo que estamos buscando frente a nuestras narices y se nos “pasa de largo”. Esperamos que nos sorprenda con algo mágico, con luces de colores, algún truco o algo que nos deje boquiabiertos. Imaginemos lo felices que podríamos ser si pudiéramos maravillarnos con las pequeñas cosas de la vida, con aquellos milagros que hace Dios a diario. No te pierdas de lo importante, mira tu vida con perspectiva, agradece cada pequeña maravilla.

Que Dios bendiga tu vida!

La vida y las metas

En los años 70, tuve un momento crítico en mi caminar con Cristo. Todo comenzó con 2 Samuel 7, que me inspiró a imitar al rey David. Él pasaba tiempo a solas con Dios, ofreciendo alabanzas y acciones de gracias. También escuchaba cuando el Señor le mostraba la verdad y le daba una visión del futuro. Por lo que aprendió, David pudo establecerse metas y ajustarse a ellas.

Deseando esa clase de aislamiento espiritual, pasé varios días solo. La mayor parte del tiempo estaba en silencio, tratando de escuchar con atención la voz de Dios. Le pedí que me hablara en cuanto a mi futuro, y Él respondió. Utilizando un diario, escribí las metas que me dio. Lo que me comunicó influenció de tal manera mis decisiones y me bendijo tanto, que seguí con esta disciplina cada dos meses. Hablemos de cómo podemos establecer metas de esa manera.

Primero, venga ante el trono de Dios con un corazón arrepentido, con alabanza y con acción de gracias. Segundo, pídale dirección en cuanto a su vida espiritual, su trabajo y su familia. Estando en silencio, espere con paciencia y atención; mientras lee y medita en la Palabra de Dios, Él hablará. En la mayoría de los casos, su guía se experimenta como un toque o un sentimiento de convencimiento en el corazón. Cuando eso suceda, asegúrese de escribir lo que está “escuchando” para poder analizarlo después.

Para mantenernos en el camino que Dios quiere para nuestras vidas, debemos detenernos, preguntar, y prestar oídos a la orientación que el Espíritu Santo tiene para nosotros. Estas conversaciones con el Señor son vitales para tener una vida espiritual victoriosa.

Fuente: Pastor Charles Stanley, mensajesalentadores.blogspot.com

Dirigiendo el barco de tu vida

El mar estaba muy picado hacia varios días.

La visibilidad era muy precaria. El capitán del enorme acorazado recomendó a su tripulación permanecer alerta. - Por favor informe inmediatamente cualquier novedad. -ordenó con seguridad el capitán a su segundo-.

Tan pronto oscureció, uno de los marinos anunció: – Atención, una luz está brillando hacia el norte.

- ¿Se está moviendo o está quieta? -preguntó el capitan.

- ¡Se está moviendo! -respondió el segundo.

El capitán llamó al encargado de las señales y le dijo:

- Avísele a esa embarcación que si sigue en esa dirección está en grave riesgo de estrellarse contra nosotros. Aconséjele que vire 20 grados hacia el este.

Como no hubo respuesta y la luz seguía acercándose el capitán decidió encargarse personalmente de la situación.

- Atención, atención. Habla el capitán de este gran acorazado. Le advertimos una vez más, cambie de curso o nos estrellaremos contra ustedes. Háganlo ahora, insistió el capitán con firmeza.

Entonces una voz tranquila y segura le respondió: Aquí habla el marinero Pérez. Acorazado, cambie usted su rumbo 20 grados hacia el este.

Al oír esto el capitán, ya salido de casillas y casi gritando, dijo:

- Por última vez marinero. Este es un barco de guerra, vire inmediatamente 20 grados hacia el este.

Y la respuesta que recibió fue: Yo soy el encargado del faro y es usted el que debe cambiar de curso, si no lo hace tendrá un accidente fatal.

A veces queremos que los demás cambien y hasta los amenazamos con estrellarnos. No nos damos cuenta que es más fácil que nosotros cambiemos. Tú diriges tu barco, tienes el control y puedes ir a donde tú quieras pero ten cuidado de las señales que te presenta la vida. Como todo buen capitán, sé flexible en la forma de construir los caminos. Escucha lo que los demás tengan que decir. Te puedes evitar una colisión.

Fuente: Padrenuestro.net

Hay una fuente para el que clama

Como soldados del ejército de Cristo hemos luchado contra la injusticia, el dolor, contra las enfermedades, la escasez, y el desánimo. Nos enfrentamos a la soledad, las mentiras, la injusticia, las tentaciones y tantos otros enemigos. Nos hemos enfrentado en batallas frontales, donde el diablo nos desafió con arrogancia y fiereza, queriendo intimidarnos, como el gigante de los filisteos con David; y otros enfrentamientos en los que fuimos sorprendidos en nuestra buena fe, luchando con enemigos agazapados que saltaron sobre nosotros.

Algunas batallas nos hicieron tambalear en nuestra fe, otras tal vez nos han derribado a tierra, pero hoy podemos declarar que el diablo no ha logrado vencernos porque en cada enfrentamiento Jehová de los Ejércitos peleó por nosotros y se levantó como un poderoso gigante para defendernos y hacer huir al diablo.

Sin embargo hay que admitir que, tanta lucha, tantas batallas producen un lógico cansancio. Después de un tiempo de fuertes ataques, rechazados en el poder del Espíritu, la tensión afloja, se siente el cansancio, y los golpes y heridas comienzan a sentirse en todo el cuerpo. Y viene la sed, una intensa sed, como la que tuvo Sansón después de aquella hazaña, cunado mató a mil hombres con una quijada de asno.

Algo similar le ocurrió a Elías, después de la victoria contra los 450 sacerdotes de Baal y de haberlos matado uno por uno, fue amenazado por la reina Jezabel. Cansado y desalentado nos cuenta 1° Reyes que se fue por el desierto y sentándose debajo de un arbusto deseó morirse, y luego se encerró en una cueva. Estaba agotado.

El mismo Jesús sufrió esta experiencia natural en todos los hombres. En un largo trayecto entre Judea y Galilea, caminando a pleno sol por el desierto, Juan nos dice que Jesús, cansado del camino, se sentó junto al pozo, y le dijo a aquella mujer samaritana: “Dame de beber”.

Nosotros también tenemos sed de Dios. Esta sed se refleja en un desgaste que nos ha hecho perder el brillo y el fervor de otros días, en un cansancio que nos impide mantener el ritmo de marcha. La espada se desafila, la armadura muestra algunos agujeros, la visión se nubla y tenemos ganas de detenernos al costado del camino ¡Este es un terrible error!¡No podemos detenernos porque con el diablo no hay tregua!

El problema no es el cansancio, sino el detenernos. Si bajas la guardia, si te tomas unas semanas de licencia, si te descuidas y dejas vivo a ese enemigo que debes destruir, se volverá contra ti en el momento menos pensado. Por eso necesitamos de Dios, necesitamos sus fuerzas, necesitamos su renovación, necesitamos que nos vuelva a investir con el poder de lo alto, llenarnos de su Espíritu.

Tenemos que poder hacer lo que nos dice la Biblia de los valientes de Gedeón luego de una gran batalla. Nos cuenta que él y sus trescientos valientes pasaron el Jordan, “cansados, más todavía persiguiendo”. Porque el Espíritu de poder está con nosotros, digamos todos juntos: ¡Estamos cansados, más todavía persiguiendo!

Volvamos a Sansón: “Teniendo gran sed, clamó a Dios” y agrega, “entonces abrió Dios la cuenca que hay en Lehi; y salió de allí agua, y él bebió, y recobró su espíritu, y se reanimó. Por esto llamó el nombre de aquel lugar En-hacore, el cual está en Lehi” (Jueces 15:19) ¿Sabes que significa En-hacore? “La fuente del que clamó”. ¡Hay una fuente para cada uno que clama! ¡Dios siempre abrirá una cuenca, Dios siempre hará salir agua de la roca, Dios siempre abrirá un manantial para el sediento que clama!

Hoy hay un manantial abierto. Hay agua viva disponible para todos los que estén cansados y sedientos. Para quienes necesiten consuelo, fuerzas, aliento, fe y esperanza renovada ¡Vamos a beber de su agua!

Ese Cordero es quien nos propone: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” (Juan 7:37)

Que en este día Jesús ponga un manantial de agua pura y viva dentro de ti por medio del Espíritu Santo, que puedas saciarte del agua que fluya de tu mismo interior para que no tengas que correr a ningún otro lado más que a tu cuarto para encontrarte con las nuevas fuerzas y vida del Espíritu.

Pastor Roberto Vilaseca

He aquí que yo hago cosa nueva

Ayer ya es pasado, ¿Llorar por lo pasado, traerá resultados positivos?, no lo creo, y es que somos número uno para recordarnos del pasado y permitir que eso nos afecte para mal.

Tu mejor que nadie sabes que no te fue bien, que hubieras querido que las cosas fueran de otra manera, que nunca te imaginaste el resultado que daría todo lo que se veía venir, pero ya esta, se dio, sucedió, las cosas se dieron no como pensaste, pero ahora el panorama es otro.

Quizá en algún momento te preguntes: ¿Por qué Dios permitió?, pero yo te invito a que puedas hacerte otra pregunta: ¿Qué decisiones o acciones tuyas propiciaron esto?, y es que a veces pareciera que le queremos echar la culpa a Dios por lo que nosotros mismos hemos decidido, como que Dios tuviera la culpa de que me haya equivocado o que las cosas me hubieran salido totalmente contrarias a como hubiera querido.

Y es que Dios no tiene la culpa de tus decisiones, tu eres libre de decidir qué es lo que quieres hacer o no, y eso también implica que cada decisión que tomes traerá consecuencias; buenas, si son decisiones buenas; malas, si son decisiones malas, lo más recomendable es ir delante del Señor y pedirle guianza y esperar a que pueda responder. Lastimosamente la mayoría de veces tomamos nuestras propias decisiones basados en lo que creemos que es lo correcto, olvidándonos de consultar a Dios y esperar una respuesta de Él.

Algunos otros se enojan con Dios porque dicen que le consultaron, y es que hay una gran diferencia entre consultar a Dios y esperar a que El responda a la consulta. La mayoría quizá pueda consultarle al Señor sobre algo en especifico, pero son pocos los que esperan la respuesta de Dios para esa decisión y se dejan llevar por lo que creen que es lo mejor.

Por todo eso quizá últimamente te sientes un poco derrotado, como que al no salir las cosas como quisieras te has sentido defraudado y con un sentimiento de impotencia frente a todo, mas Dios en este día en especial a través de los versos que leímos al inicio te dice lo siguiente:

Primero, “No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas”, en pocas palabras, olvida de una vez por todas esos malos episodios, su voluntad no es que estés lamentándote todo el tiempo sobre “lo que hubiera sido”.

Segundo, “He aquí que yo hago cosa nueva…”, que difícil asimilar lo que Dios puede y quiere hacer, mas cuando nuestra mente esta nublada por recuerdos del pasado, por eso el Señor en primera lugar nos insta a olvidar lo pasado, y ahora nos promete que “hará cosa nueva”. Y es que así es el Señor, mi Dios es un Dios de nuevas oportunidades, que a pesara de nuestros constantes errores está dispuesto a hacer nuevamente algo precioso en nuestra vida.

Tercero, “Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad”, además de prometernos que hará algo nuevo, también nos recuerda su poder sobrenatural, en pocas palabras para El no hay nada imposible, lo que para nosotros puede ser algo que jamás podrá volver a ser, para Dios es de lo más fácil y lo puede volver a hacer y aun mejor que lo primero.

Hoy Dios quiere que olvides el pasado, te promete que hará algo nuevo y te confirma que su poder es un Poder Sobrenatural, frente a todo esto, ¿Por qué temer?, ¿Por qué dudar?, ¿Por qué desfallecer?, lo que Dios dice, lo cumple.

¡Vamos! es hora de levantarnos y comenzar a creer en lo que Dios puede hacer en nuestra vida, no limitemos el Poder de Dios, no pensemos que todo está perdido pues El hace de lo perdido algo nuevo . Sonríe, sécate las lagrimas, date cuenta que tu Dios es un Dios Poderosos, Omnipotente y Soberano.

La Palabra que Dios quiere que tu mente y corazón guarden en este día es:  He aquí que yo hago cosa nueva

Te entiendo, yo he estado allí…

La tristeza que te embarga hoy en día no es nada comparable a lo que anteriormente habías vivido o experimentado.

Una tras otra las preguntas fluyen en tu mente, un sentimiento indescriptible te hace suspirar mientras te preguntas, ¿Por qué?, “Te entiendo, he estado allí” dice el Señor.

A veces quisiéramos tener el poder de cambiar algunas cosas, de no permitir otras y de hacer lo que consideramos que se tendría que hacer, pero al darnos cuenta que nada de lo que hagamos puede cambiar lo que actualmente estas enfrentando, no nos debería quedar mas nada que someternos a su voluntad.

Mi tarea no es tratar de entender lo que está pasando en mi vida, porque posiblemente tardaría demasiado o simplemente no entendería el porqué de las cosas. Mi tarea es confiar en aquel que siempre me ha dado la salida en todo, por eso el te dice: “Te entiendo, Yo he estado allí”.

Duele mucho, piensas y no crees que puedas estar pasando por eso, pareciera que es un mal sueño, de esos que al despertar todo acaba y vuelve a la normalidad, pero es real y a pesar que te sientes mal y solo, no lo estas, y Él solo puede decirte: “Te entiendo, Yo he estado allí”.

Fuente: reflexionesydevocionales.blogspot.com