El que ríe último ríe mejor

A veces pensamos que todo lo malo que nos sucede nunca tendrá fin, que la aflicción durará para siempre, que los problemas son laberintos sin salida e incluso, tememos que esa enfermedad termine por matarnos…

HOY traigo buenas noticias para ti, son tan buenas noticias que volverá a dibujarse una sonrisa en tu rostro.

En el plan que Dios tiene para ti hay un final para la aflicción porque el plan de Dios es PERFECTO y Él ya tiene todo PREPARADO para la celebración de tu victoria.

“Sabemos que Dios va preparando todo para el bien de los que lo aman, es decir, de los que Él ha llamado de acuerdo con su plan” (Romanos 8:28 TLAD)

Así que la próxima vez que venga a tu mente cualquiera de estos pensamientos: - Esto no me puede suceder a mí… - Todo me está yendo mal… - ¿Por quéeeeeee, Dios, por quéeeeeeee? - Tierra trágame… Repetirás conmigo: “Él tiene un plan para mi bien… No me voy quejar, voy a alabarlo porque el que ríe al último, ríe mejor”.

“Así es, el Señor está de mi parte; Él me ayudará; miraré triunfante a los que me odian” (Salmos 118:7 NTV)

Las luchas solo te han hecho más fuerte, los fracasos te han enseñado cómo no volver a cometer el mismo error y las cicatrices que ahora ves son marcas de la victoria que viene a tu encuentro.

Siento tan fuerte a Dios diciéndonos: “Recogerás en viñas que no sembraste, heredarás aquello por lo que siempre oraste, abrazarás tus sueños porque el Dios que te lo ha prometido, NO MIENTE”.
Él dice “Cuando pases por aguas profundas, yo estaré contigo. Cuando pases por ríos de dificultad, no te ahogarás. Cuando pases por el fuego de la opresión, no te quemarás; las llamas no te consumirán” (Isaías 43:1-2)

Estás blindado, mi amigo, a prueba de fuego… Aún sin saber nadar, por más altas que se levanten las olas y traten de hundirte, si tu Dios tiene un plan ni el 007 ni nada ni nadie podrán pararlo. Dios mismo hoy le dice a tu enemigo: “… jamás tendrás éxito con tus planes contra él. Será tu ruina seguir oponiéndote a él” (Ester 6:13b NTV)

Así que, la próxima vez que despiertes y pongas tus pies en el suelo, tu enemigo va a comenzar a temblar y a creer que su pesadilla acaba de despertar pues por más que intente hacerte caer, hacerte pisar el palito… ¡No lo logrará! Podrá ponerse rojo de la envidia pero como Dios ya tiene un plan contigo… el que ríe al último, ríe mejor.

Recuerda que todo está dentro del plan de Dios. No te quejes, no frunzas el ceño pues aun las tormentas de la vida, para los hijos de Dios, traen lluvia de bendiciones.

Fuente: Wenddy Neciosup. www.wenddyneciosup.com

Educación para la libertad

La responsabilidad de los padres es formar bien a sus hijos. ¿Le interesa formar bien a sus hijos? Pues, ¡edúquelos para la libertad!

Ahora, ¿qué es eso de educación para la libertad? Yo le pregunto a usted, ¿le parece bien estar siempre encima de sus hijos, decidiendo por ellos, protejiéndolos, aún cuando tengan 30, 40 ó 50 años? ¿No le parece esto bastante incómodo y hasta absurdo?

Pues, existen muchos papás que en su subconsciente desean hacer esto y no es correcto. Los padres tienen que educar para la libertad. De esa manera, sus hijos algún día tendrán la capacidad de ser autónomos, de actuar de acuerdo con sus propios criterios y valores. Hay que educarlos para que sean ellos los que decidan qué hacer con su propia existencia; para que cada uno sea protagonista de su propia historia y sean capaces de decidir por sí mismos su propio futuro.

Para lograr esto, los papás tienen que inculcar a las criaturas desde pequeñitas una fe profunda en Dios, sobre todo, y también en sí mismos; ayudarlos a que crezcan con confianza en sus propias personas, cultivar en ellos los más grandes ideales e inyectarle los valores morales más adecuados. La tarea de los papás es sembrar, de la manera más inteligente y profunda posible, todos los ideales y valores positivos y buenos. Mientras más profundamente siembren esto en sus hijos, y se preocupen en cultivar adecuadamente con mucho amor, verán florecer en sus hijos una personalidad auténtica y fuerte.

Los papás deben comprender que esta tarea implicará, definitivamente, mucho tiempo de convivencia con sus niños. Pero que sea una convivencia agradable, amena, íntima, y que se desarrolle desde las primeras etapas de sus vidas. A medida que el niño pequeñito crezca y adquiera más madurez y personalidad, los papás deben acompañarlos en su desarrollo. Ahora, acompañar no es estar encima de ellos como un perro guardián, no es sobre protejerlos, ni impedirles que sean ellos mismos. Acompañar es caminar a su lado y, mientras más pequeño el niño, más necesita sentir la presencia de sus papás.

Luego, a medida que va creciendo, los papás deben separarse, alejarse poco a poco. No en el aspecto, diríamos, físico o de contacto, sino en el aspecto de permitir al muchacho y a la muchacha que sean ellos mismos. Ustedes, como papás, deben estar siempre a su lado, aconsejándoles, velando por ellos, pero no decidiendo por ellos ni opinando o imponiendo la última palabra de una manera tiránica, porque eso no conduce a nada bueno.

Cuando comprenda que sus hijos son más hijos de Dios y de la vida que suyos, desempeñará mejor su papel de padre o madre. Comprenda que su misión fue traer a sus hijos al mundo y formarlos bien, pero para la vida y para que ellos cumplan la misión que Dios les tiene reservada. Cuando usted comprenda que su tarea consiste en sembrar solamente y que después ellos cosecharán para otros, entenderá algo muy importante de lo que es ser papá o mamá.

Su misión es sagrada e importantísima; le ha sido encomendada por Dios, nuestro Señor. Implica mucha madurez y responsabilidad. Forme bien a sus criaturas, siembre en ellos todo lo bueno que pueda. Después, déjelos crecer y desarrollarse. ¡Que sean ellos mismos! Gánese su confianza para que ellos tengan el suficiente interés de acercarse a usted para comentar sus experiencias, compartir sus fracasos y éxitos, para pedirle los consejos que necesitan, para buscar apoyo y consuelo en los momentos difíciles. Pero no esté demasiado encima porque entonces hará de ellos unos títeres que no aprenderán a vivir como seres autónomos y responsables o simplemente se rebelarán y los perderá irremediablemente.

¿ Sabe usted que una de las preguntas claves que Dios le hará en el juicio final es qué hizo con sus hijos? Si usted comprende la enorme responsabilidad de formar a sus hijos para la libertad, alcanzará la gracia de Dios y también se ganará el cielo. Porque el cielo también se gana ayudando a Dios en la formación de sus hijos, de Sus hijos. ¿Que esto cuesta? ¡Por supuesto! Pero, pida ayuda al Señor. Con Él, usted puede vencer cualquier dificultad y superar todos los escollos que se presentan en su vida, sobre todo en la educación y formación de sus hijos. Pida a Dios que le ayude a comprender su misión en la vida y a entender mejor su papel de formador y educador de sus hijos. Con Su ayuda, usted puede ser mejor como persona y como padre o madre. Con Dios usted puede vencer cualquier dificultad u obstáculo, porque con Él, usted es . . . ¡INVENCIBLE!

Fuente: Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f. unmensajealcorazon.org

¡Dios hará maravillas con nosotros!

Una iglesia que busca conocer el rostro de Dios, que lo adora en una actitud de completa dependencia, y que se mantiene en pureza y santidad, será una iglesia que hará las maravillas que Dios ponga en sus manos.

Durante los días en que Moisés subió al monte de Dios para recibir los mandamientos se atrevió a pedirle que le mostrara su gloria, aún a riesgo de perder su vida. Fue más allá que ningún otro hombre por el hambre de conocer al Yo Soy. Y su ruego fue complacido por un Dios que anhelaba encontrar un corazón desesperado por conocerle en lo más íntimo.

Nos cuenta en Éxodo 34:5 que Jehová descendió en una nube y proclamando su nombre pasó toda su gloria delante de Moisés. Dios siempre quiso revelarse a los hombres aunque, tristemente, no siempre los hombres supieron reconocerlo, como ocurrió en los días de Jesús.

Hoy más que nunca Dios está reclamando que sus hijos vuelvan a subir a buscar su presencia, porque quiere darse a conocer y manifestar su gloria a través de ellos. ¿Por qué Dios insiste tanto? Porque sabe que es necesario conocerle mucho más, experimentar su amor, comprender su corazón, llenarnos de su visión, para cumplir con sus propósitos eternos. Será con un espíritu de amor y de gracia, de compasión y de misericordia que podremos llenar la tierra con el conocimiento de su gloria. Como declara Daniel 11:32: “El pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará”.

En el verso 8 nos dice que Moisés bajó su cabeza hacia el suelo y adoró. La adoración y el amor a Dios parten del conocimiento de su misma esencia, y no es otra cosa que responder a su gran misericordia. Por eso, al contemplar su gloria, Moisés bajó su cabeza, se postró reconociendo su miseria y adoró.

La iglesia de estos días tiene que estar humillada, reconociendo su majestad, y adorándole con expresiones de amor. Tomar más tiempo para la adoración personal y como iglesia. Reconocer que no podemos hacer nada sin él y que lo que más le interesa al Señor es que le amemos como él nos ama.

Un poco más adelante Dios muestra otro rasgo de su carácter: ” No te has de inclinar a ningún otro dios, pues Jehová, cuyo nombre es Celoso, Dios celoso es”.

Debemos levantar una iglesia consagrada, que se aparte, que rompa con lo mundano, que sea celosa de no poner la mirada ni la confianza en ningún otro que no sea Dios. Debemos pedir al Espíritu Santo que desate temor de Dios en medio de su pueblo, que se consagre, que arranque todo espíritu diabólico de vanagloria operando en medio nuestro.

Entonces Dios hace una promesa tremenda: Hará maravillas que nunca han sido hechas en toda la tierra, y agrega: “Porque será cosa tremenda la que yo haré contigo”. Cosas tremendas, es decir, imponentes, terribles, asombrosas, pasmosas, enormes, sobrenaturales, gigantescas ¡A través de nuestras vidas! Y manifiestas a quienes nos rodean.

Dios le dijo a Moisés: “Mira que hagas delante de Faraón todas las maravillas he puesto en tu mano” (Éx. 4:21) ¿Lo puedes ver? Dios ha puesto obras maravillosas en nuestras manos para que las llevemos adelante. Él abrirá puertas, oportunidades para glorificarse a través de nosotros y nos corresponde animarnos a avanzar por fe. Dice el sabio en Eclesiastés 9:10: “Todo lo que viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas” ¡Adelante!

¡Seamos una iglesia que hace las obras maravillosas de Dios!

Estoy convencido de que Dios ha abierto puertas para su Iglesia en estos días, puertas que ninguno podrá cerrar porque el Señor ha visto que, aunque tenemos poca fuerza, hemos guardado su palabra y no hemos negado su nombre.

Busquemos a Dios, su rostro y su poder, y avancemos con fe porque como declaró Josué: “Jehová hará mañana maravillas entre vosotros” (Josué 3:5)

Ptor. Roberto Vilaseca – Iglesia Cristiana Fuente de Vida 

El árbol confundido

Había una vez, algún lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un hermoso jardín, con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales, todos ellos felices y satisfechos.

Todo era alegría en el jardín, excepto por un árbol profundamente triste. El pobre tenía un problema: “No sabía quién era.”
Lo que le faltaba era concentración, le decía el manzano, si realmente lo intentas, podrás tener sabrosas manzanas. “¿Ves que fácil es?”
No lo escuches, exigía el rosal. Es más sencillo tener rosas y “¿Ves que bellas son?”

Y el árbol desesperado, intentaba todo lo que le sugerían, y como no lograba ser como los demás, se sentía cada vez más frustrado.
Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, exclamó:
- No te preocupes, tu problema no es tan grave, es el mismo de muchísimos seres sobre la tierra. Yo te daré la solución: “No dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas… Sé tu mismo, conócete, y para lograrlo, escucha tu voz interior.” Y dicho esto, el búho desapareció.
¿Mi voz interior…? ¿Ser yo mismo…? ¿Conocerme…? Se preguntaba el árbol desesperado, cuando de pronto, comprendió… Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y por fin pudo escuchar su voz interior diciéndole:
“Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble, y tu destino es crecer grande y majestuoso. Dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros, belleza al paisaje…
Tienes una misión “Cúmplela”.
Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado. Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos. Y sólo entonces el jardín fue completamente feliz.

Sólo nosotros podemos saber quiénes somos…

¿Cuántos serán robles que no se permiten a sí mismos crecer?

¿Cuántos serán rosales que por miedo al reto, sólo dan espinas?

¿Cuántos naranjos que no saben florecer?

En la vida, todos tenemos un destino que cumplir, un espacio que llenar…