El carnet de los cristianos

Una joven de la antigua Yugoslavia fue violada. Se propuso hacer lo imposible para romper la cadena de odio que destruía su país… “Al hijo que espero, decía, le enseñaré solamente a amar. Mi hijo, nacido de la violencia, será testigo de que la única grandeza que honra a la persona es la del perdón”.

Dios es amor y ama alocadamente a cada uno de los seres humanos. Quien no ha experimentado ese amor, no puede creerlo y tampoco puede amar. Quien lo ha descubierto como fuente de vida, no puede por menos de dedicar su vida al Amor. Y quien ama de veras a Dios es capaz de amar cordialmente a todos los hombres. Quien no ama a Dios, no pensará más que en sí mismo.

Amar a Dios no resta fuerza para dedicarse a los demás, porque cuanto “más amamos a Dios, más amaremos a nuestros semejantes. Y amando a nuestros semejantes es como se aprende a amar a Dios” (Charles de Foucauld). Ocurre, también, que quien ama a los otros, está más cerca del mismo Dios, pues “nunca están los seres humanos más cerca de Dios que cuando se emplean en salvar a sus semejantes” (Cicerón). El amor a Dios y al prójimo son dos caras de la misma moneda. “Los dos amores de Dios y del prójimo son dos partes de un todo, dos anillos de una misma cadena, dos actos procedentes de una misma virtud, pero inspirados por una única caridad” (San Gregorio Magno).

Amar a Dios debe llevar al compromiso con el hermano. ¡Con qué amor, con qué respeto, con qué alegría, con qué deseo de hacer el mayor bien posible! El amor lleva a la compasión y al compromiso.

El amor es el distintivo de los cristianos. No han de llevar otro carnet en el corazón. “El amor no se detiene en los defectos; trata de excusarlos, si no puede dejar de verlos; ruega para que desaparezcan, si no puede excusarlos; aparta de ellos sus ojos para pensar en las bellezas, en las cualidades del ser amado y en sus propios defectos por los que se humilla… Cuando uno ama, se encuentra tan pequeño, tan humilde ante lo que ama, se encuentra tan miserable y tan pobre y encuentra a lo que ama tan perfecto y tan bello… Si encontramos a nuestro prójimo defectuoso y a nosotros mismos buenos, lloremos sobre nosotros, porque estamos muy abajo, somos orgullosos y ciegos… Lloremos, lloremos sobre nosotros (Charles de Foucauld).

El amor debe ser universal: a todos, a los de cualquier raza y credo, a los amigos y enemigos. La razón fundamental por la que debemos amar está expresada en las palabras de Jesús: “Amad a vuestros enemigos… a fin de que podáis ser llamados hijos de vuestro Padre que está en los cielos” (Mt 5,44-48).

Estamos llamados a esta difícil tarea con el fin de realizar una relación única con Dios: por medio del amor esta potencialidad se actualiza. Debemos amar a nuestros enemigos, porque sólo amándolos podremos conocer a Dios y experimentar la belleza de su santidad…

No habrá solución permanente al problema racial hasta que los oprimidos no desarrollen la capacidad de amar a sus enemigos. Éstas fueron las ideas de Martín Luther King, quien con su vida trató de sembrar el amor y hacer desaparecer todas las barreras. “Si alguno de ustedes me sobrevive, sepa que no quiero un funeral solemne. Y si saben quién pronunciará mi oración fúnebre, díganle que sea breve, que no recuerde que recibí el Nobel de la Paz: eso no tiene importancia. Que el orador diga que Martín Luther King dio su vida por servir a los hombres. Que diga que intenté ser honrado, que trabajé por quitar el hambre a los que están necesitados. Que diga que fui un clarín de la justicia, un clarín por la paz, un clarín por las cosas que creía justas”.

Fuente: Padre Eusebio Gómez Navarro OCD. motivaciones.org

El ayuno que Dios quiere

El ayuno que Dios quiere es éste:

Que sueltes las cadenas injustas, que desates las correas del yugo, que dejes libres a los oprimidos,
que acabes con todas las opresiones, que compartas tu pan con el hambriento, que hospedes a los pobres sin techo, que proporciones ropas al desnudo y que no te desentiendas de tus semejantes.

Entonces brillará tu luz como la aurora y tus heridas sanarán en seguida, tu recto proceder caminará ante ti y te seguirá la gloria del Señor.

Entonces invocarás al Señor y él te responderá; pedirás auxilio y te dirá: “Aquí estoy”

Fuente: pastoralsj.org

Podés confiar en Dios

“Pero yo confío en tu gran amor; mi corazón se alegra en tu salvación.” Salmo 13:5

David no la estaba pasando bien. Había algo que le dolía en el alma. No sabemos a ciencia cierta exactamente cual era su problema, pero de algo podemos estar seguros. Ese tema lo angustiaba en sobremanera. Es una conducta habitual del ser humano dolerse por sus inconvenientes. Nos cuesta mucho poder entender lo que le pasa al otro, pero somos muy detallistas para identificar y comentar las cosas que nos duelen.

Tal vez hoy te sentís igual que David, defraudado por no haber obtenido lo que esperabas, fracasado por no haber alcanzado tu objetivo, triste por las falta que no se remedian, vacío por las ausencias que quedaron en tu vida, dolido por los que te fallaron, ansioso por las respuestas que aún no recibiste. Y todo eso te genera angustia y dolor en tu corazón.

Quien diga que nunca se sintió así, miente. Porque todos pasamos por una situación similar, y los sentimientos son bastante comunes. La consecuencia es que comenzamos a dudar del amor de Dios. Ya que nos planteamos que si Dios fuera tan bueno y nos quisiera tanto podría solucionar el problema que tanto nos afecta. David también tuvo este pensamiento. Cuestionó a Dios por la injusticia que estaba padeciendo y reclamo una respuesta al silencioso Dios que aparentemente solo lo miraba sin reaccionar.

Y en su peor momento de duda, puede escribir esta afirmación increíble. A pesar de toda su angustia, David confiaba en Dios. Más allá de sus dudas, de sus frustraciones, de sus temores, de sus zozobras, David podía confiar en la fidelidad de Dios y sostener que Dios había sido fiel, que su amor era grande, y su misericordia no menguaba.

Hoy David nos desafía a tener la misma actitud. Es fácil mirar los problemas propios y elevar una queja al cielo. Seguramente podrá ser justificada y hasta lógica. Pero no suma. Es un argumento falaz del diablo para que nos alejemos de Dios. David nos recomienda confiar en Dios, y para hacerlo hay que conocerlo.

Más allá de tus tristezas y problemas, el amor de Dios es incuestionable y permanente. Nada lo invalida. Revisá tus conceptos de la Persona de Dios para reafirmar su calidad eterna. Dios siempre es amor.

Fuente:  www.devocionalpc.com.ar

Camina en la plenitud del Espiritu

¡Sean llenos del Espíritu! nos manda el Señor ¿Por qué? Porque cuando su plenitud mora en nosotros podemos vivir una vida cristiana poderosa: Con el Espíritu obrando en nuestra vida disfrutamos una santificación progresiva, aprendemos grandes verdades espirituales, somos guiados para aplicar la Palabra, podemos adorar y amar a Dios con otra intensidad, orar con una autoridad mayor y usar los dones para nuestro provecho y para la iglesia.

Si es tan importante que mantengamos la plenitud del Espíritu la pregunta es ¿Cómo nos mantenemos llenos continuamente? Conozcamos cuatro principios simples pero poderosos que nos garantizará fluir en el poder del Espíritu:

En 1° Tesalonisenses 5:19 Pablo dice: “No apaguéis al Espíritu”. La figura del fuego es un símbolo del Espíritu Santo. Por consiguiente, apagar el Espíritu es ahogar o reprimir al Espíritu y no permitirle que cumpla su obra. Podemos decir, entonces, que es negarnos voluntariamente a que el Espíritu nos conduzca a su manera. El pecado original de Satanás fue la rebelión contra Dios y cuando un creyente dice “yo quiero” en lugar de decir como Cristo dijo en Getsemaní: “No se haga mi voluntad, sino la tuya”, entonces está apagando al Espíritu. Esto tiene una sola palabra: Rebelión.

Pero Jesús nos enseñó otro camino. Él no hizo su voluntad sino la del Padre, y dijo que un hombre no puede servir a dos señores. Al hablar de la rendición a la voluntad de Dios en la vida de un cristiano, Pablo escribió: “Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado… sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos” (Rom. 6:13) Cada cristiano tiene dos opciones: O rendirse a Dios,  o al pecado.

La experiencia de ser llenado con el Espíritu sólo puede ser llevada a cabo presentamos nuestro cuerpo en sacrificio vivo. La rendición es el hacer la voluntad final de Dios en nuestra vida y estar dispuesto a hacer cualquier cosa cuando sea, donde sea y como Dios quiera dirigirla. El hecho de que la exhortación “no apaguéis el Espíritu” está en tiempo presente indica que ésta debe ser una experiencia continua iniciada por el acto de la rendición.

Y esta actitud la debemos mantener aún en las circunstancias más adversas, donde no entendemos lo que Dios está haciendo, donde sólo vemos dolor e injusticia. Aún en la confusión del desierto mantente rendido completamente, porque Dios promete guiarnos como el pastor a sus ovejas en valles de sombra de muerte.

Un segundo secreto se encuentra en Efesios 4:30: “y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención”. Aquí se presume que el pecado ha entrado en la vida de un cristiano y como un hecho de su experiencia el Espíritu se angustia, se entristece y queda maniatado dentro de nosotros. Su libertad, su guía, y su poder menguan. El Espíritu Santo, aunque está morando, no está libre para cumplir su obra en nuestra vida.

Cuando tomamos conciencia del hecho de que hemos contristado al Espíritu Santo debemos arrepentirnos. El remedio está en dejar de afligirlo, y para ello debemos confesar nuestros pecados porque entonces, “Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1° Juan 1:9). Arrepintámonos, confesemos nuestros pecados, volvamos a Dios y el Espíritu volverá a estar cómodo y feliz en nuestras vidas. Él habita con el contrito y humillado de corazón ¡Aleluya!

Un tercero principio, como una instrucción más positiva, la encontramos en Gálatas 5:16: “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne”. Caminar en el Espíritu es un mandamiento para apropiarse del poder y la bendición que es provista por el Espíritu que mora en nosotros. Andar es caminar continuamente con él, por lo cual es un acto de fe ¿Qué es entonces andar en el Espíritu? Romanos 8:5 dice que es pensar en las cosas del Espíritu, ocuparse del Espíritu y ser guiado por su persona, haciendo morir progresivamente los apetitos de nuestra naturaleza, de la carne.

Cuando uno decide aceptar la dirección del Espíritu, más obedecemos la voluntad de Dios. Ser guiado, no es solamente conocer los mandamientos de la Escritura y obedecerlos, sino también obedecer los impulsos del Espíritu a lo largo del día. Los mandamientos donde se nos ordena amar como Cristo ama y donde se ordena que cada pensamiento sea traído a la obediencia en Cristo son imposibles aparte del poder del Espíritu.

Un cuarto principio está en Judas 20, donde nos invita a “orar en el Espíritu Santo”. Es decir, permitir que el Espíritu tome nuestra lengua y oremos inspirados por él, conforme a su carga. Pero también significa orar en lenguas para nuestra propia edificación y para ser un instrumento en sus manos.

Vamos a vaciarnos cada día de nosotros mismos y pedirle al Espíritu que llene todos los rincones de nuestra vida. Aprendamos a tener comunión con él, a conocer su voz, a ser sensibles para obedecerle aún en las pequeñas cosas, porque sólo la continua dependencia en el Espíritu de Dios puede traernos victoria.

Vive continuamente lleno del Espíritu y experimentarás un avivamiento constante.

Fuente: Pastor Roberto Vilaseca. Iglesia Cristiana Fuente de Vida

Dar para recibir

Hubo una vez un limosnero que estaba tendido al borde del camino cuando vio a lo lejos venir al rey con su corona, su capa y sus seguidores.

En eso pensó: “Le voy a pedir, porque los reyes son generosos y de seguro me dará siquiera lo necesario para vivir el día de hoy”. Y cuando el rey pasó cerca, le dijo: “Su majestad, ¿me podría por favor regalar una moneda?” Aunque en su interior pensaba que el rey le iba a dar mucho más.

Pero con gran sorpresa suya el rey le miró y le dijo: “¿Por qué no me das algo tú? ¿Acaso no soy yo tu rey?” El mendigo no sabía que responder a la pregunta y dijo: “Pero su majestad, ¡yo no tengo nada, soy pobre!”. El rey respondió: “Algo debes de tener. ¡Busca!”.

En su asombro, el mendigo buscó entre las cosas de su pobre morral, y se dio cuenta que solo tenía 5 granos de arroz para comer ese día. Pero se los dio complacido al rey, imaginándose que sus familiares nunca le creerían cuando les dijera que él había socorrido nada menos que al rey.

Complacido el rey dijo: “¡¿Ves como sí tenías?!” Y le dio 5 monedas de oro, una por cada grano de arroz.

El mendigo dijo entonces: “Su majestad, creo que acá tengo otras cosas”, pero el rey le dijo: “Solamente de lo que me has dado de corazón, te puedo yo dar”.

Es fácil en esta historia reconocer como el rey representa a Dios, y el mendigo a nosotros. Notemos que el mendigo aún en su pobreza intenta socorrer al rey cuando éste se lo pide.

Ocasionalmente, Dios nos pide que le demos algo para así demostrarle cariñosamente que somos sus hijos y él es el Padre bueno. Unas veces nos pide ser humildes, otras ser sinceros o no ser mentirosos. Nos negamos a darle a Dios lo que nos pide, pues creemos que no recibiremos nada a cambio, sin pensar en que Dios devuelve el ciento por uno.

No sé qué te pida Dios en este momento. No lo sé. Solamente sé, que por lo que le des, te devolverá mucho más, y recuerda no darle solamente unos pocos granos, dale todo lo que tengas, pues sinceramente, VALE LA PENA.

Autor desconocido

Careta de santidad

Después de que Dios terminó de explicarle a Moisés cómo debían ofrecerse las ofrendas ( Lev 6:8 al 7:38), y después que Aarón y sus hijos fueran consagrados a Dios como sacerdotes y ofrecieran sus primeros sacrificios delante de Él (capítulo 9) sucedió algo inesperado. Algo que no debería haber sucedido nunca.

¿Qué hicieron Nadab y Abiú delante de Dios? (10:1). Nadab y Abiú eran sacerdotes de Dios ¡pero solo en apariencia! Ellos tenían todo el aspecto exterior de sacerdotes. Cualquiera que los miraba podía identificarlos fácilmente: Pertenecían a la familia de los sacerdotes; Habían sido escogidos y ungidos como sacerdotes; Vestían las túnicas blancas sacerdotales, símbolo de pureza y santidad; Habían puesto sus manos sobre la cabeza del animal del sacrificio identificándose con él; Ofrecieron ofrendas delante de Dios en el Tabernáculo.

¡Eran privilegiados entre todo el pueblo al poder servir a Dios! Podían hacer lo que millares del pueblo jamás llegarían a hacer. Ocupaban un lugar de honor y privilegio ¿quién podía dudar de ellos?

Pero el corazón de Nadab y Abiú no era santo. Ellos tenían toda la apariencia de la santidad pero no lo eran en absoluto.

Dentro del Tabernáculo de Dios ofrecieron un fuego extraño. Le ofrecieron a Dios un tipo de ofrenda que Él nunca les había mandado ofrecer. Probablemente, ambos estaban pasados de alcohol y quisieron “jugar a ser sacerdotes”. ¡Pobres tipos! No tuvieron en cuenta que Dios no juega con las cosas santas.

El final ya lo conoces. Piénsalo. ¿Cómo estás viviendo? ¿Con apariencia de cristiano dentro de la iglesia o como un adolescente y joven auténticamente comprometido con Jesús aún fuera de las “blancas paredes“?

¿O tu ofrenda es un “fuego extraño” de desobediencia, de quejas y enojos, de pecados ocultos, de mezclar lo santo con el mundo, de apariencias?¿Estás ofreciendo delante de Dios las ofrendas que Él desea recibir: gratitud, confesión sincera de pecados, alabanza y adoración, sujeción a tus autoridades, oración, fe en su Palabra?

¿Valoras el privilegio que tienes de ser un hijo de Dios y un sacerdote delante de Él? ¿Valoras el privilegio de poder servirlo? ¿Lo sirves con un corazón limpio y agradecido? ¿Renunciarías a tus “apariencias” para comprometerte totalmente con Él?

Extracto del libro: “Desafíos Para Jóvenes y Adolescentes: Éxodo/Levítico”. Por Edgardo Tosoni

El propósito de Dios

Había una vez un campesino chino, pobre pero sabio, que trabajaba la tierra duramente con su hijo. Un dia el hijo le dijo: Padre, que desgracia! Se nos ha ido el caballo. ¿Por que le llamas desgracia? respondio el padre, veremos lo que trae el tiempo…

A los pocos días el caballo regreso, acompañado de otro caballo. ¡Padre, que suerte! exclamo esta vez el muchacho. Nuestro caballo ha traido otro caballo. -¿Por que le llamas suerte? – repuso el padre – Veamos que nos trae el tiempo.

En unos cuantos días mas, el muchacho quiso montar el caballo nuevo, y este, no acostumbrado al jinete, se encabrito y lo arrojo al suelo. El muchacho se quebro una pierna. -Padre, que desgracia! – exclamo ahora el muchacho -. Me he quebrado la pierna! Y el padre, retomando su experiencia y sabiduria, sentencio: -Por que le llamas desgracia? Veamos lo que trae el tiempo!

El joven comprendió entonces que nunca hay que dar ni la desgracia ni la fortuna como absolutas, sino que siempre hay que darle tiempo al tiempo, para ver si algo es malo o bueno.El muchacho no se convencia de la filosofia del padre, sino que gimoteaba en su cama. Pocos dias despues pasaron por la aldea los enviados del rey, buscando jovenes para llevarselos a la guerra. Vinieron a la casa del anciano, pero como vieron al joven con su pierna entablillada, lo dejaron y siguieron de largo.

Lo mejor es esperar, pero sobre todo confiar en DIOS, porque todo sucede con un propósito positivo para nuestras vidas de acuerdo a su plan infinito….. Gloria a Dios!!!

Fuente: ungidos.com

Lo que Dios cree de ti

Es indispensable que tengamos una idea clara de quién es nuestro Dios. Tú tienes que saber que Dios no es aburrido; Juan decía que Dios es amor, eso quiere decir que todo lo hace por amor, y si te dice que no hagas algo, es porque te ama. Pecar es algo tonto, porque si El no quiere que vayas por ese lado, es porque quiere lo mejor para ti.

Un niño llegó a su colegio y vio que había un rótulo donde decía que llegaría un circo. El niño llegó tan contento a su casa pidiéndoles a sus padres insistentemente que lo llevaran. Al llegar el día, se levantó muy temprano y fue a levantar a sus padres. Ellos le dieron una moneda y salió corriendo al lugar. En ese tiempo, el circo hacía primero una presentación, para luego llevarlos al show principal.

El niño llega a primera fila y se emociona al ver todos los animales y malabaristas. Se emocionó tanto que se le olvidó que en ese momento sólo era un desfile y que todavía no era el show.Al ver un payaso, le dio la moneda, y se regresó a su casa. Este niño pensó que ahí era el circo, se conformó con lo que había visto; se perdió el verdadero show.

Así hay muchos cristianos que se pierden el verdadero show que Cristo tiene para sus vidas. Porque piensan que es sólo de ir a la iglesia y de portarse bien.

Dios quiere que lo disfrutes, pero para eso, tienes que saber que tienes un Dios amoroso. ¿Se parece tu Dios a Jesús? El dijo: “El que me conoce a mí conoce a mi Padre”. 

Cuando Dios te observa, ¿qué piensa, qué siente al verte? Hoy quiero que sepas lo que Dios piensa de ti.

Primero: Eres alguien que Dios ama. 

Juan 3:16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Este es el milagro más grande que se hizo en este mundo por ti. Porque de tal manera Dios te amó a ti, que dio a su hijo para que fueras salvo. Piensa que Dios te ama, eres alguien por quien Cristo murió en la cruz del calvario de manera especial. Decídete a vivir como alguien amado por el ser más maravilloso e importante del Universo.

Segundo: Tú fuiste comprado.

El pecado original es de nacimiento. En consecuencia, éramos pecadores desde que venimos al mundo; es por eso que Dios mandó a Jesucristo para salvarnos. Satanás decía que tú y yo éramos de su propiedad, pero Dios reclamó a sus hijos, y pagó con la sangre de Cristo. Dios cuida de ti, porque te compró a un precio muy alto. Eres propiedad de Dios, El nos compró, por eso debemos comportarnos como personas valiosas.

Tercero: Somos hijos de Dios.

Pablo hacía énfasis en el gran amor de Dios. Pero muchos cuando pensamos en la imagen de un padre, lo que viene a nosotros es la de nuestro padre terrenal, en cómo él ha sido, pero tu Padre del cielo no es como el de la tierra, porque el ser humano es pecador.

Dios está más interesado en bendecirnos que nosotros mismos, porque tienes un padre bueno y amoroso. Tú tienes que decirle al diablo que se cuide, porque tienes un padre poderoso. Nosotros somos hijos del Dios viviente, vamos a vivir como hijos de Dios, a representarlo muy bien.

Cuarto: Dios te escogió.

El mira tus sueños, tus proyectos. Efesios 1:4 Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él.

El te quiere para alabanza de su gloria. Cuando te concibieron tus padres, tú fuiste,  ganaste esa carrera, esa fecundación del óvulo. Entre muchos, tú fuiste el vencedor. Tal vez tus padres no te planearon, decían que eras un error, un descuido, una confusión, pero si tú estás aquí ahora, es porque Dios te planeó. Dios no comete errores, tú no fuiste un error, eres alguien que Dios ama, que ha sido comprado por un precio alto, fuiste escogido para una misión muy grande.

Yo soy siervo del Señor desde que tengo 16 años. El me escogió por misericordia, y como me escogió a mí, te ha escogido a ti, porque tú eres un representante de tu Padre Celestial. Mira tu mano, tiene huellas digitales, nadie tiene ni tendrá las mismas. Eso es maravilloso, porque eres único, especial, porque puedes dejar una marca que nadie más puede, representar a Dios como nadie más lo puede lograr.

Debes estar consciente que has sido escogido para la misión más espectacular de la tierra. Que has sido llamado para hacer una diferencia; estás aquí con un propósito, debes tener una visión sublime, vas a dejar una marca que nadie más pueda dejar.

Dios te ama, y te ha comprado, eres su hijo y te ha escogido para dejar una marca.

¿Qué expectativas tienes de lo que Dios va hacer contigo? Porque tu fe condiciona la obra de Dios en tu vida.

Salmo 34: 8 Gustad, y ved que es bueno Jehov á. Dichoso el hombre que confía en él.


Fuente: Lucas Leys.-  www. avanzapormas.com

¿Ha expirado su expectativa?

Limitar nuestras vidas a las experiencias pasadas es engañamos a nosotros mismos y no desarrollar nuestro potencial aumentando nuestras posibilidades de éxito.

Mi amigo Joe Sawyer cuenta una tierna historia acerca de un muchachito que un día estaba pescando. Un anciano que pescaba cerca se dio cuenta que el niño estaba teniendo bastante éxito en su trabajo. Lo más llamativo no
era la cantidad de pescados sino lo que hacía una vez que los traía con éxito a la tierra. El muchacho tomaba cada pescado en su mano y lo medía. Si el pescado era más largo que su mano, lo tiraba de nuevo al agua. Sólo se quedaba con los pequeños.

Finalmente la curiosidad motivó que el anciano fuera hasta donde estaba el muchacho y le preguntara: “Hijo, ¿por qué te quedas con los pequeños peces y tiras los grandes al agua?” El jovencito contestó: “No puedo quedarme con los grandes, ‘¡tengo una fuente que mide solamente veinte centímetros!”. Me temo que hay muchas personas que se achican porque se limitan a una fuente de veinte centímetros. ¡No piensa en más grande, no ven más, no actúan para más, no esperan más! En lugar de expandir sus horizontes aumentando sus expectativas, reducen su potencial achicando sus esperanzas.

Demasiadas personas fracasan en darse cuenta que sus expectativas limitan la altura de sus futuras posibilidades. Es imposible lograr el éxito si no lo esperamos.

Muchas personas no reciben milagros en sus vidas porque sus “expectómetros” han expirado. Una vez tuvieron sueños; ahora tienen dudas. El futuro se veía brillante; ahora se ve borroso. Los mejores días por venir se han nublado por los amargos días del pasado. Están en problemas. Si esto le ha sucedido a usted, revitalice su “expectómetro” adoptando los siguientes principios:

1. Su vida debe estar influenciada por sus expectativas, no por su experiencia

Las vidas de las personas con frecuencia están guiadas por alguna experiencia dramática del pasado. Trágicamente, no han ganado ningún territorio nuevo porque son prisioneros de problemas pasados. Con frecuencia comentan, “Lo intenté aquella vez y fracasé”, o “No puedes enseñar a un viejo perro, nuevos trucos” o “Siempre se hizo así”. Estos individuos han cometido un terrible error al creer que las cosas nunca cambian y que la experiencia es el mejor maestro: da la prueba primero y la lección después. .
Limitar nuestras vidas a las experiencias pasadas es engañamos a nosotros mismos y no desarrollar nuestro potencial aumentando nuestras posibilidades de éxito. Mark Twain dijo: “Si un gato se sienta en una pava caliente, nunca más se sentará en una pava caliente. Por supuesto, tampoco se sentará en ninguna que esté fría”. Olvide sus fallas pasadas y comience a extender sus expectativas para mañana.

2. Su vida debe ser influenciada por sus expectativas, no por los ejemplos ajenos.

Todos tenemos a alguien a quien admiramos. Por momentos es una tentación el tratar de imitarlos. Por eso, siento que es importante para nuestro país producir héroes que vivan por los principios cristianos. Se ha preguntado últimamente: ¿Dónde se han ido todos los héroes buenos?” El peligro de modelar nuestra vida imitando otras es que con demasiada frecuencia olvidamos que ellos son humanos. Sus pies están hechos de arcilla, y son susceptibles de fracasos tal como nosotros.

Sus valles posiblemente podrían transformarse en los suyos. Sus caídas podrían limitar el ascenso suyo a la cima de la montaña.

3. Su vida debe ser influenciada por sus expectativas, no por su optimismo

Los estados de ánimo de las personas varían en gran proporción. Por momentos durante un estado de gozo y felicidad, hay decisiones que se hacen que no son del mejor interés de la persona. Las decisiones deberían ser hechas en base a la evidencia y sonar razonables, no durante momentos de marea emocional alta. Sus emociones son creadas por demasiados factores inestables en su vida. El mundo es dirigido por personas que no “lo sienten así”. No hay otra área en su vida que revele más su disciplina que su habilidad para conquistar sus estados de ánimo y descansar fuertemente sobre sus expectativas.

Tómese un momento para inspeccionar su expectómetro. Sus expectativas no deben estar basadas en lo que usted es hoy, sino en lo que espera llegar a ser algún día. Su expectómetro debe ser energizado, porque es la llave que abre la puerta de muchos milagros. La Palabra nos enseña que “no tenemos porque no pedimos” (Santiago 4:2). La mayoría del tiempo usted no pide porque no tiene expectativas. Sus peticiones aumentarán en coraje a la medida de que sus expectativas aumenten. En otras palabras, energice su expectómetro y espere ganar.

Por John Maxwell

La almohada y la frazada

Hace mucho tiempo, una niña de una familia adinerada se preparaba para ir a la cama. Decía sus oraciones cuando oyó un sollozo a través de su ventana. Un poco asustada, se asomó por su ventana. Otra niña, quien parecía de su misma edad y desposeída estaba parada en el callejón junto a la casa de la niña rica.

Su corazón se identificó con la niña desposeída, ya que estaban en lo más frío del invierno, y la niña no tenía frazada, tan sólo viejos periódicos que alguien había tirado. A la niña rica se le ocurrió una brillante idea. Llamó a la otra niña y le dijo: “Hey, tú, por favor acércate a mi puerta”. La niña desposeída estaba tan asombrada que solo pudo asentir.

Tan rápido como se lo permitieron sus piernas, la niñita bajó las escaleras hasta el closet de su madre y tomó una vieja frazada y una gastada almohada. Tuvo que caminar lentamente a la puerta del frente para no tropezar con la frazada que colgaba, pero finalmente lo logró.

Dejando caer ambos artículos, abrió la puerta. Parada allí estaba la niña desposeída, visiblemente atemorizada. La niña rica sonrió cálidamente y le entregó ambos artículos a la otra niña. Su sonrisa se ensanchó al observar la genuina sorpresa y felicidad en el rostro de la otra niña. Ella se fue a la cama increíblemente satisfecha.

A media mañana del día siguiente alguien tocó a la puerta. La niña rica voló a la puerta esperando ver a la otra niña allí. Abrió la gran puerta y miró fuera. Era la otra niñita. Su rostro se veía feliz y sonrió. “Supongo que no querrás estos de vuelta”.

La niña rica abrió su boca para decir que podía quedárselos cuando se le ocurrió otra idea. “No, sí los quiero de vuelta”. El rostro de la niña desposeída se entristeció. Esta obviamente no era la respuesta que había anticipado. A desgano, dejó los gastados artículos en el umbral y se volteó para irse cuando la niña rica le gritó: “¡Espera! Quédate allí”.

Se volteó a tiempo para ver a la niña rica corriendo escaleras arriba y por un largo corredor. Decidiendo que sin importar lo que la niña rica hiciese, no valía la pena esperar, se volteó y se alejó. Al dar el primer paso, sintió que alguien le tocó el hombro. Al voltearse vio a la niña rica, tirándole una nueva frazada y almohada. “Ten éstas”, dijo suavemente. Estas eran las suyas, hechas de seda y plumas.

Al crecer las dos, no se vieron mucho, pero nunca estuvieron muy lejos la una de la otra en sus mentes. Un día, la niña rica que ahora era una mujer rica, recibió una llamada telefónica de alguien. Un abogado que decía que necesitaba verla en su oficina.

Cuando llegó a la oficina, le dijo lo que había pasado. Hace cuarenta años, cuando ella tenía nueve años, había ayudado a una niña necesitada que creció para convertirse en una mujer de clase media con esposo y dos hijos. Ella había muerto recientemente y le había dejado algo en su testamento. “Aunque”, dijo el abogado, “es la cosa más peculiar. Le dejó una almohada y una frazada”.

Hay cosas en la vida que quizás no tengan mucho precio para algunos, pero para otros pueden ser de mucho significado, especialmente cosas que con amor y comprensión y mucho corazón alguién compartió. Hay mucho que podemos hacer y que podría impactar la vida de otros. Hoy puede ser ese día en que podrías impactar la vida de otro con un gesto, un presente o solo una sonrisa pero con mucho corazón.

“En verdad os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos hermanos míos, aun a los más pequeños, a mí lo hicisteis.” Mateo 25:40