El fumador de la Biblia
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Juan 3:16.
El versículo resume en pocas líneas una importante verdad bíblica, que alguien llamó «el corazón de la Biblia». Innumerables personas que leyeron u oyeron estas impresionantes palabras fueron llevadas a reflexionar. Y no sólo esto: dicho versículo dio a muchos el impulso necesario para obtener una fe viva en el Señor Jesucristo.

Esto ocurrió, por ejemplo, con un africano que no tenía interés en la Palabra de Dios. Cuando un creyente propuso venderle un Nuevo Testamento, él lo rechazó; y cuando quiso regalárselo, él contestó: –Si usted me da ese libro, utilizaré sus páginas para enrollarlas y hacer cigarrillos. Con sorpresa oyó esta propuesta: –Entonces prométame por lo menos leer las páginas antes de fumarlas. El hombre estuvo de acuerdo, tomó la Biblia y desapareció.
Años más tarde este africano contó en un congreso: –Fume a Mateo, luego a Marcos y después a Lucas. Pero cuando llegué al capítulo 3 de Juan, no pude seguir fumando y mi vida cambió por completo. La buena nueva del versículo 16 lo había conmovido… y luego, él mismo predicó la buena nueva del amor de Dios y de la salvación por Jesucristo. El antiguo fumador de Biblia fue uno de los numerosos seres humanos que hallaron a Dios por medio de este versículo.
Muchas veces leemos páginas y páginas de la Biblia olvidando reflexionar en sus palabras, su sentido. Nos permitimos hacer nuestra voluntad, jugar con Dios y desobedecerlo. Hasta que leemos este versículo y plantamos nuestros pies en la tierra. Nuestro Dios no es un ente inalcanzable! No, es un Padre que nos ama con todo su corazón, con amor perfecto. Y no solo eso, sino que sacrificó a su único Hijo para que todos nosotros lleguemos a su presencia y seamos salvos de una inmortalidad en el infierno.
Que este año que comienza podamos vivirlo así, recordando cada día cuán inmeso es el amor de Dios, y qué tan interesado está en nuestras vidas. Que no “tiremos” nuestro precioso tiempo, sino que busquemos su propósito y sus planes.