El valor de la disciplina


Por casualidad fui testigo de una interesante conversación entre dos adolescentes. Una le relataba a la otra que su tía la habia contratado para que le ayudara con el cuidado de sus hijos por un tiempo. La joven expresaba sentirse bastante molesta porque el niño mayor, de 4 años, era muy malcriado. Por cualquier cosa hacía berrinches, gritaba, y en ocasiones no obedecía ni a ella como cuidadora, ni a su madre.

-Lo que le falta a ese niño es que le den unos “buenos azotes”; se comporta así porque nunca le han pegado -era la conclusión de la jovencita que contaba el relato.

-¿Le has preguntado a tu tía por qué no le pega? -intervino la otra joven.

-Si, ella dice que le da miedo que la demanden por agresora.

-Pero ¿Quién se va a dar cuenta de lo que pasa dentro de la casa…? -respondió la otra joven.

Lo cierto es que a menudo reproducimos los mismos patrones de disciplina que nos tocó vivir siendo pequeños y, difícilmente, hacemos un alto para analizar si lo que ahora estamos empleando es la forma correcta de disciplinar en nuestro tiempos.

¿Alguna vez te has preguntado cuál es el objetivo final de la disciplina de los niños y niñas? Suponer que se trata solamente de corregir la conducta en la niñez o establecer mecanismos para que las personas menores de edad se conduzcan u obedezcan ciegamente las reglas estipuladas, implicaría abordar el tema de una forma muy limitada.

La disciplina es la oportunidad para hacer partícipes a los menores de su propio desarrollo y para que aprendan a interactuar en la sociedad de la que son parte. Es también la forma de proveerles las herramientas necesarias para que sepan valorarse a si mismos y a las personas que los rodean. La disciplina permite que los menores puedan crecer con seguridad hacia la madurez y cultivar autodominio y autoexpresión, autovaloración y obediencia.-

Y ustedes, padres, no hagan enojar a sus hijos, sino críenlos según la disciplina e instrucción del Señor. Efesios 6.4

 Existe un estilo de disciplina a la que algunos llaman:disciplina asertiva, este pretende observar a Dios como modelo de un padre tierno y compasivo. Refuerza la disciplina como un valor constante para el bien del niño o la niña, pero acompaña esta actitud con misericordia y gracia. Apoya y valora a las personas menores de edad tanto en lo moral, como en lo personal, lo emocional y lo espiritual. Definitivamente, esta e la clase de disciplina que como cristianos y cristianas estamos llamados a seguir y aplicar.

La instrucción y la disciplina no son una invención de la psicología moderna; son parte del propósito de Dios. Podemos verlo claramente en las escrituras:

Corrige a tu hijo mientras aún hay esperanza; no te hagas cómplice de su muerte (Proverbios 19.18);

Instruye al niño en el camino correcto, y aun en su vejez no lo abandonará (Proverbios 22.6);

Disciplina a tu hijo, y te traerá tranquilidad; te traerá muchas satisfacciones (Proverbios 29.17);

Hijos, obedezcan en el Señor  a sus padres, porque esto es justo. ´Honra a tu padre y a tu madre -que es el primer mandamiento con promesa- para que te vaya bien y disfrutes de una larga vida en la tierra´ (Efesios 6.1-3);

Y ustedes, padres, no hagan enojar a sus hijos, sino críenlos según la disciplina e instrucción del Señor (Efesios 6.4).

La disciplina cristiana, aplicada a la niñez considera todos aquellos valores fundamentales que permiten un desarrollo integral sano y equilibrado. Los niños son personas en proceso de crecimiento, lo cual implica que están descubriendo su entorno particular. Es en esta etapa cuando más necesitan una disciplina correcta que les permita reconocer sus límites y les aporte seguridad.

Del Libro “Entre los límites y los derechos: Disciplina de la niñez”, Alexander Cabezas Mora

Comentarios


Una Comentario a “El valor de la disciplina”

  • JULIETA.

    HAY NIÑOS QUE NECESITAN -COMO LO INDICA DIOS EN SU PALABRA- SER DISCIPLINADOS CON VARA, PORQUE NO ENTIENDEN NI APRENDEN DE OTRA MANERA. LO DIGO CON EXPERIENCIA. “ESCUDRIÑAD LAS ESCRITURAS”. La sicología moderna indica “ni siquiera tocar al niño”. SI DESPUÉS DE ENSEÑARLE CON AMOR, PACIENCIA Y CONVERSACIÓN, Y SIGUE INCURRIENDO EN SU CONDUCTA REBELDE, ENTONCES ES NECESARIO QUE CON AMOR, PACIENCIA Y LA VARA DE LA CORRECCIÓN SEA REDIRECCIONADO. DIOS TE BENDIGA.

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