La Iglesia necesita vasijas llenas


¿Está tu vasija llena de aceite? ¿Está tu vida rebalsando del Espíritu? Es una promesa del Señor, y una necesidad vital para vivir una vida rebosante de gozo, de paz, y de abundancia. Pero además, necesitamos del aceite del Espíritu para consagrarnos como sacerdotes, así como fueron ungidos Aarón y sus hijos. Aceite para sanarnos, aceite para alimentarnos, aceite para ungirnos, aceite para alumbrar como antorchas.

La Biblia nos habla en 2° Reyes 4 de un milagro de provisión que Dios hizo a través del profeta Eliseo a una mujer viuda de un siervo de Dios, que vivía en escasez. Aquella mujer estaba acorralada por sus acreedores, quienes les reclamaban a sus hijos como forma de pago. El profeta le indicó que buscara vasijas vacías, no pocas, se encerrara junto con sus hijos y volcara en cada una de ellas de la única porción de aceite que tenía ¡Y el aceite se multiplicaría milagrosamente! Tendrían tanto aceite como vasijas vacías en las cuales derramarlo.

La Iglesia, esposa del Cordero, ha tenido a lo largo de su historia una experiencia similar. Cuando en su origen los discípulos fueron llenos del Espíritu, eran como vasijas rebalsando de poder y de abundancia que llevó a la Iglesia a crecer y brillar a lo largo de todo el mundo conocido. Pero cuando el aceite del Espíritu dejó de ser derramado sobre otras vasijas, cuando dejó de buscar el Espíritu y el aceite comenzó a escasear, igual que aquella mujer, la Iglesia perdió su vigor y entró en necesidad. Comenzó a ser apremiada por el diablo que, como un acreedor usurero comenzó a reclamarle sus hijos, el fruto de su esfuerzo.

Pero Dios prometió derramar de su Espíritu de lo alto para restaurar a la Iglesia a su vigor y fortaleza de origen. “Así dice Jehová, Hacedor tuyo, y el que te formó desde el vientre…Yo derramaré aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida; mi Espíritu derramaré sobre tu generación, y mi bendición sobre tus renuevos” (Isa. 44:2)

Dios prometió derramar de su Espíritu sobre toda carne y sobre sus siervos y sus siervas. Es interesante que “derramar” significa varias cosas: Verter, esparcir cosas líquidas. Desbordar, rebasar, fluir, desparramar, diseminar. Publicar, extender, divulgar una noticia, repartir.

Cuando Dios prometió derramar de su Espíritu Santo estaba diciendo que no sólo llenaría vasijas vacías, sino también que estas rebalsarían y el Espíritu derramado, se esparciría sin control sobre toda carne. Porque como dice Malaquías, cuando Dios promete bendecir a sus hijos lo hace a su manera, ¡Hasta que sobreabunde!

El Señor no sólo está interesado en que tu vida esté rebalsando por ti mismo, sino para que la Iglesia se levante de cualquier y recupere la vida abundante y la fuerza para seguir cumpliendo con su tarea misión en esta tierra.

Hoy, el Señor nos manda que hagamos lo mismo que el profeta demandó de aquella mujer: Juntar muchas vasijas, que estén vacías de sí mismas y volver a encerrarnos para buscarle como ocurrió con los discípulos en el Aposento Alto. Y un nuevo Pentecostés llenará nuestras vidas de tanto aceite que nos rebalsará y se derramará para sanidad de las naciones.

Volvamos a clamar por aceite, volvamos a buscar de su Espíritu para garantizar la libertad de nuestros hijos y devolver a la Iglesia su vigor, su abundancia y su influencia sobre toda la tierra.

Pastor Roberto Vilaseca. Iglesia Cristiana Fuente de Vida