Caleidoscopio

Existía un hombre que a causa de una guerra en la que había peleado de joven, había perdido la vista. Este hombre, para poder subsistir y continuar con su vida, desarrolló una gran habilidad y destreza con sus manos, lo que le permitió destacarse como un estupendo artesano. Sin embargo, su trabajo no le permitía más que asegurarse el mínimo sustento, por lo que la pobreza era una constante en su vida y en la de su familia.

Cierta Navidad quiso obsequiarle algo a su hijo de cinco años, quien nunca había conocido más juguetes que los trastos del taller de su padre con los que fantaseaba reinos y aventuras. Su papá tuvo entonces la idea de fabricarle, con sus propias manos un hermoso caleidoscopio como alguno que él supo poseer en su niñez.

En secreto y por las noches fue recolectando piedras de diversos tipos que trituraba en decenas de partes, pedazos de espejos, vidrios, metales, maderitas, etc. Al cabo de la cena de nochebuena pudo, finalmente imaginar a partir de la voz del pequeño, la sonrisa de su hijo al recibir el precioso regalo.

El niño no cabía en sí de la dicha y la emoción que aquella increíble navidad le había traído de las manos rugosas de su padre ciego, bajo las formas de aquel maravilloso juguete que él jamás había conocido….

Durante los días y las noches siguientes el niño fue a todo sitio portando el preciado regalo, y con él regresó a sus clases en la escuela del pueblo. En los tiempos de recreo entre clase y clase, el niño exhibió y compartió henchido de orgullo su juguete con sus compañeros que se mostraban igual de fascinados con aquella maravilla y que pujaban por poner su ojos en aquel lente y dirigirlo al sol… Uno de aquellos pequeños, tal vez el mayor del grupo, finalmente se acercó al hijo del artesano y le preguntó con la ambiciosa intriga que solo un niño puede expresar:

“Oye, que maravilloso caleidoscopio te han regalado… dónde te lo compraron?, no he visto jamás

Y el niño, orgulloso de poder revelar aquella verdad emocionante desde su pequeño corazón, le contestó:nada igual en el pueblo…”

“No, no me lo compraron en ningún sitio… me lo hizo mi papá”

A lo que el otro pequeño replicó con cierta sorna y tono incrédulo: “Tu padre?… imposible… si tu padre está ciego..!!!”

Nuestro pequeño amigo se quedó mirando a su compañero, y al cabo de una pausa de segundos, sonrió como solo un portador de verdades absolutas puede hacerlo, y le contestó:

“Si… mi papá esta ciego… pero solamente de los ojos…Solamente de los ojos…”

Efesios 3:19

Y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.

La mayoría de las veces estamos enfocados en nuestras falencias, en nuestras debilidades. Que en este tiempo podamos tener un corazón sencillo como los niños, una mirada como la de Dios. Tengamos misericordia como Dios la tiene. Explotemos nuestro potencial para hacer la obra de Dios. Que su gloria se manifieste en nuestras vidas!

La chica de la funeraria

Mi padre era el dueño de la funeraria en nuestro pueblo. Por eso en nuestras conversaciones entre familia con frecuencia tocábamos el tema de la vida y de la muerte. El temor a la muerte me consumía. Algunas veces me imaginaba a mi misma acostada dentro de uno de los ataúdes de la funeraria de mi papá. Los dolientes llorando me rendían sus últimos respetos mientras pensaban si yo merecía o no entrar al cielo. Desde una temprana edad yo había entendido que había dos lugares posibles para pasar la eternidad después de la muerte, el cielo o el infierno, pero ¿quién podría estar seguro de un futuro eterno en el cielo? Me parecía que dependía de las buenas obras que la persona había hecho en su vida, o por lo menos si pensaban otros que sus hechos le abrirían la puerta al cielo.

Sufría mucho con estos pensamientos. Las imágenes que se formaban en mi mente solo confirmaban mis miedos. No quería dejar mi destino eterno a la suerte. La urgencia de estar segura me abrumaba. Sabía que la muerte podría ocurrirme en un momento a otro. ¿Cómo podría prepararme para llegar a esa hora final con seguridad y certeza de mi vida eterna en el cielo?

Aunque básicamente yo era una buena persona, sabía que muy a menudo hacía cosas malas. Siempre me preguntaba si mis mejores acciones eran suficientes para Dios… o si todo lo que hacía alcanzaba su criterio… ¿Si muero hoy, me permitiría entrar al cielo de acuerdo a mis buenas obras?

Como si subiera una escalera sin fin de buenas obras, yo esperaba en vano que cada paso, cada escalón de mi propio esfuerzo, me acercara a Dios y al cielo – para lograr que Dios me aceptara. Pero después del último peldaño seguía otro. Luego otro. Y otro. Nunca finalizaba la subida. Siempre me esforzaba. Nunca lograba ser suficientemente buena.
La duda me asaltaba. La inutilidad y la frustración me importunaban. Esperaba tener la seguridad de que Dios me aceptara y algún día tuviera una relación con El.

Un día mi hermano anunció, “Ahora yo sé que cuando me muera iré al cielo.” Yo dudé de su seguridad y en silencio me dije, “Tú eres mi hermano y yo te conozco. Tú eres bueno pero no TAN bueno.” Él gentilmente interrumpió mis pensamientos para explicarme que la manera de ir al cielo es tener una relación con Dios, no a través de la escalera de buenas obras. Me dijo que la Biblia, la Palabra de Dios, tenía la respuesta. Aprendí que mi pecado, o las cosas malas que había hecho, me separaban del justo y santo Dios. Ninguno de mis mejores esfuerzos podría satisfacer a Dios o permitirme entrar en su presencia. No podría satisfacerlo con mis buenas obras. Yo merecía la muerte, la eterna separación de Dios, como castigo por mis pecados.

Aprendí que Dios me ama. Él desea que yo tenga una relación con Él y que viva con El eternamente. Por eso El mandó a su hijo Jesús a morir en una cruz para tomar mi lugar y pagar la deuda que yo debía por mis pecados. ¡Pero la muerte no fue el fin! Él resucitó de los muertos al tercer día, proveyéndonos la entrada al cielo como dice la Biblia: “Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro.”

Jesús dijo, “Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie viene al Padre si no es por mí.” Entonces, dejé de creer en mis propios esfuerzos inútiles para ganar el favor de Dios y puse mi fe en la obra completada de Jesucristo en la cruz y su resurrección. Acepté que la salvación es “por gracia por medio de la fe, y esto no de nosotros, pues es don de Dios; no por obras para que nadie se gloríe.”

Al creer esto, mi escalera de buenas obras fue reemplazada por la cruz. A través de mi fe en Cristo encontré la respuesta al problema de la vida y de la muerte. Jesús me quitó el gran peso de la duda, como quitando un costal de ladrillos de mis hombros. Solo por su gracia, que es su favor no merecido, Dios me ha aceptado. Hoy tengo la seguridad que tanto anhelaba. Sé que el cielo me espera. Jesús me perdonó a mí, a la Chica de la Funeraria tan llena de dudas. Sólo en Él encontré la respuesta que buscaba.

¿Tienes miedo a morir? ¿Sigues esperando encontrar la seguridad de tu destino eterno? ¿Sigues esforzándote por subir la escalera de las buenas obras para llegar a Dios? Puedes dejar de hacerlo y aceptar la suficiente gracia de Dios. La Biblia dice, “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en El cree, no se pierda mas tenga vida eterna.” Dios desea darte vida eterna y llevarte a vivir con Él a su hogar.

Si aceptas que eres pecador y deseas tener la vida eterna, puedes orar a Dios esta sencilla oración:
Querido Dios, sé que mis pecados me separan de ti, de tu santidad y de tu estándar de justicia. Admito que no puedo hacer nada para conseguir tu perdón y la promesa de ir al cielo. Dejo de creer en mis propias obras y pongo toda mi fe en que Cristo murió en la cruz, fue sepultado y resucitó para perdonar mis pecados. Gracias por aceptarme y darme vida eterna.

Si a través de esta historia verdadera tú has aceptado el regalo de Dios de la vida eterna, porque no compartes con alguien más para que también pueda creer y recibir este gran regalo.

Fuente: storiesfromthevine.com

Confiar!

Confía en el Señor de todo corazón no en tu propia inteligencia. (Proverbios 3:5)

En lo personal me cuesta confiar, y más en alguien que no conocemos, y menos pensar de hacerlo de todo corazón. Cuando hacemos algo de todo corazón, significa hacerlo con amor, sin forzar nada. Esto parece ser un poco más complejo que solo confiar.

Es más, algo tan sencillo como confiar, se transforma a veces en una puerta a nuestra espalda que no queremos abrir. Y digo a nuestra espalda porque la mayor parte del tiempo a Dios lo ubicamos a nuestras espaldas, cuando El está un paso más adelante extendiendo su mano de amor.

Claro es más fácil confiar en nuestra propia inteligencia… “yo soy lo suficientemente inteligente, valiente, con el suficiente dinero, con las suficientes fuerzas… para solucionar este problema”…

NUESTRA PROPIA INTELIGENCIA: Somos muy inteligentes y eso lo tenemos que tener en claro. Lo que no debemos hacer es confiar en nuestra propia inteligencia. …Separados de mi no pueden ustedes hacer nada. (Juan 15:5b)

¿Confiamos en el Señor? ¿Lo hacemos de todo corazón?

¿Le conocemos lo suficiente para que haya esa fluida confianza?

por Samy para generacionplus.com

Hay una fuente para el que clama

Como soldados del ejército de Cristo hemos luchado contra la injusticia, el dolor, contra las enfermedades, la escasez, y el desánimo. Nos enfrentamos a la soledad, las mentiras, la injusticia, las tentaciones y tantos otros enemigos. Nos hemos enfrentado en batallas frontales, donde el diablo nos desafió con arrogancia y fiereza, queriendo intimidarnos, como el gigante de los filisteos con David; y otros enfrentamientos en los que fuimos sorprendidos en nuestra buena fe, luchando con enemigos agazapados que saltaron sobre nosotros.

Algunas batallas nos hicieron tambalear en nuestra fe, otras tal vez nos han derribado a tierra, pero hoy podemos declarar que el diablo no ha logrado vencernos porque en cada enfrentamiento Jehová de los Ejércitos peleó por nosotros y se levantó como un poderoso gigante para defendernos y hacer huir al diablo.

Sin embargo hay que admitir que, tanta lucha, tantas batallas producen un lógico cansancio. Después de un tiempo de fuertes ataques, rechazados en el poder del Espíritu, la tensión afloja, se siente el cansancio, y los golpes y heridas comienzan a sentirse en todo el cuerpo. Y viene la sed, una intensa sed, como la que tuvo Sansón después de aquella hazaña, cunado mató a mil hombres con una quijada de asno.

Algo similar le ocurrió a Elías, después de la victoria contra los 450 sacerdotes de Baal y de haberlos matado uno por uno, fue amenazado por la reina Jezabel. Cansado y desalentado nos cuenta 1° Reyes que se fue por el desierto y sentándose debajo de un arbusto deseó morirse, y luego se encerró en una cueva. Estaba agotado.

El mismo Jesús sufrió esta experiencia natural en todos los hombres. En un largo trayecto entre Judea y Galilea, caminando a pleno sol por el desierto, Juan nos dice que Jesús, cansado del camino, se sentó junto al pozo, y le dijo a aquella mujer samaritana: “Dame de beber”.

Nosotros también tenemos sed de Dios. Esta sed se refleja en un desgaste que nos ha hecho perder el brillo y el fervor de otros días, en un cansancio que nos impide mantener el ritmo de marcha. La espada se desafila, la armadura muestra algunos agujeros, la visión se nubla y tenemos ganas de detenernos al costado del camino ¡Este es un terrible error!¡No podemos detenernos porque con el diablo no hay tregua!

El problema no es el cansancio, sino el detenernos. Si bajas la guardia, si te tomas unas semanas de licencia, si te descuidas y dejas vivo a ese enemigo que debes destruir, se volverá contra ti en el momento menos pensado. Por eso necesitamos de Dios, necesitamos sus fuerzas, necesitamos su renovación, necesitamos que nos vuelva a investir con el poder de lo alto, llenarnos de su Espíritu.

Tenemos que poder hacer lo que nos dice la Biblia de los valientes de Gedeón luego de una gran batalla. Nos cuenta que él y sus trescientos valientes pasaron el Jordan, “cansados, más todavía persiguiendo”. Porque el Espíritu de poder está con nosotros, digamos todos juntos: ¡Estamos cansados, más todavía persiguiendo!

Volvamos a Sansón: “Teniendo gran sed, clamó a Dios” y agrega, “entonces abrió Dios la cuenca que hay en Lehi; y salió de allí agua, y él bebió, y recobró su espíritu, y se reanimó. Por esto llamó el nombre de aquel lugar En-hacore, el cual está en Lehi” (Jueces 15:19) ¿Sabes que significa En-hacore? “La fuente del que clamó”. ¡Hay una fuente para cada uno que clama! ¡Dios siempre abrirá una cuenca, Dios siempre hará salir agua de la roca, Dios siempre abrirá un manantial para el sediento que clama!

Hoy hay un manantial abierto. Hay agua viva disponible para todos los que estén cansados y sedientos. Para quienes necesiten consuelo, fuerzas, aliento, fe y esperanza renovada ¡Vamos a beber de su agua!

Ese Cordero es quien nos propone: “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” (Juan 7:37)

Que en este día Jesús ponga un manantial de agua pura y viva dentro de ti por medio del Espíritu Santo, que puedas saciarte del agua que fluya de tu mismo interior para que no tengas que correr a ningún otro lado más que a tu cuarto para encontrarte con las nuevas fuerzas y vida del Espíritu.

Pastor Roberto Vilaseca

Florece donde estés

Una joven pareja se mudó a otra ciudad, lejos de la familia y los amigos. Llegó la mudanza, la pareja desempacó sus pertenencias y el marido empezó a trabajar a la semana siguiente. Todos los días al llegar a su casa, su esposa lo recibía en la puerta con una nueva queja: - “Aquí hace mucho calor”; - “Los vecinos no son amigables”; - “La casa es muy chica”; - “Los niños me están volviendo loca”. Y cada tarde, su esposo la abrazaba mientras escuchaba sus comentarios negativos. Lo siento, le decía, “¿qué puedo hacer para ayudarte?” Su esposa se calmaba y se secaba las lágrimas, pero empezaba con lo mismo al día siguiente.

Una tarde, su marido llegó a su casa con una hermosa planta con flores. Encontró un sitio apropiado en el jardín y la plantó. “Querida, le dijo, cada vez que te sientas triste, sal al jardín. Imagina que eres esa plantita, y mira como crece en tu jardín”.

Cada semana traía a casa un árbol nuevo, o rosales, o plantas y las plantaba en el jardín. Su esposa cortó algunas flores y se las llevó a una vecina. Cada mañana regaba el jardín y observaba el crecimiento de las plantas. También creció la amistad con otras mujeres de la cuadra y le pidieron consejo con sus jardines. Muy pronto, también le estaban pidiendo consejo espiritual. Al finalizar el año siguiente, el jardín de esta pareja se parecía a los jardines que aparecen en la revista Buen Hogar.

Nuestro Padre Celestial sabe que todos tenemos que aprender a florecer en el lugar en el cual hemos sido trasplantados. Con su sabio toque de amor, no sólo vamos a florecer sino que vamos a producir continuamente el fruto del amor, la ternura y el contentamiento.

Fuente: Renuevodeplenitud.com

¿Cómo es tu hogar?

Los puntos mencionados a continuación ayudarán a explicar cómo debería ser idealmente el hogar, desde el punto de vista de una Mujer Virtuosa.

1. Una mujer cristiana está legalmente casada con su esposo, debe pedir la bendición de la iglesia (Salmo 127:1; Salmo 128:3,4). Toda mujer virtuosa debe haberse casado correctamente delante de testigos, y debe guardar sus votos matrimoniales como un pacto.

2. Su hogar es un lugar donde el esposo y los hijos puedan relajarse y no estar perpetuamente en guardia.

3. Su hogar debe ser un altar de oración.

4. Su hogar debe ser un paraíso de paz, donde las palabras son habladas en amor, donde hay comprensión mutua y perdón.

5. Su hogar debe ser una morada para los seres queridos, donde la confianza y el respeto son practicados mutuamente.

6. Su hogar es la primera escuela para tus hijos, donde sus pequeñas vidas son nutridas. Recuerda que tu hogar es el lugar donde se formarán sus destinos, donde su carácter es moldeado.

7. Su hogar debe ser un lugar activo de comunión, donde otras mujeres puedan reunirse para compartir la Palabra de Dios.

8. Su hogar es un lugar cálido, hermoso, acogedor, un nido de amor, donde las palabras de aliento y los cumplidos son compartidos libremente, donde las vidas son nutridas, y donde se renueva la esperanza, aún después de una gran tormenta. No importa qué pase en tu hogar, aún una muerte, debes mantener tu esperanza en Dios, pues debajo de las tormentas están los brazos eternos de Dios.

Sra. Alejandra Cabrera, Revista “Aliento Cotidiano” Enero-Febrero 2012

El fumador de la Biblia

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Juan 3:16.

El versículo resume en pocas líneas una importante verdad bíblica, que alguien llamó «el corazón de la Biblia». Innumerables personas que leyeron u oyeron estas impresionantes palabras fueron llevadas a reflexionar. Y no sólo esto: dicho versículo dio a muchos el impulso necesario para obtener una fe viva en el Señor Jesucristo.

Esto ocurrió, por ejemplo, con un africano que no tenía interés en la Palabra de Dios. Cuando un creyente propuso venderle un Nuevo Testamento, él lo rechazó; y cuando quiso regalárselo, él contestó: –Si usted me da ese libro, utilizaré sus páginas para enrollarlas y hacer cigarrillos. Con sorpresa oyó esta propuesta: –Entonces prométame por lo menos leer las páginas antes de fumarlas. El hombre estuvo de acuerdo, tomó la Biblia y desapareció.

Años más tarde este africano contó en un congreso: –Fume a Mateo, luego a Marcos y después a Lucas. Pero cuando llegué al capítulo 3 de Juan, no pude seguir fumando y mi vida cambió por completo. La buena nueva del versículo 16 lo había conmovido… y luego, él mismo predicó la buena nueva del amor de Dios y de la salvación por Jesucristo. El antiguo fumador de Biblia fue uno de los numerosos seres humanos que hallaron a Dios por medio de este versículo.

Muchas veces leemos páginas y páginas de la Biblia olvidando reflexionar en sus palabras, su sentido. Nos permitimos hacer nuestra voluntad, jugar con Dios y desobedecerlo. Hasta que leemos este versículo y plantamos nuestros pies en la tierra. Nuestro Dios no es un ente inalcanzable! No, es un Padre que nos ama con todo su corazón, con amor perfecto. Y no solo eso, sino que sacrificó a su único Hijo para que todos nosotros lleguemos a su presencia y seamos salvos de una inmortalidad en el infierno.

Que este año que comienza podamos vivirlo así, recordando cada día cuán inmeso es el amor de Dios, y qué tan interesado está en nuestras vidas. Que no “tiremos” nuestro precioso tiempo, sino que busquemos su propósito y sus planes.

La Felicidad es un trayecto

Un banquero de inversión americano estaba en el muelle de un pueblito caribeño cuando llegó un botecito con un solo pescador.

Dentro del bote había varios atunes amarillos de buen tamaño. El americano elogió al pescador por la calidad del pescado y le preguntó: cuánto tiempo le había tomado pescarlos?
El pescador respondió que muy poco tiempo.

El americano luego le preguntó porqué no permanecía más tiempo y sacaba más pescado.
El pescador dijo que él tenía lo suficiente para satisfacer las necesidades inmediatas de su familia.

El americano luego pregunto: pero qué hace usted con el resto de su tiempo?
El pescador dijo, “duermo hasta tarde, pesco un poco, juego con mis hijos, hago siesta con mi señora, María. Caigo todas las noches al pueblo donde tomo vino y toco guitarra con mis amigos, tengo una vida “placentera y ocupada”.

El americano replicó: “Soy un MBA de Harvard y podría ayudarte. Deberías gastar más tiempo en la pesca y con los ingresos comprar un bote más grande, con los ingresos del bote más grande podrías comprar varios botes y eventualmente tendrías una flota de botes pesqueros. En vez de vender el pescado a un intermediario lo podrías hacer directamente a un procesador y eventualmente abrir tu propia procesadora. Deberías controlar la producción, el procesamiento y la distribución. Deberías salir de este pequeño pueblo e irte a La Capital, donde manejarías tu empresa en expansión”.

El pescador preguntó, – ¿Pero, cuánto tiempo tarda todo eso?
A lo cual respondió el americano, “entre 15 y 20 años”.

“¿y luego que?” agregó el pescador.

El americano se río y dijo que esa era la mejor parte : “Cuando llegue la hora deberías anunciar un IPO (Oferta inicial de acciones) y vender las acciones de tu empresa al público. Te volverás rico, tendrás millones.

“Ahhh, millones …y; ¿luego que?”
Dijo el americano.”Luego te puedes retirar. Te mudas a un pueblito en la costa donde puedes dormir hasta tarde, pescar un poco, jugar con tus hijos, hacer siesta con tu mujer, caer todas las noches al pueblo donde tomarás vino y tocarás la guitarra con tus amigos”.

El pescador respondió: “¿Acaso eso no es lo que tengo ya?”

¡La Felicidad es un trayecto, no un destino! Vivim
os cada pensando en lo felices que seremos después de alcanzar tal o cual cosa. Nos cargamos con metas y proyectos sin disfrutar de todo lo que tenemos. Vivamos como único cada minuto de este maravilloso viaje.

Dios bendiga cada minuto de tu vida!

Si se puede!

Si se puede… cuando estas decidido, cuando comprometes tu voluntad para lograr lo que deseas alcanzar, no tengas la menor duda de q lo lograras.

Si se puede… cuando ante cada obstáculo muestras temple y con mayor decisión los empiezas a enfrentar con valentía.

Si se puede… si ante cada fracaso buscas reconocer tus propios errores, lo que te permitirá acumular sabiduría, para resolver de forma eficaz los problemas que vendran.

Si se puede… si ante los conflictos mantienes una actitud positiva en todo momento, y a pesar de las adversidades, tu ánimo no comienza a menguar, así no habrá cima que puedas alcanzar para lograr el éxito.

Si se puede… cuando ante los negativos y escépticos mantienes en todo momento una sonrisa de satisfacción por el logro obtenido, y la alegría se convierte en tu fiel compañera…Siempre tendrás amigos por cultivar.

Si se puede… cuando ante la duda y la incertidumbre, tu fe te mantiene firme.

Si se puede… si tienes el coraje de vivir intensamente, y hacer de cada día una fascinante aventura leonística…La muerte, entonces será una angustia que nunca llegará a tu lado.

Si se puede… cuando aprendes a confiar en Dios, dejándole a Él los imposibles, dejando que Él se preocupe de como hacer su trabajo, y entregas tu vida entera a las estrellas del universo, por las que quieres luchar todos los días…Podrás, entonces alcanzar el camino a una plenitud total en el futuro.

Escuchemos Su llamado

Como iglesia de Cristo tenemos la responsabilidad que implica reconocer el llamado, recibir la unción, y llevar adelante la visión que nos fue encomendada con toda la seriedad, con todo el esfuerzo, la entrega y la pasión que tan digno llamado requiere. Ese llamado es a extender el Reino de Dios en la tierra. Es completar la misión por lo que Cristo vino a esta tierra. Él dijo: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lc. 19:10)

Si esa fue la misión de Cristo, y si él mismo le dijo a sus discípulos: “Como el Padre me envió así yo os envío” ¿Cuál puede ser la misión de la Iglesia? Llevar redención de las almas y establecer el Reino de Dios en cada corazón.

Jesús nos ordenó: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” e “Id y haced discípulos a todas las naciones” ¡La iglesia tiene que abocarse a esta misión! Pedro dice que somos nación santa, real sacerdocio pueblo adquirido por Dios para anunciar las virtudes de aquél que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable. Y esta definición nos habla de la identidad y también de la misión de la iglesia. La iglesia tiene que profundizar su sentido de misión. Mirar al mundo con los ojos compasivos de Cristo y poner todos sus esfuerzos y recursos en buscar a los perdidos. El mundo necesita desesperadamente oír y ver la manifestación del reino de Dios, predicado con las señales que le siguen y con el testimonio de vidas transformadas.

Una de las más importantes señales del fin que dijo Jesús que ocurriría antes de su retorno es que habría un poderoso testimonio del evangelio en el mundo. Jesús dijo cómo será el mundo y la iglesia del fin del siglo: “Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos. Por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo. Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin”

El Señor nos dice que la iglesia tiene que enfrentarse con los celos, el odio, las mentiras y la maldad de los hombres de los últimos tiempos. En medio de este panorama los cristianos tienen que amar, perseverar y predicar el evangelio del Reino. El Espíritu está hablándonos en este tiempo. Él dice: Hacen falta odres nuevos para el vino nuevo que quiero derramar sobre ustedes. Para esto debemos profundizar en el conocimiento de la persona del Espíritu Santo, su obra, su poder y su relación con la iglesia.

Dios quiere hacer una obra nueva, más allá de las ideas preconcebidas y de las barreras mentales. Dios quiere derramar vino nuevo sobre su Iglesia, pero necesita de odres nuevos. Nuestra mentalidad, nuestra manera de vivir la fe, nuestro corazón debe ser renovado. Es necesario que se remuevan estructuras, valores y prácticas que no sirven para el nuevo tiempo que Dios está trayendo a nuestra sobre la iglesia.

El mundo que nos toca redimir es cada día más complejo, y las tinieblas son cada día más intensas. Pero cuando abundó el pecado sobreabundó la gracia. Y los hijos de luz tenemos poder sobre las tinieblas. Tenemos que fortalecer nuestra fe, renovar nuestra visión y levantar un ejército de hombres y mujeres militantes, capaces de dar sus vidas por la causa del Reino.

Necesitamos una iglesia que esté sentada en los lugares celestiales con Cristo. Una iglesia llena de amor y de luz, una iglesia militante, una iglesia radical con el pecado, una iglesia llena del poder y del fuego del Espíritu que extienda las fronteras del Reino de Dios y las puertas del infierno no la puedan detener.

¡Vamos a hacerlo!

Pastor Robero Vilaseca