Dar para recibir

Hubo una vez un limosnero que estaba tendido al borde del camino cuando vio a lo lejos venir al rey con su corona, su capa y sus seguidores.

En eso pensó: “Le voy a pedir, porque los reyes son generosos y de seguro me dará siquiera lo necesario para vivir el día de hoy”. Y cuando el rey pasó cerca, le dijo: “Su majestad, ¿me podría por favor regalar una moneda?” Aunque en su interior pensaba que el rey le iba a dar mucho más.

Pero con gran sorpresa suya el rey le miró y le dijo: “¿Por qué no me das algo tú? ¿Acaso no soy yo tu rey?” El mendigo no sabía que responder a la pregunta y dijo: “Pero su majestad, ¡yo no tengo nada, soy pobre!”. El rey respondió: “Algo debes de tener. ¡Busca!”.

En su asombro, el mendigo buscó entre las cosas de su pobre morral, y se dio cuenta que solo tenía 5 granos de arroz para comer ese día. Pero se los dio complacido al rey, imaginándose que sus familiares nunca le creerían cuando les dijera que él había socorrido nada menos que al rey.

Complacido el rey dijo: “¡¿Ves como sí tenías?!” Y le dio 5 monedas de oro, una por cada grano de arroz.

El mendigo dijo entonces: “Su majestad, creo que acá tengo otras cosas”, pero el rey le dijo: “Solamente de lo que me has dado de corazón, te puedo yo dar”.

Es fácil en esta historia reconocer como el rey representa a Dios, y el mendigo a nosotros. Notemos que el mendigo aún en su pobreza intenta socorrer al rey cuando éste se lo pide.

Ocasionalmente, Dios nos pide que le demos algo para así demostrarle cariñosamente que somos sus hijos y él es el Padre bueno. Unas veces nos pide ser humildes, otras ser sinceros o no ser mentirosos. Nos negamos a darle a Dios lo que nos pide, pues creemos que no recibiremos nada a cambio, sin pensar en que Dios devuelve el ciento por uno.

No sé qué te pida Dios en este momento. No lo sé. Solamente sé, que por lo que le des, te devolverá mucho más, y recuerda no darle solamente unos pocos granos, dale todo lo que tengas, pues sinceramente, VALE LA PENA.

Autor desconocido

El propósito de Dios

Había una vez un campesino chino, pobre pero sabio, que trabajaba la tierra duramente con su hijo. Un dia el hijo le dijo: Padre, que desgracia! Se nos ha ido el caballo. ¿Por que le llamas desgracia? respondio el padre, veremos lo que trae el tiempo…

A los pocos días el caballo regreso, acompañado de otro caballo. ¡Padre, que suerte! exclamo esta vez el muchacho. Nuestro caballo ha traido otro caballo. -¿Por que le llamas suerte? – repuso el padre – Veamos que nos trae el tiempo.

En unos cuantos días mas, el muchacho quiso montar el caballo nuevo, y este, no acostumbrado al jinete, se encabrito y lo arrojo al suelo. El muchacho se quebro una pierna. -Padre, que desgracia! – exclamo ahora el muchacho -. Me he quebrado la pierna! Y el padre, retomando su experiencia y sabiduria, sentencio: -Por que le llamas desgracia? Veamos lo que trae el tiempo!

El joven comprendió entonces que nunca hay que dar ni la desgracia ni la fortuna como absolutas, sino que siempre hay que darle tiempo al tiempo, para ver si algo es malo o bueno.El muchacho no se convencia de la filosofia del padre, sino que gimoteaba en su cama. Pocos dias despues pasaron por la aldea los enviados del rey, buscando jovenes para llevarselos a la guerra. Vinieron a la casa del anciano, pero como vieron al joven con su pierna entablillada, lo dejaron y siguieron de largo.

Lo mejor es esperar, pero sobre todo confiar en DIOS, porque todo sucede con un propósito positivo para nuestras vidas de acuerdo a su plan infinito….. Gloria a Dios!!!

Fuente: ungidos.com

Lo que Dios cree de ti

Es indispensable que tengamos una idea clara de quién es nuestro Dios. Tú tienes que saber que Dios no es aburrido; Juan decía que Dios es amor, eso quiere decir que todo lo hace por amor, y si te dice que no hagas algo, es porque te ama. Pecar es algo tonto, porque si El no quiere que vayas por ese lado, es porque quiere lo mejor para ti.

Un niño llegó a su colegio y vio que había un rótulo donde decía que llegaría un circo. El niño llegó tan contento a su casa pidiéndoles a sus padres insistentemente que lo llevaran. Al llegar el día, se levantó muy temprano y fue a levantar a sus padres. Ellos le dieron una moneda y salió corriendo al lugar. En ese tiempo, el circo hacía primero una presentación, para luego llevarlos al show principal.

El niño llega a primera fila y se emociona al ver todos los animales y malabaristas. Se emocionó tanto que se le olvidó que en ese momento sólo era un desfile y que todavía no era el show.Al ver un payaso, le dio la moneda, y se regresó a su casa. Este niño pensó que ahí era el circo, se conformó con lo que había visto; se perdió el verdadero show.

Así hay muchos cristianos que se pierden el verdadero show que Cristo tiene para sus vidas. Porque piensan que es sólo de ir a la iglesia y de portarse bien.

Dios quiere que lo disfrutes, pero para eso, tienes que saber que tienes un Dios amoroso. ¿Se parece tu Dios a Jesús? El dijo: “El que me conoce a mí conoce a mi Padre”. 

Cuando Dios te observa, ¿qué piensa, qué siente al verte? Hoy quiero que sepas lo que Dios piensa de ti.

Primero: Eres alguien que Dios ama. 

Juan 3:16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Este es el milagro más grande que se hizo en este mundo por ti. Porque de tal manera Dios te amó a ti, que dio a su hijo para que fueras salvo. Piensa que Dios te ama, eres alguien por quien Cristo murió en la cruz del calvario de manera especial. Decídete a vivir como alguien amado por el ser más maravilloso e importante del Universo.

Segundo: Tú fuiste comprado.

El pecado original es de nacimiento. En consecuencia, éramos pecadores desde que venimos al mundo; es por eso que Dios mandó a Jesucristo para salvarnos. Satanás decía que tú y yo éramos de su propiedad, pero Dios reclamó a sus hijos, y pagó con la sangre de Cristo. Dios cuida de ti, porque te compró a un precio muy alto. Eres propiedad de Dios, El nos compró, por eso debemos comportarnos como personas valiosas.

Tercero: Somos hijos de Dios.

Pablo hacía énfasis en el gran amor de Dios. Pero muchos cuando pensamos en la imagen de un padre, lo que viene a nosotros es la de nuestro padre terrenal, en cómo él ha sido, pero tu Padre del cielo no es como el de la tierra, porque el ser humano es pecador.

Dios está más interesado en bendecirnos que nosotros mismos, porque tienes un padre bueno y amoroso. Tú tienes que decirle al diablo que se cuide, porque tienes un padre poderoso. Nosotros somos hijos del Dios viviente, vamos a vivir como hijos de Dios, a representarlo muy bien.

Cuarto: Dios te escogió.

El mira tus sueños, tus proyectos. Efesios 1:4 Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él.

El te quiere para alabanza de su gloria. Cuando te concibieron tus padres, tú fuiste,  ganaste esa carrera, esa fecundación del óvulo. Entre muchos, tú fuiste el vencedor. Tal vez tus padres no te planearon, decían que eras un error, un descuido, una confusión, pero si tú estás aquí ahora, es porque Dios te planeó. Dios no comete errores, tú no fuiste un error, eres alguien que Dios ama, que ha sido comprado por un precio alto, fuiste escogido para una misión muy grande.

Yo soy siervo del Señor desde que tengo 16 años. El me escogió por misericordia, y como me escogió a mí, te ha escogido a ti, porque tú eres un representante de tu Padre Celestial. Mira tu mano, tiene huellas digitales, nadie tiene ni tendrá las mismas. Eso es maravilloso, porque eres único, especial, porque puedes dejar una marca que nadie más puede, representar a Dios como nadie más lo puede lograr.

Debes estar consciente que has sido escogido para la misión más espectacular de la tierra. Que has sido llamado para hacer una diferencia; estás aquí con un propósito, debes tener una visión sublime, vas a dejar una marca que nadie más pueda dejar.

Dios te ama, y te ha comprado, eres su hijo y te ha escogido para dejar una marca.

¿Qué expectativas tienes de lo que Dios va hacer contigo? Porque tu fe condiciona la obra de Dios en tu vida.

Salmo 34: 8 Gustad, y ved que es bueno Jehov á. Dichoso el hombre que confía en él.


Fuente: Lucas Leys.-  www. avanzapormas.com

La almohada y la frazada

Hace mucho tiempo, una niña de una familia adinerada se preparaba para ir a la cama. Decía sus oraciones cuando oyó un sollozo a través de su ventana. Un poco asustada, se asomó por su ventana. Otra niña, quien parecía de su misma edad y desposeída estaba parada en el callejón junto a la casa de la niña rica.

Su corazón se identificó con la niña desposeída, ya que estaban en lo más frío del invierno, y la niña no tenía frazada, tan sólo viejos periódicos que alguien había tirado. A la niña rica se le ocurrió una brillante idea. Llamó a la otra niña y le dijo: “Hey, tú, por favor acércate a mi puerta”. La niña desposeída estaba tan asombrada que solo pudo asentir.

Tan rápido como se lo permitieron sus piernas, la niñita bajó las escaleras hasta el closet de su madre y tomó una vieja frazada y una gastada almohada. Tuvo que caminar lentamente a la puerta del frente para no tropezar con la frazada que colgaba, pero finalmente lo logró.

Dejando caer ambos artículos, abrió la puerta. Parada allí estaba la niña desposeída, visiblemente atemorizada. La niña rica sonrió cálidamente y le entregó ambos artículos a la otra niña. Su sonrisa se ensanchó al observar la genuina sorpresa y felicidad en el rostro de la otra niña. Ella se fue a la cama increíblemente satisfecha.

A media mañana del día siguiente alguien tocó a la puerta. La niña rica voló a la puerta esperando ver a la otra niña allí. Abrió la gran puerta y miró fuera. Era la otra niñita. Su rostro se veía feliz y sonrió. “Supongo que no querrás estos de vuelta”.

La niña rica abrió su boca para decir que podía quedárselos cuando se le ocurrió otra idea. “No, sí los quiero de vuelta”. El rostro de la niña desposeída se entristeció. Esta obviamente no era la respuesta que había anticipado. A desgano, dejó los gastados artículos en el umbral y se volteó para irse cuando la niña rica le gritó: “¡Espera! Quédate allí”.

Se volteó a tiempo para ver a la niña rica corriendo escaleras arriba y por un largo corredor. Decidiendo que sin importar lo que la niña rica hiciese, no valía la pena esperar, se volteó y se alejó. Al dar el primer paso, sintió que alguien le tocó el hombro. Al voltearse vio a la niña rica, tirándole una nueva frazada y almohada. “Ten éstas”, dijo suavemente. Estas eran las suyas, hechas de seda y plumas.

Al crecer las dos, no se vieron mucho, pero nunca estuvieron muy lejos la una de la otra en sus mentes. Un día, la niña rica que ahora era una mujer rica, recibió una llamada telefónica de alguien. Un abogado que decía que necesitaba verla en su oficina.

Cuando llegó a la oficina, le dijo lo que había pasado. Hace cuarenta años, cuando ella tenía nueve años, había ayudado a una niña necesitada que creció para convertirse en una mujer de clase media con esposo y dos hijos. Ella había muerto recientemente y le había dejado algo en su testamento. “Aunque”, dijo el abogado, “es la cosa más peculiar. Le dejó una almohada y una frazada”.

Hay cosas en la vida que quizás no tengan mucho precio para algunos, pero para otros pueden ser de mucho significado, especialmente cosas que con amor y comprensión y mucho corazón alguién compartió. Hay mucho que podemos hacer y que podría impactar la vida de otros. Hoy puede ser ese día en que podrías impactar la vida de otro con un gesto, un presente o solo una sonrisa pero con mucho corazón.

“En verdad os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos hermanos míos, aun a los más pequeños, a mí lo hicisteis.” Mateo 25:40

Esperando la Resurrección

Viernes santo.  Un día triste para los seguidores de Jesús. Su madre, sus hermanos, quienes habían seguido sus pasos. El día apenas comenzaba y todo se preparaba para su muerte. Imagino que nadie entendía lo que estaba sucediendo, habría gran convulsión, tristeza … era un día gris. Todo en ese tiempo era confuso.

Cuáles eran las expectativas de sus discípulos? Acaso esperaban verlo morir delante de sus enemigos? Que  no había hecho Jesús suficientes milagros y sanidades como para salvarse Él? ¿Qué estaba pasando?? Woww,  era tan extraño en ese momento.

Hoy conocemos el resto de la historia! Gloria a Dios por eso! Hoy sabemos que todo sucedió para que se cumpliera lo que estaba escrito. El plan de Dios estaba completo, “¡Consumado es!” exclamó Jesús (Jn 19.30). Ya nada impediría que nos acerquemos al padre.

Jesús venció. Él descendió al infierno, predicó a los muertos y arrebató al diablo las llaves de la muerte (Ap 1:18). Muchos siglos atrás, ¡Este fue el día de la gran victoria!!Jesús venció. Fue obediente hasta su muerte, soportó el dolor y la sed por cumplir con lo que su Padre le había encomendado.

Hoy es un día especial para reflexionar, no dejes de tomarte un momento. Piensa en el amor inmenso de Dios, su plan perfecto, el sacrificio de Jesús para que tú tengas vida eterna. Él se llevó todo pecado sobre tu vida, toda acusación, todo dolor físico… si, incluso esa migraña, todo malestar en tu corazón y en tu mente! No es tremendo?!?

Si no lo hiciste ya, comienza a disfrutar de la vida abundante que Dios tiene preparada para vos. Jesús ya pagó el precio.

Semana Santa – Parte 2

¿Por qué? ¿Por qué tuvo que soportar todos estos sufrimientos? Porque sabía que tú también habrías de sufrirlos.

Él sabía que tú te cansarías, te perturbarías y te enojarías. Él sabía que te daría sueño, que te golpearía el pesar y que tendrías hambre. Sabía que tendrías que enfrentarte al dolor. Si no al dolor del cuerpo, al dolor del alma… dolor demasiado agudo para cualquiera droga. Sabía que estarías sediento. Si no sed de agua, a lo menos sed por la verdad, y la verdad que recogemos de la imagen de un Cristo sediento. Él entiende.  Y porque Él entiende, podemos venir a Él.

¿No nos habríamos visto privados de Él si no hubiese entendido? ¿No nos alejamos de las personas cuando no las entendemos? Supongamos que te encontraras muy preocupado por tu situación financiera. Necesitas que algún amigo te demuestre su aprecio y te dé algún tipo de asesoría. ¿Buscarías la ayuda del hijo de un multimillonario? (Recuerda que lo que andas buscando es orientación, no una limosna.) ¿Acudirías a alguien que haya heredado una fortuna? Probablemente, no. ¿Por qué? Porque no te entendería. Y no te entendería porque nunca ha vivido lo que tú has estado viviendo de modo que no puede saber cómo te sientes.

Jesús, sin embargo, sí ha estado y sí lo puede hacer. Él ha estado donde tú estás y puede saber cómo te sientes. Y si su vida sobre la tierra no logra convencerte, lo hará su muerte en la cruz. Él entiende la situación por la que estás pasando. Nuestro Señor no simplemente se conduele o se burla de nuestras necesidades. Él responde «generosamente y sin reprocharnos» ( Santiago 1.5 ). ¿Cómo puede hacer eso? Nadie lo ha dicho más claramente que el autor de Hebreos:

Jesús entiende cada una de nuestras debilidades, porque él fue tentado en cada aspecto en que lo somos nosotros. ¡Pero él no pecó! De modo que cada vez que estemos en necesidad, acudamos resueltamente ante el trono de nuestro Dios misericordioso. Allí se nos tratará con inmerecida amabilidad y encontraremos la ayuda que necesitamos ( Hebreos 4.15–16 ).

¿Por qué la garganta del cielo llegó a estar tan seca? Para que pudiéramos saber que Él entiende; para que todo el que sufre oiga la invitación: «Confía en mí».

La palabra confiar no aparece en el versículo que habla de la esponja y el vinagre, pero encontramos una frase que nos ayuda a confiar. Observa la frase antes de aquella donde Jesús dice que tiene sed: «Para que la Escritura se cumpliera, Jesús dijo, “Tengo sed”» ( Juan 19.28 ). Allí, Juan nos da el motivo detrás de las palabras de Jesús. Nuestro Señor estaba preocupado por el cumplimiento de la Escritura. De hecho, el cumplimiento de la Escritura es tema recurrente en la pasión. Fíjate en esta lista:

La traición de Judas a Jesús ocurrió «para hacer realidad lo que la Escritura decía» ( Juan 13.18 ; véase Juan 17.12 ).

La suerte sobre la ropa tuvo lugar «para que esta Escritura se hiciera realidad: “Dividieron mi ropa entre ellos, y echaron suerte sobre mi manto”» ( Juan 19.24 ).

A Cristo no le rompieron las piernas «para que se cumpliera la Escritura: “Ni uno de sus huesos será roto”» (Juan 19.36 ).

El costado de Jesús fue horadado para que se cumpliera el pasaje que dice: «Mirarán al que traspasaron» ( Juan 19.37).

Juan dice que los discípulos quedaron atónitos al ver la tumba vacía porque «no entendieron la Escritura donde dice que Jesús debía resucitar de entre los muertos» ( Juan 20.9 ).

¿Por qué tanta referencia a la Escritura? ¿Por qué, en sus momentos finales, Jesús estuvo decidido a cumplir la profecía? Él sabía de nuestras dudas. Y de nuestras preguntas. Y como no quería que nuestras cabezas privaran a nuestros corazones de su amor, usó sus momentos finales para ofrecer la prueba de que Él era el Mesías. En forma sistemática fue cumpliendo las profecías dadas siglos atrás.

Cada detalle importante de la gran tragedia se escribió de antemano:

• la traición por parte de un amigo cercano ( Salmos 41.9 ); • el abandono de los discípulos después que lo apresaron ( Salmos 31.11 ); • la acusación falsa ( Salmos 35.11 ); • el silencio ante sus jueces ( Isaías 53.7 ); • el ser hallado sin culpa ( Isaías 53.7 ); • el ser incluido entre los pecadores ( Isaías 53.12 ); • su crucifixión ( Salmos 22.16 ); • las burlas de los espectadores ( Salmos 109.25 ); • las mofas de los incrédulos ( Salmos 22.7–8 ); • las suertes sobre sus ropas ( Salmos 22.18 ); • la oración por sus enemigos ( Isaías 53.12 ); • el abandono por parte de Dios ( Salmos 22.1 ); • la entrega de su espíritu en las manos de su Padre ( Salmos 31.5 ); • la decisión de no romperle las piernas ( Salmos 34.20 ); • su sepultura en la tumba de un hombre rico ( Isaías 53.9 )

¿Sabías tú que en su vida Cristo cumplió 332 profecías diferentes del Antiguo Testamento? ¿Cuáles serían las posibilidades matemáticas que habría para que una persona cumpliera todas estas profecías durante su vida? (¡Es decir, noventa y siete ceros!) 1 ¡Asombroso!

¿Por qué Jesús proclamó su sed desde la cruz? Para poner una tabla más sobre aquel puente firme por el cual pueda pasar el incrédulo. Su confesión de estar sediento es una señal para todos los que le buscan de que Él es el Mesías. Su acto final, entonces, es una palabra cálida para los cautos: «Puedes confiar en mí».

¿No necesitamos alguien más en quien confiar? ¿No necesitamos para confiar a alguien que sea más grande que nosotros? ¿No estamos cansados de confiar en personas de esta tierra para que nos entiendan? ¿No estamos cansados de confiar en las cosas de esta tierra para lograr fortaleza?Un marinero que se está ahogando no pide ayuda a otro marinero que se esté ahogando. Un preso no le ruega a otro preso que lo deje libre. Un pordiosero no va a pedir ayuda a otro pordiosero. Él sabe que necesita acudir a quien sea más fuerte que él.

El mensaje de Jesús a través de la esponja empapada con vinagre es este: Yo soy esa persona. Confía en mí.

Fuente: Max Lucado

¿Cómo está tu compromiso de Santidad?

“Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios”

Hace algunos años cuando por primera vez escuché esa alabanza interpretada por Jesús Adrián Romero que se titula: “Hacemos hoy”, recuerdo que toco mi corazón de una forma especial y me motivo a vivir en santidad. La letra de la alabanza dice: “Hacemos hoy, ante tu altar, un compromiso de vivir en santidad”, realmente el anhelo de nuestro corazón tiene que ser ese, el tratar por todos los medios posibles de vivir en santidad.

El hecho de no ser perfectos no significa licencia para pecar, pues muchos se excusan en que nadie es perfecto y por eso permiten que el pecado haga presa de ellos. Si bien es cierto ninguno de nosotros somos perfectos, eso no quiere decir que debamos recibir al pecado con los brazos abiertos, por el simple hecho de que somos imperfectos y fallamos. Una cosa es fallar y otra cosa es acostumbrarse a fallar continuamente, poniendo como excusas la debilidad humana o cualquier otra semejante.

Jesús vino a la tierra a mostrarnos que se puede vivir en santidad, que se puede ser tentado en todo, mas no pecar, es el ejemplo vivo en el cual no podemos refutar nada, El vino a mostrarnos el camino por el cual debíamos andar, a enseñarnos a base de ejemplo la forma adecuada de vivir agradando a Dios. Pese a ser humano y sentir lo mismo que nosotros sentimos, Él  decidió firmemente hacer un pacto con Dios de vivir en santidad y lo cumplió hasta el final.

Si, yo se que ningún de nosotros somos Jesús, pero nos hacemos llamar “cristianos”, lo cual significa que nuestro modelo es Cristo Jesús, lo que tendría que traducirse en imitar sus pasos, su andar, su testimonio, pero ¿Estaremos imitándolo?, ¿La imagen de Cristo esta reflejada en mi vida?, ¿Soy digno de llamarme cristiano?, son preguntas que lejos de desanimarnos, nos deberían de llevar a la reflexión que como resultado de una cambio radical en nuestra manera de vivir.

Cuando venimos a Cristo decidimos ponerle fin a la vida desordenada que llevábamos, esa vida llena de pecado, la cual nos estaba alejando de la vida eterna, pero desde el momento que le entregamos nuestra vida al Señor decidimos comenzar a seguirlo, comenzar a imitar sus pasos, a ser guiados por el Espíritu Santo y a utilizar su Palabra como una lumbrera para nuestro camino. A la vez renunciamos al pecado y decidimos hacer un compromiso con Dios de vivir en santidad.

Amados, es momento de reflexionar como esta nuestro compromiso con Dios, ¿Realmente estamos cumpliendo sus expectativas?, ó ¿Estamos dejando mucho que desear?, no se trata de desanimarnos en el camino, ni mucho menos rendirnos al hecho de querer ser fieles y vivir en santidad.Por circunstancias de la vida ese compromiso se querrá romper, ya que nos enfrentaremos con situaciones que querrán manchar nuestro caminar, pero que lindo seria que en esos momentos de conflicto interior en donde esta la elección de fallar o mantenerte en santidad, puedas recordar que un día dijiste NO AL PECADO y si a la VIDA QUE CRISTO TE OFRECIA.

Se trata de recordar que TODO lo podemos en Cristo que nos fortalece, se trata de recordar que jamás seré tentado más de lo que pueda soportar, se trata de recordar que Dios nunca pondrá una carga sobre mi que no pueda llevar, se trata de recordar que un día pedimos perdón por nuestros pecado y por ende decidimos comenzar a vivir una vida de santidad.

Santidad es apartados del pecado y consagrados para Dios, no que te vayas a poner detrás de vidrio y no salir de ahí porque ahora eres santo, no, se trata de que cada día de mi existir sea motivo de recordar el compromiso que tengo de vivir santa y piadosamente como Dios anhela que lo haga.

No permitas que el pecado manche el diploma que está preparado para ti, el día de tu graduación en el cielo, no permitas que momentos de placer arruinen tu corana, nada en este mundo vale la pena como para obviar la vida eterna preparada para aquellos que perseveren hasta el fin (Mateo 10:22).

Autor: Enrique Monterroza

Adoración

 Lo que no es la adoración.

 No es “sólo es música y canciones”. Todas las partes de la reunión son un acto de adoración: la oración, la lectura de la Biblia, el canto, el silencio, la predicación, las ofrendas, la Santa Cena, etc.

 No es un “estilo de música”: si la canción es movida se la llama “alabanza”, si es lenta se la llama “adoración”. Esto también es un error. La adoración no tiene nada que ver con el estilo, el volumen o el ritmo de una canción. Con cualquier estilo o ritmo podemos adorar a Dios, porque no existe un estilo “bíblico” de adoración. El secreto es hacerlo “en espíritu y en verdad”.

No es “cerrar los ojos o levantar las manos”;  No es el momento “aburrido de la reunión”;  No es un relleno hasta que todos llegan;  No es repetir palabras mecánicamente;  No es exclusiva del ministerio de alabanza;  La adoración no es el “ritual del domingo” (Isaías 29:13), es pasión y compromiso por y con Dios.

 La adoración no es para nuestro propio beneficio: “Hoy me gusto mucho la adoración”; “Hoy la adoración fue muy lenta y aburrida”; “Me encanta la alabanza. Qué bien dirige el director y cómo tocan los músicos”; “La gente se duerme en la adoración”; “Hoy no recibí nada en la adoración”; Le faltó vida. Hoy sentí que le faltó vida. Estuvo medio aplastado”; “¡Cuándo va a terminar! ¡Cuándo va a terminar! ¡Me quiero ir a mi casa!”.

Todos estos conceptos están equivocados, son un error. ¡La adoración no es para ninguno de nosotros, la adoración es para Dios! ¡Es para complacerlo y agradarlo a Él! No nos cantamos ni nos adoramos a nosotros mismos, todo es para Él.

 Qué es la adoración.

Es una expresión de amor al Señor (Mt.22:37).

Es tener hambre por la presencia de Dios. (Sal.84:1-2, 4, 16:11).

Es un estilo de vida.

¿Eres un adorador?

Juan 4:23-24  Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.  Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.

Fuente: devocionaldiario.org

El valor de las pequeñas cosas

Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como éste, a mí me recibe. Mateo 18:5.

¡Jamás menosprecies el valor de un niño! Puede parecer frágil, insignifi­cante, desvalido, pero encierra, dentro de sí, un potencial que el tiempo se encargará de revelar. Cuando el Señor Jesús nació en un humilde pesebre, ¿quién se atrevería a pensar que ese humilde niño dividiría la historia del mundo? ¿Cómo aquel pequeño ser haría temblar la fuerza de las tinieblas? Pero, así son las cosas en el Reino de Dios: parecen pequeñas, pero encierran el potencial que Dios coloca en todo lo que hace.

Pero, el texto de hoy dice más. Aquí, Jesús afirma que, si recibes a un niño en su nombre, en realidad lo recibes a él mismo. ¿Qué significa esto? Que es necesario dar oportunidades a los más débiles; que no hay que apresurarse a descartar a quienes cometen errores; que no hay que sentenciar a las perso­nas, sin darles la oportunidad de empezar de nuevo.

Cuando yo era niño, constantemente cometía errores; algunos por inca­pacidad, otros de propósito. Pero, tuve padres y maestros que creyeron en mí y me dieron una nueva oportunidad; me enseñaron, invirtieron tiempo en mostrarme el camino, y me extendieron la mano cuando lo necesitaba.

En cierta ocasión, me encontré con uno de esos maestros, en California. El tiempo lo había golpeado, inclemente: había envejecido, ya no me parecía tan grande ni tan alto, como cuando yo era un simple adolescente. Pero, to­davía me impresionaba la nobleza de su espíritu, y en mi memoria renacía, vívidamente, el recuerdo del día en que tomó de mis manos el trabajo de redacción, mal realizado, que yo había preparado, me miró a los ojos y, con voz cariñosa, me dijo: “Voy a hacer de cuenta que tú nunca escribiste esto. Pero, quisiera que tú creas que eres capaz de escribir algo mejor”.

Aquel día, él no tenía la más mínima idea de que yo, un día, llegaría a escribir bastante… ¿O la tendría? No lo sé. Pero, recuerdo que la confianza que depositó en mí me hizo creer que yo podía, si me colocaba en las manos de Dios.

¿Podrías hoy dar la oportunidad a alguien más frágil que tú y que ne­cesita de tu ayuda? ¿Serías capaz de recibir al que falló, como se recibe a un niño? Sal para enfrentar tus deberes diarios, hoy, recordando las palabras del Maestro: “Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como éste, a mí me recibe”.

Fuente:reflexiones-cristianas.org

Dios te está llamando

No hay peor estado en la vida que vivir a contramano de Dios. Que Dios se nos resista en nuestro camino porque no estamos obedeciendo a su voz y a su llamado. Parece que toda la vida se nos vuelve en contra porque Dios nos manda hacia una dirección y nosotros vamos hacia otra.

De esto tiene mucho para contarnos el profeta Jonás, quien fue llamado por Dios para que se dirigiera hacia Nínive a llamar a esa ciudad al arrepentimiento y él se hizo el distraído y se fue en dirección contraria. Intentó escaparse de Dios, pero no podemos ocultarnos de él. Todos sabemos lo que ocurrió, cuando se desató la tormenta en el barco en que viajaba y finalmente, ya en el agua fue tragado por una ballena.

Es muy peligroso caminar fuera de la voluntad de Dios. Sobre todo cuando él nos ha elegido para cumplir con una tarea para sus nobles propósitos. Dios siempre estuvo llamando a los hombres para llevar adelante sus planes.

Llamó a Noé para no destruir a toda la humanidad, a Abraham para levantar su pueblo, a José para salvar a Israel de la destrucción, a Moisés para liberarlo de la esclavitud, y a Gedeón para darle victoria frente a sus enemigos. Llamó a Samuel para que sea su sacerdote, a David para que sea rey y a profetas como Elías, Eliseo, Ezequiel y Jeremías para llamar al arrepentimiento al pueblo de Dios.

Dios nos diseñó para cumplir con un propósito, cada uno de nosotros fue diseñado de manera única, formado para hacer ciertas cosas. Antes que Dios te hiciera decidió qué rol quería que jugaras en la Tierra. Por eso Pablo le dice a los Efesios que “nos escogió en él antes de la fundación del mundo, habiéndonos predestinado” (Efe.1:4).

Él planeó con exactitud cómo quería que lo sirvieras, y te formó para esa tarea. Eres de la manera que eres, porque fuiste hecho para un ministerio específico. Y Dios usa todo eso para formarte, para que ministres a otros, y te forma para servirlo a Él. Dios no desperdicia nada.

Pienso en la vida de José que, que debió atravesar por tantas crisis y situaciones incomprensibles, hasta que finalmente fue exaltado y pudo reconocer que cada hecho en su vida había sido parte de un plan perfecto de Dios. O en Moisés, que desde que nació fue predestinado para transformarse en el líder que llevara al pueblo de Dios desde la esclavitud a la tierra prometida. Pero él recién encontró el sentido a sus contradicciones cuando fue llamado por Dios desde una zarza en el desierto.

El llamado nos llega cuando Dios determina que es el momento de llevarlo adelante. Esto lo entendió Pablo quien le escribió a los Gálatas: “Cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia”. Y cuando un hijo de Dios, escogido por Dios para una tarea específica, comienza a llevarla adelante en el tiempo determinado por Dios, con el respaldo del Espíritu Santo, su vida lleva un fruto abundante.

Ser llamado requiere compromiso. Un cristiano que no entiende su llamado no se compromete. No encuentra una motivación para esforzarse. Piensa que otros tienen que hacerse cargo, ellos sólo van a la iglesia para recibir bendición, pero no encuentran otro sentido de la vida cristiana. Otros salen a predicar, ellos no. Otros se preocupan por aprender, ellos no. Otros toman la carga de visitar a los están con necesidad, ellos no.

¡Qué distinto es encontrar a un cristiano que reconoce su llamado! Como Jeremías, los llamados tienen un fuego interior que no se puede apagar. Los llamados son los primeros en decir “envíame a mí” al Señor. Los llamados dejan todo por servir al Señor. Los llamados no se detienen hasta terminar la obra.

¿Por qué tengo que responder a su llamado? Porque sabemos que somos de Dios y el mundo está bajo el maligno, porque las multitudes están hambrientas y desamparadas, y porque el tiempo es corto y los campos están blancos para la ciega
Dios te llama una vez más. Dice “Hijo, ve hoy a trabajar a mi viña. Yo voy a capacitarte y darte las fuerzas para que termines la tarea”.

Dile que sí al Señor y vive en el gozo de cumplir el propósito para el que fuiste soñado por Él.

Fuente: Pastor Roberto Vilaseca. Iglesia Cristiana Fuente de Vida