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	<title>Reflexiones Cristianas - Predicas, videos Cristianos &#187; autosuficiencia</title>
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		<title>Auto-Suficiencia</title>
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		<pubDate>Sat, 14 Nov 2009 16:13:07 +0000</pubDate>
		<dc:creator>LucianO</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<div id=HOTWordsTxt name=HOTWordsTxt><p style="text-align: justify;">En nuestro caminar cristiano hay una cosa muy sutil que hace que nos deslicemos del Señor casi sin darnos cuenta: La autosuficiencia.</p>
<p style="text-align: justify;">A menudo este desliz es casi imperceptible; de pronto nos es muy fácil recurrir a lo que ya sabemos, a lo que conocemos o a lo que nuestros sentidos nos dicen que es seguro. Cosas donde antes operaba en nosotros el temor de Dios, y nos hacía detenernos, ya no lo consideramos necesario.</p>
<p style="text-align: justify;"><img class="alignleft" src="http://www.eslahora.org/wp-content/autosuficiencia-grande.jpg" alt="Autosuficiencia" width="300" height="260" />Recuerda cuántas veces no aceptábamos un trabajo pensando que nos iba a robar de congregarnos o de dedicarnos a servir al Señor… y Dios se encargaba de suplir nuestras necesidades de una manera sobrenatural. Nuestro corazón estaba tierno y dependiente del Señor.</p>
<p style="text-align: justify;">De pronto nos encontramos tomando decisiones en automático—porque las consideramos convenientes, sin saber si es o no la voluntad de Dios. Luego que probamos que aquello nos produce algún tipo de satisfacción, la carne nos asegura que no hay tanta necesidad de una dependencia del Señor; nuestra razón o nuestra fuerza es suficiente.</p>
<p style="text-align: justify;">A veces llegamos a extremos donde, sin darnos cuenta, empezamos a ver la dependencia del Señor como un yugo. Llegamos a la conclusión que no hay necesidad de buscarle tanto, que somos capaces de tomar decisiones por nosotros mismos.</p>
<p style="text-align: justify;">Este fue el pecado de Adán y Eva: No necesito preguntarle a Dios, mi razón es suficiente. Fue así como se dieron cuenta que estaban desnudos.</p>
<p style="text-align: justify;">El ejemplo de Moisés en la Escritura es muy claro. Dios le había salvado desde niño para ser el libertador de su pueblo. Fue educado en la casa de la hija de Faraón, en lo mejor de la sabiduría egipcia. Un día vio a uno de sus hermanos ser maltratado y tomó la justicia en su propia mano dando muerte a un egipcio y escondiéndolo. Uno de los hebreos le reclamó: ¿Quién te ha puesto a ti por juez entre nosotros? Al verse descubierto, huyó al desierto. Ahí vivió por 40 años, su única alternativa fue trabajar como pastor de las ovejas de su suegro, Jetro.</p>
<p style="text-align: justify;">En el desierto la sabiduría de Egipto ya no era necesaria; la inteligencia y la elocuencia no significaban nada para un pastor de ovejas. Durante ese tiempo Dios le vació de todo, hasta que se encontró frente al fuego de Dios. El gran “Yo Soy” se le apareció en una zarza ardiente. A partir de ese encuentro y varios otros, todo su ser entró en una dependencia absoluta de Dios. La voz de Dios era suficiente. El propósito y plan de Dios eran lo único que contaba.</p>
<p style="text-align: justify;">La dependencia de Dios es necesaria porque Dios ha determinado incluir al hombre en sus propósitos. Aquellos que se mantienen en una dependencia con él, a éstos les revelará sus propósitos y les hará parte de sus planes.</p>
<p style="text-align: justify;">Lo que quiero subrayar es que necesitamos depender de Dios, no para que nos vaya bien, no para nuestro beneficio (aunque obviamente seremos bendecidos y nos irá bien), sino porque los planes de Dios necesitan realizarse y el mundo necesita ver sus obras.</p>
<p style="text-align: justify;">Jesús, nuestro máximo ejemplo, dijo de sí mismo:</p>
<p style="text-align: justify;">Les aseguro que el Hijo de Dios no puede hacer nada por su propia cuenta; solamente hace lo que ve hacer al Padre. Todo lo que hace el Padre, también lo hace el Hijo.	Juan 5:19 DHH</p>
<p style="text-align: justify;">Yo no puedo hacer nada por mi propia cuenta. Juzgo según el Padre me ordena, y mi juicio es justo, pues no trato de hacer mi voluntad sino la voluntad del Padre, que me ha enviado.	Juan 5:30 DHH</p>
<p style="text-align: justify;">Me puedo imaginar como es que Jesús obedecía: Llegó el tiempo de hacer milagros, e hizo milagros; sanaba a quienes Dios le decía que sanara; se iba de lugares cuando Dios le indicaba; enseñaba cuando Dios le mostraba que la gente necesitaba enseñanza; entregó su vida cuando el Padre determinó que era el tiempo para morir. Nos mostró al Padre en la manera que necesitaba mostrarlo.</p>
<p style="text-align: justify;">¡Cómo necesita el mundo ver esta clase de hombres, canales vivos a través de quienes él manifestará sus maravillas! Son aquellos a quienes Dios habla y le oyen, desde las más insignificantes órdenes hasta las más grandes y fuertes obras que Dios tiene en mente: Vayan a tal lugar—y lo hacen. —Oren por tal persona—y lo hacen. —Liberen del poder del enemigo a mi pueblo; protejan a mis escogidos—y lo hacen. Dios les dice que es tiempo de orar y oran, que es tiempo de ir y compartir las buenas nuevas y van. Ellos ajustarán su vida a la voluntad del Señor, no dejarán caer a tierra ninguna de sus palabras.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://pedrophablo.wordpress.com/2008/09/02/el-triunfo-de-la-voluntad/" target="_blank">Foto</a>, <a href="http://en-el.org/blog/?p=563" target="_blank">Texto</a></p>
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