Este título en letras grandes que me deja con la mente divagando hacia tantas situaciones específicas, complejas, emocionantes, difíciles, desafiantes, secretas, ambiciosas, y demás que enfrentamos en la vida. Todos tomamos instante a instante decisiones que afectarán el curso de nuestros días, y más allá de buscar cuál es la alternativa correcta en cada caso, la pregunta acerca de la voluntad de Dios me parece sencillamente fascinante.
Tan gran pregunta debiera llevarnos a la consciencia de cuán importante es incluirnos en los planes de Dios. No obstante, lo que generalmente decimos, con muy buena intensión, es que deseamos incluir a Dios en nuestros planes. Pero Dios no es alguien ni algo que cabe, encaja, se mete o limita a nuestras grandes ideas. Por el contrario, Él ha diseñado tu proyecto de vida (Efesios 2:10) y espera que tú te ajustes a su plan de acción.
Esta es la primera lección: si quieres conocer la voluntad de Dios, es para someterte a ella.
Por supuesto, para conocer el proyecto de Dios, la mejor fuente de información (y cuando digo mejor, me refiero a la única en su clase) es la Biblia. Si queremos conocer el deseo de Dios para nuestra vida, entonces es evidente que debemos partir de la revelación divina; en ella encontramos lo que definitivamente sabemos, con seguridad, que es la voluntad de Dios. Este es el fundamento seguro (II Pedro 1:19-21).
Esta es la segunda lección: si quieres conocer la voluntad de Dios, comienza conociendo la Biblia.
Lógicamente, al llegar a este punto, inmediatamente reaccionamos pensando en que no encontramos en el texto bíblico las soluciones a dilemas como “¿Qué carrera voy a escoger?”, “¿Debo invertir en este negocio?”, “¿Acaso será ella la mujer para mí?” y muchas otras. Es verdad. Entonces, ¿qué? ¿Por eso vas a tirar a un lado la Palabra de Dios? Podría ser… siempre y cuando lo que más te interese sea tener respuestas a tus preguntas y no conocer al Dios único y verdadero. Si lo único que buscas son soluciones, entonces sí, tírala. Sin embargo, si has comprendido que el propósito de tu vida es conocer a Dios y darlo a conocer, y esta es la prioridad de tus días, entonces, sigue leyendo.
Esta es la tercera lección: si quieres conocer la voluntad de Dios, no pierdas de vista que se trata de conocerlo a Él y no de obtener respuestas para ti.
Howard Andruejol – www.elbunker.net