Dar para recibir

Hubo una vez un limosnero que estaba tendido al borde del camino cuando vio a lo lejos venir al rey con su corona, su capa y sus seguidores.

En eso pensó: “Le voy a pedir, porque los reyes son generosos y de seguro me dará siquiera lo necesario para vivir el día de hoy”. Y cuando el rey pasó cerca, le dijo: “Su majestad, ¿me podría por favor regalar una moneda?” Aunque en su interior pensaba que el rey le iba a dar mucho más.

Pero con gran sorpresa suya el rey le miró y le dijo: “¿Por qué no me das algo tú? ¿Acaso no soy yo tu rey?” El mendigo no sabía que responder a la pregunta y dijo: “Pero su majestad, ¡yo no tengo nada, soy pobre!”. El rey respondió: “Algo debes de tener. ¡Busca!”.

En su asombro, el mendigo buscó entre las cosas de su pobre morral, y se dio cuenta que solo tenía 5 granos de arroz para comer ese día. Pero se los dio complacido al rey, imaginándose que sus familiares nunca le creerían cuando les dijera que él había socorrido nada menos que al rey.

Complacido el rey dijo: “¡¿Ves como sí tenías?!” Y le dio 5 monedas de oro, una por cada grano de arroz.

El mendigo dijo entonces: “Su majestad, creo que acá tengo otras cosas”, pero el rey le dijo: “Solamente de lo que me has dado de corazón, te puedo yo dar”.

Es fácil en esta historia reconocer como el rey representa a Dios, y el mendigo a nosotros. Notemos que el mendigo aún en su pobreza intenta socorrer al rey cuando éste se lo pide.

Ocasionalmente, Dios nos pide que le demos algo para así demostrarle cariñosamente que somos sus hijos y él es el Padre bueno. Unas veces nos pide ser humildes, otras ser sinceros o no ser mentirosos. Nos negamos a darle a Dios lo que nos pide, pues creemos que no recibiremos nada a cambio, sin pensar en que Dios devuelve el ciento por uno.

No sé qué te pida Dios en este momento. No lo sé. Solamente sé, que por lo que le des, te devolverá mucho más, y recuerda no darle solamente unos pocos granos, dale todo lo que tengas, pues sinceramente, VALE LA PENA.

Autor desconocido

Careta de santidad

Después de que Dios terminó de explicarle a Moisés cómo debían ofrecerse las ofrendas ( Lev 6:8 al 7:38), y después que Aarón y sus hijos fueran consagrados a Dios como sacerdotes y ofrecieran sus primeros sacrificios delante de Él (capítulo 9) sucedió algo inesperado. Algo que no debería haber sucedido nunca.

¿Qué hicieron Nadab y Abiú delante de Dios? (10:1). Nadab y Abiú eran sacerdotes de Dios ¡pero solo en apariencia! Ellos tenían todo el aspecto exterior de sacerdotes. Cualquiera que los miraba podía identificarlos fácilmente: Pertenecían a la familia de los sacerdotes; Habían sido escogidos y ungidos como sacerdotes; Vestían las túnicas blancas sacerdotales, símbolo de pureza y santidad; Habían puesto sus manos sobre la cabeza del animal del sacrificio identificándose con él; Ofrecieron ofrendas delante de Dios en el Tabernáculo.

¡Eran privilegiados entre todo el pueblo al poder servir a Dios! Podían hacer lo que millares del pueblo jamás llegarían a hacer. Ocupaban un lugar de honor y privilegio ¿quién podía dudar de ellos?

Pero el corazón de Nadab y Abiú no era santo. Ellos tenían toda la apariencia de la santidad pero no lo eran en absoluto.

Dentro del Tabernáculo de Dios ofrecieron un fuego extraño. Le ofrecieron a Dios un tipo de ofrenda que Él nunca les había mandado ofrecer. Probablemente, ambos estaban pasados de alcohol y quisieron “jugar a ser sacerdotes”. ¡Pobres tipos! No tuvieron en cuenta que Dios no juega con las cosas santas.

El final ya lo conoces. Piénsalo. ¿Cómo estás viviendo? ¿Con apariencia de cristiano dentro de la iglesia o como un adolescente y joven auténticamente comprometido con Jesús aún fuera de las “blancas paredes“?

¿O tu ofrenda es un “fuego extraño” de desobediencia, de quejas y enojos, de pecados ocultos, de mezclar lo santo con el mundo, de apariencias?¿Estás ofreciendo delante de Dios las ofrendas que Él desea recibir: gratitud, confesión sincera de pecados, alabanza y adoración, sujeción a tus autoridades, oración, fe en su Palabra?

¿Valoras el privilegio que tienes de ser un hijo de Dios y un sacerdote delante de Él? ¿Valoras el privilegio de poder servirlo? ¿Lo sirves con un corazón limpio y agradecido? ¿Renunciarías a tus “apariencias” para comprometerte totalmente con Él?

Extracto del libro: “Desafíos Para Jóvenes y Adolescentes: Éxodo/Levítico”. Por Edgardo Tosoni

El propósito de Dios

Había una vez un campesino chino, pobre pero sabio, que trabajaba la tierra duramente con su hijo. Un dia el hijo le dijo: Padre, que desgracia! Se nos ha ido el caballo. ¿Por que le llamas desgracia? respondio el padre, veremos lo que trae el tiempo…

A los pocos días el caballo regreso, acompañado de otro caballo. ¡Padre, que suerte! exclamo esta vez el muchacho. Nuestro caballo ha traido otro caballo. -¿Por que le llamas suerte? – repuso el padre – Veamos que nos trae el tiempo.

En unos cuantos días mas, el muchacho quiso montar el caballo nuevo, y este, no acostumbrado al jinete, se encabrito y lo arrojo al suelo. El muchacho se quebro una pierna. -Padre, que desgracia! – exclamo ahora el muchacho -. Me he quebrado la pierna! Y el padre, retomando su experiencia y sabiduria, sentencio: -Por que le llamas desgracia? Veamos lo que trae el tiempo!

El joven comprendió entonces que nunca hay que dar ni la desgracia ni la fortuna como absolutas, sino que siempre hay que darle tiempo al tiempo, para ver si algo es malo o bueno.El muchacho no se convencia de la filosofia del padre, sino que gimoteaba en su cama. Pocos dias despues pasaron por la aldea los enviados del rey, buscando jovenes para llevarselos a la guerra. Vinieron a la casa del anciano, pero como vieron al joven con su pierna entablillada, lo dejaron y siguieron de largo.

Lo mejor es esperar, pero sobre todo confiar en DIOS, porque todo sucede con un propósito positivo para nuestras vidas de acuerdo a su plan infinito….. Gloria a Dios!!!

Fuente: ungidos.com

Lo que Dios cree de ti

Es indispensable que tengamos una idea clara de quién es nuestro Dios. Tú tienes que saber que Dios no es aburrido; Juan decía que Dios es amor, eso quiere decir que todo lo hace por amor, y si te dice que no hagas algo, es porque te ama. Pecar es algo tonto, porque si El no quiere que vayas por ese lado, es porque quiere lo mejor para ti.

Un niño llegó a su colegio y vio que había un rótulo donde decía que llegaría un circo. El niño llegó tan contento a su casa pidiéndoles a sus padres insistentemente que lo llevaran. Al llegar el día, se levantó muy temprano y fue a levantar a sus padres. Ellos le dieron una moneda y salió corriendo al lugar. En ese tiempo, el circo hacía primero una presentación, para luego llevarlos al show principal.

El niño llega a primera fila y se emociona al ver todos los animales y malabaristas. Se emocionó tanto que se le olvidó que en ese momento sólo era un desfile y que todavía no era el show.Al ver un payaso, le dio la moneda, y se regresó a su casa. Este niño pensó que ahí era el circo, se conformó con lo que había visto; se perdió el verdadero show.

Así hay muchos cristianos que se pierden el verdadero show que Cristo tiene para sus vidas. Porque piensan que es sólo de ir a la iglesia y de portarse bien.

Dios quiere que lo disfrutes, pero para eso, tienes que saber que tienes un Dios amoroso. ¿Se parece tu Dios a Jesús? El dijo: “El que me conoce a mí conoce a mi Padre”. 

Cuando Dios te observa, ¿qué piensa, qué siente al verte? Hoy quiero que sepas lo que Dios piensa de ti.

Primero: Eres alguien que Dios ama. 

Juan 3:16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Este es el milagro más grande que se hizo en este mundo por ti. Porque de tal manera Dios te amó a ti, que dio a su hijo para que fueras salvo. Piensa que Dios te ama, eres alguien por quien Cristo murió en la cruz del calvario de manera especial. Decídete a vivir como alguien amado por el ser más maravilloso e importante del Universo.

Segundo: Tú fuiste comprado.

El pecado original es de nacimiento. En consecuencia, éramos pecadores desde que venimos al mundo; es por eso que Dios mandó a Jesucristo para salvarnos. Satanás decía que tú y yo éramos de su propiedad, pero Dios reclamó a sus hijos, y pagó con la sangre de Cristo. Dios cuida de ti, porque te compró a un precio muy alto. Eres propiedad de Dios, El nos compró, por eso debemos comportarnos como personas valiosas.

Tercero: Somos hijos de Dios.

Pablo hacía énfasis en el gran amor de Dios. Pero muchos cuando pensamos en la imagen de un padre, lo que viene a nosotros es la de nuestro padre terrenal, en cómo él ha sido, pero tu Padre del cielo no es como el de la tierra, porque el ser humano es pecador.

Dios está más interesado en bendecirnos que nosotros mismos, porque tienes un padre bueno y amoroso. Tú tienes que decirle al diablo que se cuide, porque tienes un padre poderoso. Nosotros somos hijos del Dios viviente, vamos a vivir como hijos de Dios, a representarlo muy bien.

Cuarto: Dios te escogió.

El mira tus sueños, tus proyectos. Efesios 1:4 Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él.

El te quiere para alabanza de su gloria. Cuando te concibieron tus padres, tú fuiste,  ganaste esa carrera, esa fecundación del óvulo. Entre muchos, tú fuiste el vencedor. Tal vez tus padres no te planearon, decían que eras un error, un descuido, una confusión, pero si tú estás aquí ahora, es porque Dios te planeó. Dios no comete errores, tú no fuiste un error, eres alguien que Dios ama, que ha sido comprado por un precio alto, fuiste escogido para una misión muy grande.

Yo soy siervo del Señor desde que tengo 16 años. El me escogió por misericordia, y como me escogió a mí, te ha escogido a ti, porque tú eres un representante de tu Padre Celestial. Mira tu mano, tiene huellas digitales, nadie tiene ni tendrá las mismas. Eso es maravilloso, porque eres único, especial, porque puedes dejar una marca que nadie más puede, representar a Dios como nadie más lo puede lograr.

Debes estar consciente que has sido escogido para la misión más espectacular de la tierra. Que has sido llamado para hacer una diferencia; estás aquí con un propósito, debes tener una visión sublime, vas a dejar una marca que nadie más pueda dejar.

Dios te ama, y te ha comprado, eres su hijo y te ha escogido para dejar una marca.

¿Qué expectativas tienes de lo que Dios va hacer contigo? Porque tu fe condiciona la obra de Dios en tu vida.

Salmo 34: 8 Gustad, y ved que es bueno Jehov á. Dichoso el hombre que confía en él.


Fuente: Lucas Leys.-  www. avanzapormas.com

Esperando la Resurrección

Viernes santo.  Un día triste para los seguidores de Jesús. Su madre, sus hermanos, quienes habían seguido sus pasos. El día apenas comenzaba y todo se preparaba para su muerte. Imagino que nadie entendía lo que estaba sucediendo, habría gran convulsión, tristeza … era un día gris. Todo en ese tiempo era confuso.

Cuáles eran las expectativas de sus discípulos? Acaso esperaban verlo morir delante de sus enemigos? Que  no había hecho Jesús suficientes milagros y sanidades como para salvarse Él? ¿Qué estaba pasando?? Woww,  era tan extraño en ese momento.

Hoy conocemos el resto de la historia! Gloria a Dios por eso! Hoy sabemos que todo sucedió para que se cumpliera lo que estaba escrito. El plan de Dios estaba completo, “¡Consumado es!” exclamó Jesús (Jn 19.30). Ya nada impediría que nos acerquemos al padre.

Jesús venció. Él descendió al infierno, predicó a los muertos y arrebató al diablo las llaves de la muerte (Ap 1:18). Muchos siglos atrás, ¡Este fue el día de la gran victoria!!Jesús venció. Fue obediente hasta su muerte, soportó el dolor y la sed por cumplir con lo que su Padre le había encomendado.

Hoy es un día especial para reflexionar, no dejes de tomarte un momento. Piensa en el amor inmenso de Dios, su plan perfecto, el sacrificio de Jesús para que tú tengas vida eterna. Él se llevó todo pecado sobre tu vida, toda acusación, todo dolor físico… si, incluso esa migraña, todo malestar en tu corazón y en tu mente! No es tremendo?!?

Si no lo hiciste ya, comienza a disfrutar de la vida abundante que Dios tiene preparada para vos. Jesús ya pagó el precio.

Adoración

 Lo que no es la adoración.

 No es “sólo es música y canciones”. Todas las partes de la reunión son un acto de adoración: la oración, la lectura de la Biblia, el canto, el silencio, la predicación, las ofrendas, la Santa Cena, etc.

 No es un “estilo de música”: si la canción es movida se la llama “alabanza”, si es lenta se la llama “adoración”. Esto también es un error. La adoración no tiene nada que ver con el estilo, el volumen o el ritmo de una canción. Con cualquier estilo o ritmo podemos adorar a Dios, porque no existe un estilo “bíblico” de adoración. El secreto es hacerlo “en espíritu y en verdad”.

No es “cerrar los ojos o levantar las manos”;  No es el momento “aburrido de la reunión”;  No es un relleno hasta que todos llegan;  No es repetir palabras mecánicamente;  No es exclusiva del ministerio de alabanza;  La adoración no es el “ritual del domingo” (Isaías 29:13), es pasión y compromiso por y con Dios.

 La adoración no es para nuestro propio beneficio: “Hoy me gusto mucho la adoración”; “Hoy la adoración fue muy lenta y aburrida”; “Me encanta la alabanza. Qué bien dirige el director y cómo tocan los músicos”; “La gente se duerme en la adoración”; “Hoy no recibí nada en la adoración”; Le faltó vida. Hoy sentí que le faltó vida. Estuvo medio aplastado”; “¡Cuándo va a terminar! ¡Cuándo va a terminar! ¡Me quiero ir a mi casa!”.

Todos estos conceptos están equivocados, son un error. ¡La adoración no es para ninguno de nosotros, la adoración es para Dios! ¡Es para complacerlo y agradarlo a Él! No nos cantamos ni nos adoramos a nosotros mismos, todo es para Él.

 Qué es la adoración.

Es una expresión de amor al Señor (Mt.22:37).

Es tener hambre por la presencia de Dios. (Sal.84:1-2, 4, 16:11).

Es un estilo de vida.

¿Eres un adorador?

Juan 4:23-24  Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren.  Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.

Fuente: devocionaldiario.org

¿Cómo lidio con el estrés?

Jesucristo constantemente estuvo bajo presión. Sufrió presiones de tiempo; rara vez gozó de privacidad; siempre lo interrumpían; las personas, en repetidas ocasiones, lo malinterpretaron, lo criticaron y lo ridiculizaron. Experimentó tal clase de estrés que hubiera hecho claudicar a cualquiera de nosotros.

No obstante, al considerar la vida de Cristo, rápidamente descubrimos que permaneció en paz aun bajo presión. Nunca estuvo en apuros. Siempre estaba calmado. Poseía una tranquilidad en su vida que le permitía lidiar con el exceso de estrés. ¿Cómo logró hacer esto con tanto éxito? Él fundamentó su vida sobre las bases firmes del manejo del estrés. Si lográramos entender y aplicar estos principios a nuestras vidas, podríamos experimentar menos estrés y más tranquilidad emocional.

Identifícate: Conoce quién eres

Jesús declaró: «Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida» (Juan8:12). «Yo soy la puerta» (10:9); «Yo soy el camino, la verdad, y la vida» (14:6); «Yo soy el buen pastor» (10:11); «Yo soy el Hijo de Dios» (10:36). ¡Cristo sabía quién era!

El primer principio para controlar el estrés en tu vida es éste: Conoce quién eres. Este es el principio de la identidad. Jesús dijo: «Yo sé quién soy. Yo mismo me testifico». Esto es de suma importancia en el manejo del estrés porque si no sabes quién eres, otro tal vez te lo dirá, desde su propia perspectiva. Si ignoras tu identidad, permitirás que otros te manipulen y presionen para que seas alguien que no eres.

Mucho del estrés que experimentamos en la vida viene como resultado de portar una careta, de no ser genuinos con los demás, de vivir una vida doble o de aparentar ser alguien que en verdad no somos. La inseguridad siempre ocasiona presión en nuestras vidas, y cuando estamos inseguros nos sentimos obligados a actuar y a adaptarnos. Establecemos estándares irreales para nuestras vidas y a pesar de que luchemos, luchemos y luchemos, nos quedamos cortos. Naturalmente, la tensión y la presión son el resultado.

La primera manera de controlar el estrés en mi vida es adquirir un equilibrio interno en cuanto a lo que soy. Y sé quien soy cuando sé a quién pertenezco. Soy hijo de Dios. No fui puesto en la tierra por accidente, sino con un propósito. Dios me ama profundamente. Soy acepto ante Dios. Él tiene un plan para mi vida, y debido a que me creó, soy de mucho valor. Y como él lo puso aquí, eres significativo. Para poder lidiar con el estrés, necesitas saber quién eres. Y hasta que logre controlar este asunto, la inseguridad te va a presionar.

Dedícate: conoce a quién tratas de agradar

El segundo principio del manejo del estrés en la vida de Cristo se halla en Juan 5:30: «Yo no puedo hacer nada por mi propia cuenta; juzgo sólo según lo que oigo, y mi juicio es justo, pues no busco hacer mi propia voluntad sino cumplir la voluntad del que me envió».

Este es el principio: Conoce a quién tratas de agradar. Entiende que no puedes agradar a todo el mundo, porque en tanto lo logres con un grupo, otro se disgustará contigo. ¡Ni aun Dios se dedica a agradar a todo el mundo, de modo que es vano procurar hacer algo que ni siquiera él hace!

Jesús sabía a quién intentaba agradar; para él eso era un asunto contundente: «Yo voy a agradar a Dios Padre». Y el Padre respondió: «Éste es mi hijo amado; estoy muy complacido con él» (Mateo 3:17).

Cuando uno no conoce a quién está tratando de agradar, se rinde ante tres cosas: la crítica (porque le afecta lo que otros piensen de su persona), la rivalidad (porque le preocupa que otro le lleve la delantera), y el conflicto (porque se siente amenazado cuando alguien discrepa de uno).

Si busco primeramente el reino de Dios y su justicia, entonces todas las demás cosas necesarias de la vida me serán añadidas (Mateo 6:33). Esto significa que si me dedico a agradar a Dios, eso simplificará mi vida. Siempre haré lo correcto, aquello que agrade a Dios, a pesar de lo que piensen los demás.

Nos encanta atribuirles a otros, la causa de nuestro estrés: «Tú me obligaste…», «Debo…» «Tengo que…» En realidad, hay pocas cosas en la vida (sin mencionar el empleo) que tenemos que hacer. Cuando decimos: «Tengo que hacerlo», «Debo hacerlo», «Necesito hacerlo», realmente estamos diciendo «Escojo hacerlo, porque no deseo pagar las consecuencias», difícilmente podrá alguien obligarnos a hacer algo, de manera que no podemos culpar a otro de nuestro estrés. Cuando nos encontramos bajo presión, decidimos permitir que otros nos presionen. No somos víctimas a menos que permitamos que las exigencias de los demás nos presionen.

Organízate: conoce lo que tratas de lograr

Aquí tenemos el tercer principio de Jesucristo para lidiar con el estrés: «Aunque yo sea mi propio testigo mi testimonio… es válido, porque sé de donde he venido y a dónde voy» (Juan 8:14). El principio es este: Conoce lo que tratas de lograr. Cristo declaró: «Sé de donde he venido y a dónde voy». A menos que planifiques tu vida, y fijes prioridades, experimentarás la presión de lo que otros consideren importante.

Todos los días vives de acuerdo a las prioridades o a las presiones. No hay otra opción. O decides lo que es importante para tu vida o permitirás que otros te lo dicten. Estableces las prioridades o vives con las presiones.  Es muy fácil actuar bajo la tiranía de la urgencia, llegar al final del día y reflexionar: «¿Habré logrado algo realmente? Gasté mucha energía e hice muchas cosas pero, ¿logré hacer algo importante?». Estar ocupado no necesariamente resulta productivo. Es posible encontrarse dando vueltas en el mismo lugar sin lograr nada.

La preparación te permite sentirte calmado. Dicho de otra manera, «prepararse le evita la presión mientras que la desidia le da lugar a la presión». Organizarse y prepararse adecuadamente le reduce el estrés porque estás consciente de lo que eres, a quién trata de agradar y qué es lo que deseas lograr como meta. Fijarte objetivos claros simplifica la vida en gran manera. Dedica unos minutos para hablar con Dios diariamente. Consulta tu agenda del día y decide: «¿Realmente querré ocupar un día de mi vida de esta manera? ¿Estaré dispuesto a cambiar estas veinticuatro horas de mi vida en pro de estas actividades?».

Fuente: especialidadesjuveniles.com – Extracto tomado y adaptado del libro Respuestas a las dificultades de la vida, de Rick Warren, publicado por Editorial Vida © 2011. Usado con permiso.

A quién intentas agradar

Una vez, un joven estudió violín con un maestro de renombre mundial. Trabajó arduo durante varios años para perfeccionar su talento y al fin llegó el día cuando se le pidió que diera su primer importante recital en público, en la gran ciudad donde vivían ambos, él y su maestro.

Luego de cada selección que él presentaba con gran habilidad y pasión, el violinista parecía receloso ante los grandes aplausos que recibía, aun sabiendo que aquellos en la audiencia eran astutos en la música y no dados a aplaudir presentación alguna que no fuera de calidad superior. El joven actuaba como si no pudiera escuchar el aprecio que era derramado sobre él.

¡Su maestro había alabado su trabajo! Los aplausos de miles no significaron nada hasta que él ganó la aprobación del maestro.En el cierre del último número, los aplausos fueron estruendosos y se escucharon numerosos Bravos. No obstante, el talentoso joven violinista tenía sus ojos fijos en un solo lugar. Al fin, cuando un anciano en la primera fila del balcón sonrió y asintió con su cabeza en señal de aprobación, el joven se calmó y brilló con alivio y gozo.

¿A quién intentas agradar hoy? Nunca podrás agradar a todos, decide agradar a Aquel que es más importante, tu Padre Dios. Mantén tus ojos en él y no fracasarás.

Gálatas 1:10¿Busco ahora el favor de los hombres o el de Dios?

Fuente: sitiodeesperanza.com

Dios te está llamando

No hay peor estado en la vida que vivir a contramano de Dios. Que Dios se nos resista en nuestro camino porque no estamos obedeciendo a su voz y a su llamado. Parece que toda la vida se nos vuelve en contra porque Dios nos manda hacia una dirección y nosotros vamos hacia otra.

De esto tiene mucho para contarnos el profeta Jonás, quien fue llamado por Dios para que se dirigiera hacia Nínive a llamar a esa ciudad al arrepentimiento y él se hizo el distraído y se fue en dirección contraria. Intentó escaparse de Dios, pero no podemos ocultarnos de él. Todos sabemos lo que ocurrió, cuando se desató la tormenta en el barco en que viajaba y finalmente, ya en el agua fue tragado por una ballena.

Es muy peligroso caminar fuera de la voluntad de Dios. Sobre todo cuando él nos ha elegido para cumplir con una tarea para sus nobles propósitos. Dios siempre estuvo llamando a los hombres para llevar adelante sus planes.

Llamó a Noé para no destruir a toda la humanidad, a Abraham para levantar su pueblo, a José para salvar a Israel de la destrucción, a Moisés para liberarlo de la esclavitud, y a Gedeón para darle victoria frente a sus enemigos. Llamó a Samuel para que sea su sacerdote, a David para que sea rey y a profetas como Elías, Eliseo, Ezequiel y Jeremías para llamar al arrepentimiento al pueblo de Dios.

Dios nos diseñó para cumplir con un propósito, cada uno de nosotros fue diseñado de manera única, formado para hacer ciertas cosas. Antes que Dios te hiciera decidió qué rol quería que jugaras en la Tierra. Por eso Pablo le dice a los Efesios que “nos escogió en él antes de la fundación del mundo, habiéndonos predestinado” (Efe.1:4).

Él planeó con exactitud cómo quería que lo sirvieras, y te formó para esa tarea. Eres de la manera que eres, porque fuiste hecho para un ministerio específico. Y Dios usa todo eso para formarte, para que ministres a otros, y te forma para servirlo a Él. Dios no desperdicia nada.

Pienso en la vida de José que, que debió atravesar por tantas crisis y situaciones incomprensibles, hasta que finalmente fue exaltado y pudo reconocer que cada hecho en su vida había sido parte de un plan perfecto de Dios. O en Moisés, que desde que nació fue predestinado para transformarse en el líder que llevara al pueblo de Dios desde la esclavitud a la tierra prometida. Pero él recién encontró el sentido a sus contradicciones cuando fue llamado por Dios desde una zarza en el desierto.

El llamado nos llega cuando Dios determina que es el momento de llevarlo adelante. Esto lo entendió Pablo quien le escribió a los Gálatas: “Cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia”. Y cuando un hijo de Dios, escogido por Dios para una tarea específica, comienza a llevarla adelante en el tiempo determinado por Dios, con el respaldo del Espíritu Santo, su vida lleva un fruto abundante.

Ser llamado requiere compromiso. Un cristiano que no entiende su llamado no se compromete. No encuentra una motivación para esforzarse. Piensa que otros tienen que hacerse cargo, ellos sólo van a la iglesia para recibir bendición, pero no encuentran otro sentido de la vida cristiana. Otros salen a predicar, ellos no. Otros se preocupan por aprender, ellos no. Otros toman la carga de visitar a los están con necesidad, ellos no.

¡Qué distinto es encontrar a un cristiano que reconoce su llamado! Como Jeremías, los llamados tienen un fuego interior que no se puede apagar. Los llamados son los primeros en decir “envíame a mí” al Señor. Los llamados dejan todo por servir al Señor. Los llamados no se detienen hasta terminar la obra.

¿Por qué tengo que responder a su llamado? Porque sabemos que somos de Dios y el mundo está bajo el maligno, porque las multitudes están hambrientas y desamparadas, y porque el tiempo es corto y los campos están blancos para la ciega
Dios te llama una vez más. Dice “Hijo, ve hoy a trabajar a mi viña. Yo voy a capacitarte y darte las fuerzas para que termines la tarea”.

Dile que sí al Señor y vive en el gozo de cumplir el propósito para el que fuiste soñado por Él.

Fuente: Pastor Roberto Vilaseca. Iglesia Cristiana Fuente de Vida

¿Cómo escuchar la voz de Dios?

No es poco común o raro que la gente responda con incredulidad cuando escuchan a otro decir que Dios le habló. En estos tiempos modernos, aun los cristianos parecen creer que el Dios de Abraham y Moisés de repente se quedó mudo. ¡Qué noción tan ridícula! Si en lo natural como padres no podemos esperar que nuestros hijos sepan lo que queremos que hagan a menos que se lo comuniquemos, entonces ¿cómo es posible que nuestro Padre celestial no haga lo mismo con nosotros?

La Biblia nos enseña que Dios tiene un buen plan para todos aquellos que ponen su fe en Jesucristo. Su plan es perfecto, y llevará a todo el que lo siga a una vida en abundancia. Pero estoy convencida que muchos cristianos nunca han disfrutado el cumplimiento del plan perfecto para su vida porque no escuchan y obedecen la dirección de Dios. Lo que hacen es escoger, ya sea a sabiendas o por ignorancia, seguir su propio rumbo. Más personas podrían caminar en la perfecta voluntad de Dios si aprendieran a escuchar su voz.

Escuchar a Dios es vital para disfrutar de su plan eterno, pero escucharlo es nuestra decisión y nadie la puede tomar por nosotros. Dios no impone su voluntad en nosotros. Sin embargo, Él hará todo lo que pueda para animarnos a decirle sí a su dirección.

Dios nos habla de muchas maneras, incluyendo a través de su Palabra, naturaleza, gente, circunstancias, paz, sabiduría, intervención sobrenatural, sueños, visiones, y el “testigo interno”. Este testigo interno se describe mejor como conocer muy en los adentros la sutil voz del Padre. Dios también habla con voz audible en ocasiones.

Con tantas opciones, uno se creería que escuchar a Dios es fácil. Pero tenemos un enemigo que definitivamente no quiere que escuchemos a Dios. También está el mundo que nos llena los oídos con toda clase de pensamientos que ahogan su voz y la echan al fondo.

Jesús dijo: “Mirad, pues, cómo oís; porque a todo el que tiene, se le dará; y a todo el que no tiene, se le dará; aun lo que piensa tener se le quitará” (Lucas 8:18). Cuando Jesús caminó por la tierra, siempre supo hacer lo correcto porque hizo lo que vio en el Padre. Como nuestro Señor, podemos confiar en Él en que nos guiará por el camino correcto. El Salmo 48:14 dice que ¡nos guiará más allá de la muerte!

Normalmente, cuando mi esposo Dave y yo viajamos, contratamos un guía para que nos enseñe los mejores parajes. En una ocasión decidimos irnos a explorar por cuenta propia de manera que tuviéramos la libertad de hacer lo que quisiéramos y así controlar nuestro propio itinerario. Rápidamente nos dimos cuenta que estos viajes por nuestra cuenta eran casi una pérdida de tiempo. Pasamos mucho tiempo perdidos y tratando de encontrar la ruta correcta. Hemos aprendido que es mejor seguir a un guía experimentado.

Pienso que este ejemplo nos demuestra cómo vivimos. Queremos ir por nuestra propia cuenta para hacer lo que queramos, cuando queramos, pero terminamos perdidos y perdiendo tiempo. Necesitamos al Espíritu Santo guiándonos cada día. Dios está comprometido a guiarnos, de manera que es obviamente importante aprender cómo escuchar lo que está diciendo.

Aprender a escuchar a Dios y ser guiado por el Espíritu Santo es muy emocionante. Su plan es siempre el mejor, pero corremos el peligro de perdernos si no aprendemos a escuchar y obedecer la voz de Dios. El Señor quiere guiarle paso a paso a las maravillas que tiene reservadas para usted. Él se preocupa por los más pequeños detalles de su vida. Se preocupa por los deseos de su corazón y quiere revelarle la verdad que lo hará libre de cualquier miedo o preocupación.
A través de Cristo y el poder del Espíritu Santo, Dios quiere hablarle de frente, de uno a uno, cada día. ¿Abrirá usted los oídos?

Fuente: Joyce Meyer