El buen samaritano

En aquel tiempo, se presentó un doctor de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna? Jesús le respondió: ¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella? Él contestó: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu ser y a tu prójimo como a ti mismo. Jesús le dijo: Bien has dicho. Hazlo tú y tendrás la vida». Pero el maestro de la Ley, queriendo justificarse le preguntó: Y quién es mi prójimo?

Jesús dijo: Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó, cayó en manos … ¿Cuál de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los bandidos? Él contestó: El que tuvo misericordia de él.

Díjole Jesús: Anda y haz tú lo mismo.

Al anónimo caminante de Samaría, se le “conmovieron las entrañas” ante el caído, una expresión que se utiliza repetidamente en los evangelios, para referirse a la reacción de Jesús ante el dolor ajeno. La palabra “moverse a compasión”, en griego designa únicamente la misericordia de Dios o la de Cristo (Mt 9.36; 14.14; Lc 7.13; 15.20), un sentimiento divino que inspira al samaritano, imagen de Dios, la revelación del amor de Dios por el hombre. El esquema entra en el de la parábola del buen pastor y la del hijo del dueño de la viña (Jn 10,1-17; Lc 20.9-18).

El Evangelio de San Lucas relata la parábola del Buen Samaritano. Es la parábola de la puesta en acción del Mandamiento Nuevo: amar como Jesús. Y Jesús, como afirmaban algunos de los Santos Padres, es el Buen Samaritano, que se acerca y siente compasión de la viuda de Naím, de la oveja perdida, de la muchedumbre hambrienta, es aquél que ante el leproso no se conforma con curarlo de palabra, sino que extiende su mano, para tocarlo y ofrecerle así la ternura de una mano amiga, sin importarle las normas de pureza, como importaron al sacerdote y al levita, que dieron un rodeo, para no complicarse la vida.

Del mismo modo, el buen samaritano llega después de los sacerdotes y los levitas que no han querido ni podido salvar al hombre herido. El samaritano revela el amor de Dios a la Humanidad; este pasaje señala su sentido: los apóstoles son bienaventurados, porque están asistiendo, por fin, a la manifestación del amor de Dios y van a revelarlo con eficacia.

 Refleja la historia de la salvación, Cristo viene, bajo la apariencia de un samaritano, de un despreciado (Jn 8,48), como el hijo del dueño de la viña, para revelar el amor de Dios, allí donde las técnicas de salvación paganas y judías fracasaron. San Lucas precede esta parábola con la discusión sobre el mandamiento más importante, para mostrar que el deber de la caridad implica nuevas exigencias tras la palabra de Cristo. Amar al prójimo como a uno mismo no basta, hay que preguntarse, cómo se puede ser el prójimo de los demás y amarlos hasta el summum, como Dios los ama.

Este es el Mandato Nuevo de Jesucristo que “os améis los unos a los otros, como yo os he amado” (Jn 13, 34). Es urgente, pues, concienciarse de la postración de esta Humanidad herida, abandonada, medio muerta al borde del camino, que Cristo ha venido a salvar. En este caso, la caridad no es una simple obligación moral, sino muestra del amor de Dios, signo de la misericordia divina.

¿Quién es mi prójimo? Lo importante no está en saber sino en hacer. Los conocedores de la ley pasan de largo ante la realidad del prójimo; el ignorante, samaritano, se detiene y hace realidad el precepto del amor. Prójimo no es el que yo busco, es el que viene de improviso, el que aparece sufriente, el que está ahí, cercano y caído, oprimido y sin vida.

Andamos los caminos del mundo animados de muy buenas teorías de paz, amor, justicia; pero el hombre sigue tirado al borde del camino, desprovisto y casi exhausto. El prójimo es pequeño, cercano, próximo. Las teorías no liberan al hombre, sino las obras. Los teóricos pasan de largo ante lo concreto, que es lo único real, se sumergen en su idealismo y dejan, olvidan la realidad. Lo que salva es vivir y hacer vivir y obrar como prójimo, no las teorías filosóficas de projimidad. El caído al borde es un hombre, sin nombre, sin postura religiosa o política; y, sólo, esto basta. Lo perentorio es que está necesitado. “Ve y haz tú lo mismo”. Es hacer, ejercer y practicar el amor.

Fuente: wwwespiritu-enlared.blogspot.com

¿Cómo escuchar la voz de Dios?

No es poco común o raro que la gente responda con incredulidad cuando escuchan a otro decir que Dios le habló. En estos tiempos modernos, aun los cristianos parecen creer que el Dios de Abraham y Moisés de repente se quedó mudo. ¡Qué noción tan ridícula! Si en lo natural como padres no podemos esperar que nuestros hijos sepan lo que queremos que hagan a menos que se lo comuniquemos, entonces ¿cómo es posible que nuestro Padre celestial no haga lo mismo con nosotros?

La Biblia nos enseña que Dios tiene un buen plan para todos aquellos que ponen su fe en Jesucristo. Su plan es perfecto, y llevará a todo el que lo siga a una vida en abundancia. Pero estoy convencida que muchos cristianos nunca han disfrutado el cumplimiento del plan perfecto para su vida porque no escuchan y obedecen la dirección de Dios. Lo que hacen es escoger, ya sea a sabiendas o por ignorancia, seguir su propio rumbo. Más personas podrían caminar en la perfecta voluntad de Dios si aprendieran a escuchar su voz.

Escuchar a Dios es vital para disfrutar de su plan eterno, pero escucharlo es nuestra decisión y nadie la puede tomar por nosotros. Dios no impone su voluntad en nosotros. Sin embargo, Él hará todo lo que pueda para animarnos a decirle sí a su dirección.

Dios nos habla de muchas maneras, incluyendo a través de su Palabra, naturaleza, gente, circunstancias, paz, sabiduría, intervención sobrenatural, sueños, visiones, y el “testigo interno”. Este testigo interno se describe mejor como conocer muy en los adentros la sutil voz del Padre. Dios también habla con voz audible en ocasiones.

Con tantas opciones, uno se creería que escuchar a Dios es fácil. Pero tenemos un enemigo que definitivamente no quiere que escuchemos a Dios. También está el mundo que nos llena los oídos con toda clase de pensamientos que ahogan su voz y la echan al fondo.

Jesús dijo: “Mirad, pues, cómo oís; porque a todo el que tiene, se le dará; y a todo el que no tiene, se le dará; aun lo que piensa tener se le quitará” (Lucas 8:18). Cuando Jesús caminó por la tierra, siempre supo hacer lo correcto porque hizo lo que vio en el Padre. Como nuestro Señor, podemos confiar en Él en que nos guiará por el camino correcto. El Salmo 48:14 dice que ¡nos guiará más allá de la muerte!

Normalmente, cuando mi esposo Dave y yo viajamos, contratamos un guía para que nos enseñe los mejores parajes. En una ocasión decidimos irnos a explorar por cuenta propia de manera que tuviéramos la libertad de hacer lo que quisiéramos y así controlar nuestro propio itinerario. Rápidamente nos dimos cuenta que estos viajes por nuestra cuenta eran casi una pérdida de tiempo. Pasamos mucho tiempo perdidos y tratando de encontrar la ruta correcta. Hemos aprendido que es mejor seguir a un guía experimentado.

Pienso que este ejemplo nos demuestra cómo vivimos. Queremos ir por nuestra propia cuenta para hacer lo que queramos, cuando queramos, pero terminamos perdidos y perdiendo tiempo. Necesitamos al Espíritu Santo guiándonos cada día. Dios está comprometido a guiarnos, de manera que es obviamente importante aprender cómo escuchar lo que está diciendo.

Aprender a escuchar a Dios y ser guiado por el Espíritu Santo es muy emocionante. Su plan es siempre el mejor, pero corremos el peligro de perdernos si no aprendemos a escuchar y obedecer la voz de Dios. El Señor quiere guiarle paso a paso a las maravillas que tiene reservadas para usted. Él se preocupa por los más pequeños detalles de su vida. Se preocupa por los deseos de su corazón y quiere revelarle la verdad que lo hará libre de cualquier miedo o preocupación.
A través de Cristo y el poder del Espíritu Santo, Dios quiere hablarle de frente, de uno a uno, cada día. ¿Abrirá usted los oídos?

Fuente: Joyce Meyer

Un verdadero amigo

“En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia”. Prov. 17:17.

Es muy fácil ser amigos cuando todo va bien, cuantas veces hemos visto, que la gente se nos acerca cuando somos populares, cuando económicamente andamos bien, cuando tenemos algo de lo cual ellos pueden sacar provecho. Lamentablemente, esto sucede en todos lados, cuantas veces sucede que hay personas que van a la iglesia siempre, y cuando faltan nadie se da cuenta, o si se dan cuenta, no les importa lo suficiente como para hacerle una llamada telefónica, para preguntarle por qué faltó, quizás esa persona estaba enferma, o pasando por algún problema pero nadie se enteró, ni siquiera sus “amigos”.

Un amigo verdadero, es aquel que en todo tiempo te ama, sin importar si ahora sos pobre, si te mandaste alguna macana, si perdiste todos los exámenes, o si hiciste el ridículo alguna vez. Un amigo verdadero, te ama a pesar de que muchas veces no está de acuerdo con vos, a pesar de que tomes decisiones que él no comparte, él te sigue amando, aunque todos los demás hablen mal de ti y se burlen.

En la vida te vas a llevar miles de decepciones, te vas a dar cuenta que muchos de aquellos que pensabas que eran tus mejores amigos, en un momento dado, te dieron la espalda, te dejaron de lado, tacharon tu número de teléfono, te olvidaron y quizás pensas que ya no podes volver a confiar en nadie más.

El ha estado contigo en los momentos más difíciles, cuando llorabas él lloraba a tu lado, por que a pesar de que te merecías el sufrimiento, el no te quería ver sufrir, El ha permanecido a tu lado siempre a pesar de que tu no has creído en El, aunque te has reído de sus palabras, El quiere darte su amistad incondicional, él se quitó sus ropas de rey, y se hizo hombre para venir a morir por ti, para que tuvieras vida eterna.La realidad es que ni tu ni yo somos amigos perfectos, ninguno de nosotros podemos cumplir al pie de la letra todas las características que se pueden enumerar para encontrar al verdadero amigo. Pero existe alguien que aunque tú no le ofrecieras tu amistad, él te la dio sin pedir nada a cambio. El te conoce aunque quizás tú no le conozcas, conoce cada detalle de tu vida, está a tu lado y nunca te ha fallado aunque tu no le has prestado atención cómo él se lo merecía. Ese amigo se llama Jesús.

Porque El quiere tener una amistad íntima contigo, pero tus faltas, nuestras faltas, nos separan de El. Si quieres aceptar su amistad, tienes que empezar pidiéndole perdón por todas las veces que le fallaste, pecando, aun sabiendo muchas veces que lo que hacías estaba mal. Jesús te ofrece su amistad, ¿La aceptás?

Un minuto

Un minuto sirve para sonreír. Sonreír para el otro, para tí y para la vida.
Un minuto sirve para ver el camino, admirar una flor, sentir el perfume de la flor, sentir el césped mojado, percibir la transparencia del agua. Se requiere apenas de un minuto para evaluar la inmensidad del infinito, aunque sin poder entenderlo.

Un minuto apenas para escuchar el canto de los pájaros.
Un minuto sirve para oír el silencio, o comenzar una canción.
Es en un minuto en que uno dice el “sí” o el “no” que cambiará toda su vida.
Un minuto para un apretón de mano y conquistar un nuevo amigo.
Un minuto para sentir la responsabilidad pesar en los hombros, la tristeza de la derrota, la amargura de la incertidumbre, el hielo de la soledad, la ansiedad de la espera, la marca de la decepción, la alegría de la victoria.

En un minuto se puede amar, buscar, compartir, perdonar, esperar, crer, vencer y ser.
En un simple minuto se puede salvar una vida.
Tan sólo un minuto para incentivar a alguien o desanimarlo.
Un minuto para comenzar la reconstrucción de un hogar o de una vida.
Basta un minuto de atención para hacer feliz a un hijo, un padre, un amigo, un alumno, un profesor, un semejante.
Solo un minuto para entender que la eternidad está hecha de minutos. De todos los minutos bien vividos.

Un minuto… Cuántas veces los dejamos pasar sin darnos cuenta… pero también cuántas veces traemos a nuestras vidas los recuerdos de los minutos vividos llenos de felicidad, de alegría y también de tristezas. Decimos “un minuto” y nos parece nada. Pero c
ómo se aprecia ese minuto al levantar la mano y saludar a un amigo que se va para siempre, cómo se valora ese minuto que hace que lleguemos tarde a nuestros trabajos, cómo se espera ese minuto que nos lleva a reunirnos con los que amamos, cómo nos llena de emoción ese minuto en que nos entregan a nuestro hijo al nacer, y cómo también deseamos que la vida le otorgue más minutos a quien la muerte separará físicamente de nosotros y no veremos más.

Un minuto… parece increíble… parece tan poquito y sin embargo puede dejar una huella tan profunda en nuestra vida.
Lo importante es no vivir la vida porque sí, dejando pasar el tiempo.
Alguien alguna vez dijo: “Vive cada minuto como si fuera el último”.
Si todos recordáramos esa frase a diario aprenderíamos a vivir la vida intensamente. Aprenderíamos a no posponer las emociones más lindas de la vida pensando que “si no es hoy será mañana”. Tu tiempo es ahora… el futuro es incierto… Vive cada minuto intensamente.

Valora cada minuto que Dios te ha dado en esta vida. Que no vayas sin rumbo, que busques su verdadero sentido. Busca tu propósito y persíguelo hasta el fin. No permitas que tu vida pase delante de tus narices sin hacer nada, sin valorar tu tiempo. Dios te tiene de su mano para acompañarte.

La verdadera paz

Había una vez un rey que ofreció un gran premio a aquel artista que pudiera en una pintura dibujar la paz perfecta. Muchos artistas lo intentaron y presentaron sus obras en el palacio del rey, el gran día había llegado. El rey observo y admiró todas las pinturas, pero solo hubieron dos que a él realmente le gustaron y tuvo que escoger entre ellas.

La primera era un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo perfecto donde se reflejaban unas plácidas montañas que lo rodeaban. Sobre estas se encontraba un cielo muy azul con tenues nubes blancas. Todos quienes miraron esta pintura pensaron que esta reflejaba la paz perfecta.

La segunda pintura también tenia montañas pero estas eran escabrosas y descubiertas. Sobre ellas había un cielo furioso del cual caía un impetuoso aguacero con rayos y truenos. Montaña abajo parecía retumbar un espumoso torrente de agua. Todo esto no se revelaba para nada pacifico.

Pero cuando el rey observó cuidadosamente, miró tras la cascada un delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca. En este arbusto se encontraba un nido. Allí, en medio del rugir de la violenta caída de agua, estaba sentado plácidamente un pajarito en el medio de su nido …

Paz perfecta … el pueblo entero se preguntaba que cuadro elegiría el rey? El sabio rey escogió la segunda, y explicó a la gente el porque…

Explicaba el rey, Paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor. Paz significa que a pesar de estar en medio de estas cosas permanezcamos calmados dentro de nuestro corazón. Este es el verdadero significado de la paz.

La verdadera paz nunca la encontraras en las obras de los hombres , la verdadera paz proviene de Dios y la encuentran aquellos que disponen su corazón para recibirla. Como esta escrito Juan 14:27 : “La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”

Fuente: reflexiones.tv

Pasión: la clave para una vida extraordinaria

¿Cuál es la diferencia entre una vida de temor y una vida de posibilidades? ¿Entre una vida ordinaria y una vida extraordinaria? Es una diferencia bastante grande.

La mayoría de las personas que conozco quieren ser mejores personas de lo que ahora son, quieren tener más ingresos, anhelan tener un mejor trabajo, disfrutar de su relación con su familia, con su cónyuge, y si todavía no tiene pareja quiere tener una relación. Muchos quieren crecer en su relación con Dios, tener un ministerio en la iglesia, gozar de buena salud, hacer grandes cosas, todos quieren una vida extraordinaria pero no saben como conseguirla.

La Biblia enseña en Mateo 7:7,8 “Pidan a Dios, y él les dará. Hablen con Dios, y encontrarán lo que bu
scan. Llámenlo, y él los atenderá. Porque el que confía en Dios recibe lo que pide, encuentra lo que busca y, si llama, es atendido.”
(BLS)
Si usted quiere una vida extraordinaria tiene que seguir los tres pasos:

1) Pedir y se dará. ¿Qué es exactamente lo que quiere? Una de las razones por las cuales solo del 3 al 5% de la población mundial sí obtiene todo lo que quiere es porque saben lo que quieren. Muchos dicen: “Quiero tener una mejor relación con mi cónyuge”, pero es algo muy general y de seguro nunca lo sabrá cuando tenga una relación excelente con su pareja. Debo preguntarme ¿Qué es una mejor relación con mi pareja? Defina lo que quiere en su vida y obtendrá lo que busca. Dios siempre quiere lo mejor para usted.

2) Buscar y Encontrará. Lo que usted desea o quiere para su vida no llegará si no lo anda buscando. Tampoco llegará si lo busca en otro lado. Usted necesita buscar ayuda, buscar las herramientas que le permitan vivir la vida extraordinaria. Usted no necesita reinventar la rueda porque ya alguien la inventó, lo que usted necesita es un coach o un mentor que le ayude a llegar a esa vida extraordinaria en el menor tiempo posible.

3) Llamar y se abrirá. Como puede ver ya usted está pidiendo a Dios la vida que quiere, esta buscando lo que necesita para llegar a esa vida y en este tercer paso usted debe tomar acción, moverse, generar la vida que quiere, comprometerse y esforzarse por esa bendición. Dios abre las puertas de bronce, usted debe abrir las de maderas. ¿Qué puertas quiere que se le abran? ¿La puerta de las relaciones? ¿La puerta de las finanzas? Usted debe llamar para que se abran.

Es tiempo de vivir la vida que quiere, no viva más en esclavitud o mediocridad, usted ha sido llamado a una vida de libertad, deshágase de los grilletes que le mantienen atado, y corra con los sueños que Dios dispuso en su corazón, llénese de pasión en este día. Descubra cuál es su pasión y sígala, es todo lo que necesita para vivir una vida extraordinaria.

La pasión es poderosa. Jesús fue un hombre apasionado, vivió una vida extraordinaria. Moisés y otros grandes hombres que han hecho historia se llegaron a conocer por su pasión. La pasión es su primer paso hacia el logro, ella hace que lo imposible sea posible. La pasión es la que le lleva a pedir, a buscar, a aprender y es la que le abre las puertas del triunfo. Cuando usted se apasiona por la vida, por lo que hace, todo es tan natural, que lo ordinario se vuelve extraordinario.

Si usted quiere un matrimonio extraordinario, una familia extraordinaria, ingresos extraordinarios manténgase alejado de los que apagan el fuego, de los que le roban pasión. No busque la pasión en otro lado, esta en ti. Como dice el Apóstol Pablo a Timoteo: “Por eso te recomiendo que no dejes de usar esa capacidad especial que Dios te dio cuando puse mis manos sobre tu cabeza.” 2 Timoteo 1:6 (BLS)

Se dice que en India, un rico hacendado llamado Alí Jafet, vendió su hacienda Golconda y se fue a buscar diamantes por todo el mundo. Un tiempo después se encontró arruinado y sin conseguir su propósito. Pero el que le compró la finca Golconda encontró en ella la más grande mina de diamantes de su país. Muchas personas buscan tesoros fuera de sus propios cursos y limites que Dios le ha dado. Dedican tiempo y dinero a esa búsqueda sin darse cuenta del tesoro que subyace en ellos mismos. Dios le ha dado una hacienda llena de tesoros: Sus habilidades personales, sus capacidades humanas y espirituales son tesoros escondidos. También tiene el tesoro de su familia, su iglesia, y amistades. Su vida debe valorarla como se valora el diamante. Avive el fuego en su vida y encontrará la mina de diamantes que tanto desea. La Vida Extraordinaria está en Dios con todo lo que él le ha dado pero debe comenzar a pedirla y a buscarla.

Fuente: En amor y liderazgo, Pedro Sifontes. Coach Personal
Especializado en Liderazgo y Desarrollo Personal

La chica de la funeraria

Mi padre era el dueño de la funeraria en nuestro pueblo. Por eso en nuestras conversaciones entre familia con frecuencia tocábamos el tema de la vida y de la muerte. El temor a la muerte me consumía. Algunas veces me imaginaba a mi misma acostada dentro de uno de los ataúdes de la funeraria de mi papá. Los dolientes llorando me rendían sus últimos respetos mientras pensaban si yo merecía o no entrar al cielo. Desde una temprana edad yo había entendido que había dos lugares posibles para pasar la eternidad después de la muerte, el cielo o el infierno, pero ¿quién podría estar seguro de un futuro eterno en el cielo? Me parecía que dependía de las buenas obras que la persona había hecho en su vida, o por lo menos si pensaban otros que sus hechos le abrirían la puerta al cielo.

Sufría mucho con estos pensamientos. Las imágenes que se formaban en mi mente solo confirmaban mis miedos. No quería dejar mi destino eterno a la suerte. La urgencia de estar segura me abrumaba. Sabía que la muerte podría ocurrirme en un momento a otro. ¿Cómo podría prepararme para llegar a esa hora final con seguridad y certeza de mi vida eterna en el cielo?

Aunque básicamente yo era una buena persona, sabía que muy a menudo hacía cosas malas. Siempre me preguntaba si mis mejores acciones eran suficientes para Dios… o si todo lo que hacía alcanzaba su criterio… ¿Si muero hoy, me permitiría entrar al cielo de acuerdo a mis buenas obras?

Como si subiera una escalera sin fin de buenas obras, yo esperaba en vano que cada paso, cada escalón de mi propio esfuerzo, me acercara a Dios y al cielo – para lograr que Dios me aceptara. Pero después del último peldaño seguía otro. Luego otro. Y otro. Nunca finalizaba la subida. Siempre me esforzaba. Nunca lograba ser suficientemente buena.
La duda me asaltaba. La inutilidad y la frustración me importunaban. Esperaba tener la seguridad de que Dios me aceptara y algún día tuviera una relación con El.

Un día mi hermano anunció, “Ahora yo sé que cuando me muera iré al cielo.” Yo dudé de su seguridad y en silencio me dije, “Tú eres mi hermano y yo te conozco. Tú eres bueno pero no TAN bueno.” Él gentilmente interrumpió mis pensamientos para explicarme que la manera de ir al cielo es tener una relación con Dios, no a través de la escalera de buenas obras. Me dijo que la Biblia, la Palabra de Dios, tenía la respuesta. Aprendí que mi pecado, o las cosas malas que había hecho, me separaban del justo y santo Dios. Ninguno de mis mejores esfuerzos podría satisfacer a Dios o permitirme entrar en su presencia. No podría satisfacerlo con mis buenas obras. Yo merecía la muerte, la eterna separación de Dios, como castigo por mis pecados.

Aprendí que Dios me ama. Él desea que yo tenga una relación con Él y que viva con El eternamente. Por eso El mandó a su hijo Jesús a morir en una cruz para tomar mi lugar y pagar la deuda que yo debía por mis pecados. ¡Pero la muerte no fue el fin! Él resucitó de los muertos al tercer día, proveyéndonos la entrada al cielo como dice la Biblia: “Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro.”

Jesús dijo, “Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie viene al Padre si no es por mí.” Entonces, dejé de creer en mis propios esfuerzos inútiles para ganar el favor de Dios y puse mi fe en la obra completada de Jesucristo en la cruz y su resurrección. Acepté que la salvación es “por gracia por medio de la fe, y esto no de nosotros, pues es don de Dios; no por obras para que nadie se gloríe.”

Al creer esto, mi escalera de buenas obras fue reemplazada por la cruz. A través de mi fe en Cristo encontré la respuesta al problema de la vida y de la muerte. Jesús me quitó el gran peso de la duda, como quitando un costal de ladrillos de mis hombros. Solo por su gracia, que es su favor no merecido, Dios me ha aceptado. Hoy tengo la seguridad que tanto anhelaba. Sé que el cielo me espera. Jesús me perdonó a mí, a la Chica de la Funeraria tan llena de dudas. Sólo en Él encontré la respuesta que buscaba.

¿Tienes miedo a morir? ¿Sigues esperando encontrar la seguridad de tu destino eterno? ¿Sigues esforzándote por subir la escalera de las buenas obras para llegar a Dios? Puedes dejar de hacerlo y aceptar la suficiente gracia de Dios. La Biblia dice, “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en El cree, no se pierda mas tenga vida eterna.” Dios desea darte vida eterna y llevarte a vivir con Él a su hogar.

Si aceptas que eres pecador y deseas tener la vida eterna, puedes orar a Dios esta sencilla oración:
Querido Dios, sé que mis pecados me separan de ti, de tu santidad y de tu estándar de justicia. Admito que no puedo hacer nada para conseguir tu perdón y la promesa de ir al cielo. Dejo de creer en mis propias obras y pongo toda mi fe en que Cristo murió en la cruz, fue sepultado y resucitó para perdonar mis pecados. Gracias por aceptarme y darme vida eterna.

Si a través de esta historia verdadera tú has aceptado el regalo de Dios de la vida eterna, porque no compartes con alguien más para que también pueda creer y recibir este gran regalo.

Fuente: storiesfromthevine.com

El fumador de la Biblia

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Juan 3:16.

El versículo resume en pocas líneas una importante verdad bíblica, que alguien llamó «el corazón de la Biblia». Innumerables personas que leyeron u oyeron estas impresionantes palabras fueron llevadas a reflexionar. Y no sólo esto: dicho versículo dio a muchos el impulso necesario para obtener una fe viva en el Señor Jesucristo.

Esto ocurrió, por ejemplo, con un africano que no tenía interés en la Palabra de Dios. Cuando un creyente propuso venderle un Nuevo Testamento, él lo rechazó; y cuando quiso regalárselo, él contestó: –Si usted me da ese libro, utilizaré sus páginas para enrollarlas y hacer cigarrillos. Con sorpresa oyó esta propuesta: –Entonces prométame por lo menos leer las páginas antes de fumarlas. El hombre estuvo de acuerdo, tomó la Biblia y desapareció.

Años más tarde este africano contó en un congreso: –Fume a Mateo, luego a Marcos y después a Lucas. Pero cuando llegué al capítulo 3 de Juan, no pude seguir fumando y mi vida cambió por completo. La buena nueva del versículo 16 lo había conmovido… y luego, él mismo predicó la buena nueva del amor de Dios y de la salvación por Jesucristo. El antiguo fumador de Biblia fue uno de los numerosos seres humanos que hallaron a Dios por medio de este versículo.

Muchas veces leemos páginas y páginas de la Biblia olvidando reflexionar en sus palabras, su sentido. Nos permitimos hacer nuestra voluntad, jugar con Dios y desobedecerlo. Hasta que leemos este versículo y plantamos nuestros pies en la tierra. Nuestro Dios no es un ente inalcanzable! No, es un Padre que nos ama con todo su corazón, con amor perfecto. Y no solo eso, sino que sacrificó a su único Hijo para que todos nosotros lleguemos a su presencia y seamos salvos de una inmortalidad en el infierno.

Que este año que comienza podamos vivirlo así, recordando cada día cuán inmeso es el amor de Dios, y qué tan interesado está en nuestras vidas. Que no “tiremos” nuestro precioso tiempo, sino que busquemos su propósito y sus planes.

Escuchemos Su llamado

Como iglesia de Cristo tenemos la responsabilidad que implica reconocer el llamado, recibir la unción, y llevar adelante la visión que nos fue encomendada con toda la seriedad, con todo el esfuerzo, la entrega y la pasión que tan digno llamado requiere. Ese llamado es a extender el Reino de Dios en la tierra. Es completar la misión por lo que Cristo vino a esta tierra. Él dijo: “Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lc. 19:10)

Si esa fue la misión de Cristo, y si él mismo le dijo a sus discípulos: “Como el Padre me envió así yo os envío” ¿Cuál puede ser la misión de la Iglesia? Llevar redención de las almas y establecer el Reino de Dios en cada corazón.

Jesús nos ordenó: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” e “Id y haced discípulos a todas las naciones” ¡La iglesia tiene que abocarse a esta misión! Pedro dice que somos nación santa, real sacerdocio pueblo adquirido por Dios para anunciar las virtudes de aquél que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable. Y esta definición nos habla de la identidad y también de la misión de la iglesia. La iglesia tiene que profundizar su sentido de misión. Mirar al mundo con los ojos compasivos de Cristo y poner todos sus esfuerzos y recursos en buscar a los perdidos. El mundo necesita desesperadamente oír y ver la manifestación del reino de Dios, predicado con las señales que le siguen y con el testimonio de vidas transformadas.

Una de las más importantes señales del fin que dijo Jesús que ocurriría antes de su retorno es que habría un poderoso testimonio del evangelio en el mundo. Jesús dijo cómo será el mundo y la iglesia del fin del siglo: “Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos. Por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará. Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo. Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin”

El Señor nos dice que la iglesia tiene que enfrentarse con los celos, el odio, las mentiras y la maldad de los hombres de los últimos tiempos. En medio de este panorama los cristianos tienen que amar, perseverar y predicar el evangelio del Reino. El Espíritu está hablándonos en este tiempo. Él dice: Hacen falta odres nuevos para el vino nuevo que quiero derramar sobre ustedes. Para esto debemos profundizar en el conocimiento de la persona del Espíritu Santo, su obra, su poder y su relación con la iglesia.

Dios quiere hacer una obra nueva, más allá de las ideas preconcebidas y de las barreras mentales. Dios quiere derramar vino nuevo sobre su Iglesia, pero necesita de odres nuevos. Nuestra mentalidad, nuestra manera de vivir la fe, nuestro corazón debe ser renovado. Es necesario que se remuevan estructuras, valores y prácticas que no sirven para el nuevo tiempo que Dios está trayendo a nuestra sobre la iglesia.

El mundo que nos toca redimir es cada día más complejo, y las tinieblas son cada día más intensas. Pero cuando abundó el pecado sobreabundó la gracia. Y los hijos de luz tenemos poder sobre las tinieblas. Tenemos que fortalecer nuestra fe, renovar nuestra visión y levantar un ejército de hombres y mujeres militantes, capaces de dar sus vidas por la causa del Reino.

Necesitamos una iglesia que esté sentada en los lugares celestiales con Cristo. Una iglesia llena de amor y de luz, una iglesia militante, una iglesia radical con el pecado, una iglesia llena del poder y del fuego del Espíritu que extienda las fronteras del Reino de Dios y las puertas del infierno no la puedan detener.

¡Vamos a hacerlo!

Pastor Robero Vilaseca

Ventana

Dos hombres, ambos seriamente enfermos, ocupaban la misma habitación de un hospital. A uno de ellos se le permitía sentarse en su cama por una hora cada tarde para ayudar a drenar los fluidos de sus pulmones. Su cama estaba junto a la unica ventana del cuarto. El otro hombre debia permanecer todo el tiempo en su cama tendido sobre su espalda. Los hombres hablaban por horas y horas. Hablaban acerca de sus esposas y familias, de sus hogares, sus trabajos, su servicio militar, de cuando ellos han estado de vacaciones.

Y cada tarde en la cama cercana a la ventana podía sentarse, se pasaba el tiempo describiéndole a su compañero de cuarto las cosas que él podía ver desde allí. El hombre en la otra cama, comenzaba a vivir, en esos pequeños espacios de una hora, como si su mundo se agrandara y reviviera por toda la actividad y el color del mundo exterior. Se divisaba desde la ventana un hermoso lago, cisnes, personas, nadando y niños jugando con sus pequeños barcos de papel. Jovenes enamorados caminaban abrazados entre flores de todos los colores del arco iris. Grandes y viejos arboles adornaban el paisaje y una ligera de horizonte en la ciudad podia divisarse a la distancia.

Como el hombre de la ventana describia todo esto con exquisitez de detalle, el hombre de la otra cama podía cerrar sus ojos e imaginar tan pintorescas escenas. Una calida tarde de verano, el hombre de la ventana le describio un desfile que pasaba por ahi. A pesar de que el otro hombre no podia escuchar a la banda, elpodia ver todo en su mente, pues el caballero de la ventana representaba todo con palabras tan descriptivas.

Dias y semanas pasaron. Un dia, la enfermera de la mañana llego a la habitacion llevando agua para el baño de cada uno de ellos. Unicamente para descubrir el cuerpo sin vida del hombre de la ventana, el mismo que habia muerto tranquilamente en la noche mientras dormia. Ella se entristecio mucho y llamo a los dependientes del hospital para sacar el cuerpo. Tan pronto como creyo conveniente, el otro hombre pregunto si podria ser trasladado cerca de la ventana. La enfermera estaba feliz de realizar el cambio. Luego de estar segura de que estaba confortable entristecio ella y lo dejo solo.

Lenta y dolorosamente se incorporo apoyado en uno de sus codos para tener su primera vision del mundo exterior. Finalmente tendria la dicha de verlo por si mismo.

Se estiro para mirar por ella. Lentamente giro su cabeza y miro por la ventana. Él vio una pared blanca. El hombre pregunto a la enfermera que pudo haber obligado a su compañero de cuarto a describir tantas cosas maravillosas a traves de la ventana.

La enfermera le contesto que ese hombre era ciego y que por ningun motivo el podia ver esa pared. Ella dijo, “Quiza el solamente queria darle animo.”

Hay una tremenda felicidad al hacer a otros felices, a pesar de nuestros propios problemas. Compartir las penas es dividir el sufrimiento, pero compartir la felicidad es duplicarla. Si quieres sentirte afortunado simplemente cuenta todas las cosas que tienes y que el dinero no puede comprar.