La Verdadera Mansedumbre

Mateo 5.5 Bienaventurados los mansos porque ellos recibirán la tierra por heredad.

Una raíz de vergüenza siempre se manifiesta de maneras anormales. Amargura, enojo y hostilidad producen emociones contenidas, que no se liberan apropiadamente. Algunas personas en realidad piensan que merecen que otros les aventajen o directamente se transforman en felpudos de todo el mundo. Son poquita cosa y cobardes.

Yo no era así. Ni siquiera sabía con quien estar enojada. Todo lo que sabia era que estaba enojada, y herida. Estaba cansada de ser maltratada, y no iba a aguantar nada de nadie. Siempre estaba en el punto que yo llamaba “de explosión”. Todo lo que se necesitaba era que alguien me incomodara u ofendiera por algo que había salido mal, y yo estaba lista para “explotar”.

Dios quiere que pongamos las raíces de nuestras vidas en la mansedumbre de Jesús. Vemos en su vida el poder de reprimir y expresar el enojo en los momentos correctos. La mansedumbre es el terreno intermedio entre los extremos emocionales. La mansedumbre nunca permite al enojo que salga fuera de control. Lo canaliza en la correcta dirección para el propósito adecuado. Necesitamos orientar nuestro enojo, alejarlo de las personas y de nosotros mismos, y enfocarlo en la fuente de nuestro problema: el diablo y sus demonios (ver Efesios 6.12).

Nuestra meta es ser como Cristo, el fue manso y humilde, por tanto recordemos siempre:
La verdadera mansedumbre es enojarse en el momento correcto, en la medida exacta y por las razones justas.

Fuente: www.iglesiagetsemani.net

Trabajo en equipo

Bueno, hoy traigo para compartirles un corto de video. La idea es graficar un poco de qué se trata el trabajo en equipo.

Muchas veces nos cuesta confiar en los demás, aceptar ayuda, reconocer que nos equivocamos… todas estas debilidades pueden ser superadas al lado de un buen equipo. Ya lo dice la Palabra de Dios: “Mejores son dos que uno” y sean uno para que el mundo crea.

El ingrediente fundamental para empezar a trabajar en equipo es el AMOR!! Amor para aceptar que el otro puede hacer las cosas de manera diferente, que los tiempos de todos son distintos, que las perspectivas cambian según los ojos de cada uno, que todos cometemos errores, pero trabajamos para un mismo fin.

Que Dios los bendiga.-

El Fruto del Espiritu Santo

“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley”, Gál. 5:22 y 23

Muchos de nosotros anhelamos ser buenos cristianos, dar un buen testimonio, ser de bendición para otros…dar fruto. Dar el Fruto es lo importante. Sin embargo, el descuido en dar el Fruto del Espíritu Santo es lamentable, puesto que no dar el fruto apetecido por Dios significa que simplemente nos mantenemos hablando del Espíritu, de su bautismo, de los dones, de los símbolos, de la plenitud, pero nos ha faltado el ingrediente principal que es el deseo de agradar a Dios totalmente, dando ese fruto que Él espera de nosotros. Nuestro Señor Jesucristo dijo: “Por sus frutos los conoceréis”, (Mat. 7:16).
El Fruto del Espíritu Santo es:

- Amor: incluye la caridad; es el amor que nos enseña a amar a todos en todo tiempo, aun a nuestros enemigos.
- Gozo: es la alegría de vivir en Dios o para Dios a pesar de las circunstancias que reinen en la vida del creyente.
- Paz: es la tranquilidad del alma, la que llega únicamente por Cristo (Juan 14:27). Es la paz que se tiene al saberse salvo.
- Paciencia: es tolerancia, es aguantar mucho (no la maldad o el pecado); es resistir las ofensas sin enojarse, saber esperar.
- Benignidad: es utilidad, afabilidad, benevolencia, piedad, templanza, suavidad, inofensividad.
- Bondad: significa ser lo mejor de su clase, es la calidad de bueno, es dulzura, es amabilidad y excelencia. Todos tenemos que ser bondadosos.
- Fe: es tener fidelidad, confianza, intención recta, exactitud en el cumplimiento de nuestros compromisos, es lo que nos permite creer aun sin comprender. Recordemos que sin fe es imposible agradar a Dios (Heb. 11:6).
- Mansedumbre: es suavidad, es apacibilidad. El Señor dijo: “Bienaventurados los mansos porque ellos heredarán la tierra” (Mat. 5:5). No debemos ser picapleitos. Con nuestro carácter podemos apaciguar a los que nos atacan y dar testimonio de que somos hijos de Dios.
-Templanza: es el dominio o control de sí mismo; es ser moderado en los apetitos físicos, es ser valiente. El que es templado puede controlar sus pasiones, sus acciones o sus deseos de ira y violencia. No debemos ser peleoneros ni iracundos.

Dios anhela con tener muchos iguales en carácter a Jesús, que el mundo y nuestra familia crea que Jesús salva. Es nuestra tarea trabajar para que su fruto se manifieste en nosotros. Que tengamos amor para amar y honrar a Dios con nuestra vida y no solo con nuestras palabras.