Si se puede!

Si se puede… cuando estas decidido, cuando comprometes tu voluntad para lograr lo que deseas alcanzar, no tengas la menor duda de q lo lograras.

Si se puede… cuando ante cada obstáculo muestras temple y con mayor decisión los empiezas a enfrentar con valentía.

Si se puede… si ante cada fracaso buscas reconocer tus propios errores, lo que te permitirá acumular sabiduría, para resolver de forma eficaz los problemas que vendran.

Si se puede… si ante los conflictos mantienes una actitud positiva en todo momento, y a pesar de las adversidades, tu ánimo no comienza a menguar, así no habrá cima que puedas alcanzar para lograr el éxito.

Si se puede… cuando ante los negativos y escépticos mantienes en todo momento una sonrisa de satisfacción por el logro obtenido, y la alegría se convierte en tu fiel compañera…Siempre tendrás amigos por cultivar.

Si se puede… cuando ante la duda y la incertidumbre, tu fe te mantiene firme.

Si se puede… si tienes el coraje de vivir intensamente, y hacer de cada día una fascinante aventura leonística…La muerte, entonces será una angustia que nunca llegará a tu lado.

Si se puede… cuando aprendes a confiar en Dios, dejándole a Él los imposibles, dejando que Él se preocupe de como hacer su trabajo, y entregas tu vida entera a las estrellas del universo, por las que quieres luchar todos los días…Podrás, entonces alcanzar el camino a una plenitud total en el futuro.

Palabras

Cuenta la historia que en cierta ocasión, un sabio maestro se dirigía a su atento auditorio dando valiosas lecciones sobre el poder sagrado de la palabra, y el influjo que ella ejerce en nuestra vida y la de los demás.

- “Lo que usted dice no tiene ningún valor”- lo interpeló un señor que se encontraba en el auditorio.

El maestro le escuchó con mucha atención y tan pronto terminó la frase, le gritó con fuerza:
- “¡¡Cállate y siéntate, estúpido idiota!!”.

Ante el asombro de la gente, el aludido se llenó de furia, soltó varias imprecaciones y, cuando estaba fuera de sí, el maestro alzó la voz y le dijo:

- “Perdone caballero, le he ofendido y le pido perdón; acepte mis sinceras excusas y sepa que respeto su opinión, aunque estemos en desacuerdo”.

El señor se calmó y le dijo al maestro:

- “Le entiendo, y también pido disculpas y acepto que la diferencia de opiniones no debe servir para pelear, sino para mirar otras opciones”.

El maestro le sonrió y le dijo:

- “Perdone usted que haya sido de esta manera, pero así hemos visto todos del modo más claro, el gran poder de las palabras, con unas pocas palabras le exalté y con otras pocas le calmé”.

Piensa en esto y cuida tus pensamientos, porque ellos se convierten en palabras, y cuida tus palabras, porque ellas marcan tu destino. Medita sabiamente para saber cuándo y cómo hay que comunicarse y cuándo el silencio es el mejor regalo para ti y para los que amas. Eres sabio si sabes cuándo hablar y cuándo callar. Piensa muy bien antes de hablar, cálmate cuando estés airado o resentido, y habla sólo cuando estés en paz. Recuerda que las palabras tienen poder y que el viento nunca se las lleva.

Despierta al poder de la intercesión

 “Despierta, despierta, vístete de poder, oh Sion; vístete tu ropa hermosa, oh Jerusalén, ciudad santa; porque nunca más vendrá a ti incircunciso. Sacúdete del polvo; levántate y siéntate. Jerusalén; suelta las ataduras de tu cuello, cautiva hija de Sion…Por tanto, mi pueblo sabrá mi nombre por esta causa en aquél día; porque yo mismo que hablo, he aquí estaré presente. ¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sion:¡Tu Dios reina!” (Isaías 52:1-2, 6)

Hay un llamado de Dios a sus hijos en estos días, es un llamado a despertar para que estén atentos a oír su voz, atentos para comprender el tiempo profético que les toca vivir, atentos para dejarse conducir por el Espíritu y ser efectivos en el ministerio que Dios les ha dado.

En las Escrituras el llamado de “Despierta” tiene que ver con la oración. Dios está diciendo: ¡Es tiempo de orar, es tiempo de velar! Lo mismo dijo el Señor Jesús mientras El oraba en el huerto de Getsemaní. Nos cuenta Mateo 26:36 que Jesús llevó a tres de sus discípulos para que lo acompañen a buscar a Dios, pero luego de orar un tiempo apartado regresó y halló a los discípulos durmiendo, y dijo a Pedro: “¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad”. En otras palabras: “Manténganse despiertos y oren; estén alertas”. Nos sigue contando que fue por segunda vez a orar, y viniendo a ellos los halló de nuevo durmiendo porque “los ojos de ellos estaban cargados de sueño” Y dejándolos se fue de nuevo y oró por tercera vez, diciendo las mismas palabras. Jesús estaba buscando fuerzas para lo que vendría. Jesús necesitaba la compañía de sus discípulos, pero ellos estaban más atentos a su sueño y cansancio que a entender la gravedad del tiempo espiritual que atravesaban. Siempre que vamos a orar tendremos una tentación con la cual luchar.

El pasaje de Isaías comienza diciéndonos que despertemos, que nos sacudamos del letargo, que busquemos al Señor con todas nuestras fuerzas, que entremos en profunda oración para comprender la voluntad de Dios para ese momento. Cuando nos despertamos y oramos con disciplina y perseverancia el Espíritu Santo nos impartirá cosas grandes y poderosas que de otra manera no alcanzaremos:

Poder: Cuando oramos nos revestimos de fortaleza espiritual. Contra Satanás, contra el pecado, contra la tentación.
Santidad: Cuando oramos Dios nos viste con nuevos vestidos santos, vestidos de justicia. Dios nos lava y nos santifica borrando todo rastro de pecado y de mentira, y vistiéndonos con ropas limpias, puras para la gloria de su nombre.
Consagración: Cuando oramos lo incircunciso e inmundo no tiene más lugar en nosotros. Dios nos santifica para apartarnos para sus propósitos. Pasamos a ser vasos de santificación para sus fines específicos. Pasamos a ser templos del Espíritu Santo. Ya no volvemos a poner nuestra atención y nuestra vida con las cosas de este mundo.
Autoridad: Cuando oramos nos despojamos del polvo de nuestra miseria, de nuestra pobreza. Quebramos los límites de nuestra incredulidad para movernos en una dimensión de fe donde las montañas podrán ser echadas al mar. Cuando oramos Dios nos devuelve la autoridad para hacer huir al diablo.
Paz: Cuando oramos entonces podemos sentarnos con el Señor en el trono y contemplar todo lo que ocurre a nuestro alrededor con una paz sobrenatural. Estamos por encima y no debajo de la tormenta.
Libertad: Cuando oramos nos libramos de las ataduras de nuestro cuello. Ya no somos esclavos de las mentiras, ni del temor, ni del pecado. Somos libres para servir a Cristo como instrumentos de justicia.
Revelación de la persona de Dios: Cuando oramos Dios prometió que él mismo que habla estará presente. Dios se da a conocer, se muestra como un Dios lleno de poder y de sabiduría, dueño de todas las cosas y dueño de nuestras vidas.
Visión: Cuando oramos Dios nos llena de visión para llevar el mensaje de esperanza a los perdidos. Él nos llena de sus propios deseos y sueños, nos llena de compasión para que publiquemos salvación y nos declara que si lo hacemos, Dios reinará en todos los corazones. Tus pies serán hermosos y la bendición del Señor te rodeará por los cuatro costados y todo lo que emprendas prosperará.

Como resultado de nuestra intercesión “Jehová desnudará su santo brazo ante los ojos de todas las naciones, y todos los confines de la tierra verán la salvación del Dios nuestro” (Isaías 52:10)

Pastor Roberto Vilaseca

Dónde pones tu Fe

Los primeros discípulos fueron conocidos como “creyentes”. Jesús dijo: “Si puedes creer, al que cree todo le es posible” (Mc 9.23). La fe siempre ha sido la marca de identificación de un discípulo de Jesús.

Cuando Adán pecó, salió fuera del circulo de dependencia de Dios y entró al circulo de independencia, que es la incredulidad. Esa es la razón por la cual Dios ha colocado tal prioridad sobre la fe. Es la senda a través de la cual nos encaminamos de regreso a la dependencia de Dios.

La fe opera más allá de los cinco sentidos. Se trata de una habilidad sobrenatural provista por Dios.  En Hebreos 11.1 define a la fe como …la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. En definitiva, ¡Fe es creerle a Dios! 

Esta Fe en Dios descansa en tres pilares fundamentales de la misma naturaleza de Dios: Dios no cambia (Toda buena dádiva y todo don perfecto es de lo alto, que desciende del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación – Santiago 1.17); Dios no falla (Dijo además David a Salomón su hijo: Anímate y esfuérzate, y manos a la obra; no temas, ni desmayes, porque Jehová Dios, mi Dios, estará contigo; él no te dejará ni te desamparará, hasta que acabes toda la obra para el servicio de la casa de Jehová – 1 Crónicas 28:20) y Dios no miente. (Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. El dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará? – Números 23:19).

Y si faltaba algo para que pudiéramos gozar de la fe, Jesús vino a dar la base de nuestra fe con su muerte y resurrección, Él es nuestra inspiración, como menciona en Hebreos 12.2 “Puestos los ojos en Jesús, autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios”.

Ahora, si no estamos gozando de esta fe, si hay crisis en nosotros acerca del poder de Dios, quizá esté falla
ndo en  algunos de los puntos que mencioné más arriba. Quizá estés desenfocado y escuchando lo que habla el diablo, sin buscar la voluntad de Dios. Porque hay algo muy importante para que opere la fe y esto es el oir la Palabra de Dios ( Romanos 10.17).-  Dios no anima al dirigirnos una “palabra” que es aplicable a nuestras circunstancias. Esto puede suceder mientras leemos la Biblia o cuando escuchamos la voz del Espíritu Santo hablándonos desde nuestro interior.

La fe se expresa en nuestras vidas a través de obras que Dios mismo preparó de antemano para que anduviésemos en ellas, y que en definitiva terminen glorificando Su nombre y dando testimonio innegable de su presencia obrando en nosotros. A partir de haber nacido de nuevo, lo que vivimos, lo vivimos en la fe del Hijo de Dios que nos amó y se entregó por todos nosotros.

La fe lleva una acción. Cree lo que Dios te dice, atiende su Palabra y ponla en obras!!

¿Donde esta la felicidad?

NO EN EL DINERO. Jay Gould, el millonario norteamericano, al morir dijo: “Supongo que soy el hombre más miserable sobre la tierra.”NO EN EL PODER MILITAR. Después de que Alejandro el Grande había conquistado el mundo hasta entonces conocido, lloró en frustración porque no había mas mundos que conquistar.

NO EN EL PLACER. Lord Byron, quien vivió una vida de placeres y comodidad, escribió: “El gusano, el cáncer y la pena son sólo míos.”
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