La araña y la mosca

Cuentan que una araña vivía en una casa vieja y allí tejió una hermosa tela para atrapar moscas, cada vez que una mosca se enredaba en la tela corría la araña a devorarla para que las otras moscas no la vieran ahí atrapada, y siguieran considerando esa red segura para tomarse un descanso.

Pero hubo una vez una mosca más inteligente. Revoloteaba la mosca y no se decidía a posarse en los hilos de la araña. La araña la invitó a bajar. La mosca rehusó: “Nunca me poso donde no veo otras moscas”, dijo, y se alejó y voló hacia un lugar donde había muchas moscas.

Cuando iba a posarse pasaba por ahí una abeja zumbona que le hizo saber: “Ten cuidado, estúpida, que es papel caza-moscas, y ésas están todas presas”. Pero la mosca no atendió a la advertencia, y ahí se fue a su exterminio, pero con las demás.

La multitud no es garantía de nada. Más bien es garantía de pegoteo, de publicidad arrebatadora, de moda virulenta. También es cierto que produce seguridad, esa sensación tan dulce de ser colegas. La identidad personal necesita, obviamente, de seguridad, de marcos de contención, del ser como todos. Pero también se construye en aquellos raptos de ser diferente que se dan en circunstancias que no se comparten con otros o, al menos, no con multitudes. Los hijos crecen entre el ser como todos y el ser como nadie. Lo extraordinario, no es que seamos como los otros, lo maravilloso es que, en ocasiones, podamos ser diferentes a los demás.

Buen humor

Un gerente encontró a dos hombres muy torpes durante un día de entrevistas de trabajo. Le dio a cada uno de ellos una tarea.
Más tarde, los hombres se encontraron en una pizzería para comparar sus notas.
- ¡Oye, qué gerente más estúpido! -exclamó el ignorante número uno-. Me dio un billete de cinco dólares y luego me dijo que fuera a comprarle un Porsche. ¡El tonto no me dijo de qué color lo quería!

- Crees que eso es malo -replicó el ignorante número dos-, estábamos haciendo la entrevista en la sala de conferencias, y me dijo: “Ve hasta mi oficina, y fíjate si estoy allí, si no estoy vuelve y dímelo”. ¡Qué imbécil! Había un teléfono en la sala de conferencias. Pudo haber llamado a su oficina para ver si estaba allí. ¡No debió haberme enviado a ver!
El número uno sacudió la cabeza con tristeza.

- Me alegraré si no obtengo este trabajo. ¿Quién quiere trabajar para un idiota?

- Te comprendo -dijo su compañero.

Volviéndose a la mesera, el primer hombre pidió una pizza con salame.
- ¿Le gustaría que se la cortara en ocho o seis porciones?
- Mejor en seis -replicó el segundo hombre-, no tenemos tanta hambre como para comer ocho.

El buen humor hace todas las cosas tolerables.

Proverbios 17:22
El corazón alegre constituye buen remedio.

Fuente: renuevodeplenitud.com

Caleidoscopio

Existía un hombre que a causa de una guerra en la que había peleado de joven, había perdido la vista. Este hombre, para poder subsistir y continuar con su vida, desarrolló una gran habilidad y destreza con sus manos, lo que le permitió destacarse como un estupendo artesano. Sin embargo, su trabajo no le permitía más que asegurarse el mínimo sustento, por lo que la pobreza era una constante en su vida y en la de su familia.

Cierta Navidad quiso obsequiarle algo a su hijo de cinco años, quien nunca había conocido más juguetes que los trastos del taller de su padre con los que fantaseaba reinos y aventuras. Su papá tuvo entonces la idea de fabricarle, con sus propias manos un hermoso caleidoscopio como alguno que él supo poseer en su niñez.

En secreto y por las noches fue recolectando piedras de diversos tipos que trituraba en decenas de partes, pedazos de espejos, vidrios, metales, maderitas, etc. Al cabo de la cena de nochebuena pudo, finalmente imaginar a partir de la voz del pequeño, la sonrisa de su hijo al recibir el precioso regalo.

El niño no cabía en sí de la dicha y la emoción que aquella increíble navidad le había traído de las manos rugosas de su padre ciego, bajo las formas de aquel maravilloso juguete que él jamás había conocido….

Durante los días y las noches siguientes el niño fue a todo sitio portando el preciado regalo, y con él regresó a sus clases en la escuela del pueblo. En los tiempos de recreo entre clase y clase, el niño exhibió y compartió henchido de orgullo su juguete con sus compañeros que se mostraban igual de fascinados con aquella maravilla y que pujaban por poner su ojos en aquel lente y dirigirlo al sol… Uno de aquellos pequeños, tal vez el mayor del grupo, finalmente se acercó al hijo del artesano y le preguntó con la ambiciosa intriga que solo un niño puede expresar:

“Oye, que maravilloso caleidoscopio te han regalado… dónde te lo compraron?, no he visto jamás

Y el niño, orgulloso de poder revelar aquella verdad emocionante desde su pequeño corazón, le contestó:nada igual en el pueblo…”

“No, no me lo compraron en ningún sitio… me lo hizo mi papá”

A lo que el otro pequeño replicó con cierta sorna y tono incrédulo: “Tu padre?… imposible… si tu padre está ciego..!!!”

Nuestro pequeño amigo se quedó mirando a su compañero, y al cabo de una pausa de segundos, sonrió como solo un portador de verdades absolutas puede hacerlo, y le contestó:

“Si… mi papá esta ciego… pero solamente de los ojos…Solamente de los ojos…”

Efesios 3:19

Y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.

La mayoría de las veces estamos enfocados en nuestras falencias, en nuestras debilidades. Que en este tiempo podamos tener un corazón sencillo como los niños, una mirada como la de Dios. Tengamos misericordia como Dios la tiene. Explotemos nuestro potencial para hacer la obra de Dios. Que su gloria se manifieste en nuestras vidas!

La chica de la funeraria

Mi padre era el dueño de la funeraria en nuestro pueblo. Por eso en nuestras conversaciones entre familia con frecuencia tocábamos el tema de la vida y de la muerte. El temor a la muerte me consumía. Algunas veces me imaginaba a mi misma acostada dentro de uno de los ataúdes de la funeraria de mi papá. Los dolientes llorando me rendían sus últimos respetos mientras pensaban si yo merecía o no entrar al cielo. Desde una temprana edad yo había entendido que había dos lugares posibles para pasar la eternidad después de la muerte, el cielo o el infierno, pero ¿quién podría estar seguro de un futuro eterno en el cielo? Me parecía que dependía de las buenas obras que la persona había hecho en su vida, o por lo menos si pensaban otros que sus hechos le abrirían la puerta al cielo.

Sufría mucho con estos pensamientos. Las imágenes que se formaban en mi mente solo confirmaban mis miedos. No quería dejar mi destino eterno a la suerte. La urgencia de estar segura me abrumaba. Sabía que la muerte podría ocurrirme en un momento a otro. ¿Cómo podría prepararme para llegar a esa hora final con seguridad y certeza de mi vida eterna en el cielo?

Aunque básicamente yo era una buena persona, sabía que muy a menudo hacía cosas malas. Siempre me preguntaba si mis mejores acciones eran suficientes para Dios… o si todo lo que hacía alcanzaba su criterio… ¿Si muero hoy, me permitiría entrar al cielo de acuerdo a mis buenas obras?

Como si subiera una escalera sin fin de buenas obras, yo esperaba en vano que cada paso, cada escalón de mi propio esfuerzo, me acercara a Dios y al cielo – para lograr que Dios me aceptara. Pero después del último peldaño seguía otro. Luego otro. Y otro. Nunca finalizaba la subida. Siempre me esforzaba. Nunca lograba ser suficientemente buena.
La duda me asaltaba. La inutilidad y la frustración me importunaban. Esperaba tener la seguridad de que Dios me aceptara y algún día tuviera una relación con El.

Un día mi hermano anunció, “Ahora yo sé que cuando me muera iré al cielo.” Yo dudé de su seguridad y en silencio me dije, “Tú eres mi hermano y yo te conozco. Tú eres bueno pero no TAN bueno.” Él gentilmente interrumpió mis pensamientos para explicarme que la manera de ir al cielo es tener una relación con Dios, no a través de la escalera de buenas obras. Me dijo que la Biblia, la Palabra de Dios, tenía la respuesta. Aprendí que mi pecado, o las cosas malas que había hecho, me separaban del justo y santo Dios. Ninguno de mis mejores esfuerzos podría satisfacer a Dios o permitirme entrar en su presencia. No podría satisfacerlo con mis buenas obras. Yo merecía la muerte, la eterna separación de Dios, como castigo por mis pecados.

Aprendí que Dios me ama. Él desea que yo tenga una relación con Él y que viva con El eternamente. Por eso El mandó a su hijo Jesús a morir en una cruz para tomar mi lugar y pagar la deuda que yo debía por mis pecados. ¡Pero la muerte no fue el fin! Él resucitó de los muertos al tercer día, proveyéndonos la entrada al cielo como dice la Biblia: “Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro.”

Jesús dijo, “Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie viene al Padre si no es por mí.” Entonces, dejé de creer en mis propios esfuerzos inútiles para ganar el favor de Dios y puse mi fe en la obra completada de Jesucristo en la cruz y su resurrección. Acepté que la salvación es “por gracia por medio de la fe, y esto no de nosotros, pues es don de Dios; no por obras para que nadie se gloríe.”

Al creer esto, mi escalera de buenas obras fue reemplazada por la cruz. A través de mi fe en Cristo encontré la respuesta al problema de la vida y de la muerte. Jesús me quitó el gran peso de la duda, como quitando un costal de ladrillos de mis hombros. Solo por su gracia, que es su favor no merecido, Dios me ha aceptado. Hoy tengo la seguridad que tanto anhelaba. Sé que el cielo me espera. Jesús me perdonó a mí, a la Chica de la Funeraria tan llena de dudas. Sólo en Él encontré la respuesta que buscaba.

¿Tienes miedo a morir? ¿Sigues esperando encontrar la seguridad de tu destino eterno? ¿Sigues esforzándote por subir la escalera de las buenas obras para llegar a Dios? Puedes dejar de hacerlo y aceptar la suficiente gracia de Dios. La Biblia dice, “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en El cree, no se pierda mas tenga vida eterna.” Dios desea darte vida eterna y llevarte a vivir con Él a su hogar.

Si aceptas que eres pecador y deseas tener la vida eterna, puedes orar a Dios esta sencilla oración:
Querido Dios, sé que mis pecados me separan de ti, de tu santidad y de tu estándar de justicia. Admito que no puedo hacer nada para conseguir tu perdón y la promesa de ir al cielo. Dejo de creer en mis propias obras y pongo toda mi fe en que Cristo murió en la cruz, fue sepultado y resucitó para perdonar mis pecados. Gracias por aceptarme y darme vida eterna.

Si a través de esta historia verdadera tú has aceptado el regalo de Dios de la vida eterna, porque no compartes con alguien más para que también pueda creer y recibir este gran regalo.

Fuente: storiesfromthevine.com

¿Césped más verde?

Un joven que acababa de graduarse de la Universidad, consiguió una posición laboral con muy buen sueldo. Trabajaba mucho, observaba a los demás y aprendía de ellos. Amaba a su esposa y su familia aumentaba. Pero muy pronto comenzó a quitarle tiempo a la familia para dedicárselo al trabajo. Era un joven brillante y ambicioso, ansiaba subir por la escalera de la corporación y llegar al éxito. En pocos años había logrado llegar a un puesto alto en la compañía.

De pronto, muchas personas empezaron a pedirle consejo profesional y favores, a este hombre tan exitoso. Los compañeros de trabajo lo adulaban, los clientes lo buscaban, y las amigas de la oficina coqueteaban con él. El joven, ansioso por complacer y abrumado por la repentina atención, no se daba cuenta de lo que le estaba pasando. Usó su poder sin sabiduría y cometió algunos errores financieros. Descuidó a su familia y dejó que en su corazón echaran raíces las semillas de la insatisfacción. Desde su perspectiva, en su jardín no crecía más que maleza.

En un momento de debilidad y juicio erróneo, el joven ejecutivo cayó. Cedió a la tentación, a perjuicio de su familia. Dejó su trabajo, y lo peor fue que perdió su integridad. Sus amigos quisieron ayudarlo a restaurarse, pero se alejó de ellos. Su familia estaba dispuesta a perdonarlo, pero el hombre no podía perdonarse a sí mismo. Murió unos años después, alcohólico y destituido.

El césped puede parecer más verde y las flores más hermosas en otros jardines, pero no hay mejor lugar que aquel en que fuimos plantados. Dios sabe exactamente lo que necesitamos. Él nos ha dado todos los ingredientes para disfrutar de una vida bien regalada y exitosa que lo honre a Él.

Job 4:8
Los que aran iniquidad y siembran injuria, lo siegan.

Fuente: En el Jardín con Dios, Editorial UNILIT

En busca del océano

“Usted Perdone”, le dijo un pez a otro, “es usted más viejo y con más experiencia que yo y probablemente podrá usted ayudarme. Dígame: ¿dónde puedo encontrar eso que llaman Océano? He estado buscándolo por todas partes, sin resultado”

“El Océano”, respondió el viejo pez, “es donde estás ahora mismo”

“¿Esto? Pero si esto no es más que agua… Lo que yo busco es el Océano”, replicó el joven pez, totalmente decepcionado, mientras se marchaba nadando a buscar en otra parte.

Quizás el Océano que tanto has buscado esté perdido en algún rincón de tu corazón, …quizás en algún lugar de este rincón.

Muchas veces tenemos lo que estamos buscando frente a nuestras narices y se nos “pasa de largo”. Esperamos que nos sorprenda con algo mágico, con luces de colores, algún truco o algo que nos deje boquiabiertos. Imaginemos lo felices que podríamos ser si pudiéramos maravillarnos con las pequeñas cosas de la vida, con aquellos milagros que hace Dios a diario. No te pierdas de lo importante, mira tu vida con perspectiva, agradece cada pequeña maravilla.

Que Dios bendiga tu vida!

El árbol confundido

Había una vez, algún lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un hermoso jardín, con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales, todos ellos felices y satisfechos.

Todo era alegría en el jardín, excepto por un árbol profundamente triste. El pobre tenía un problema: “No sabía quién era.”
Lo que le faltaba era concentración, le decía el manzano, si realmente lo intentas, podrás tener sabrosas manzanas. “¿Ves que fácil es?”
No lo escuches, exigía el rosal. Es más sencillo tener rosas y “¿Ves que bellas son?”

Y el árbol desesperado, intentaba todo lo que le sugerían, y como no lograba ser como los demás, se sentía cada vez más frustrado.
Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, exclamó:
- No te preocupes, tu problema no es tan grave, es el mismo de muchísimos seres sobre la tierra. Yo te daré la solución: “No dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas… Sé tu mismo, conócete, y para lograrlo, escucha tu voz interior.” Y dicho esto, el búho desapareció.
¿Mi voz interior…? ¿Ser yo mismo…? ¿Conocerme…? Se preguntaba el árbol desesperado, cuando de pronto, comprendió… Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y por fin pudo escuchar su voz interior diciéndole:
“Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble, y tu destino es crecer grande y majestuoso. Dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros, belleza al paisaje…
Tienes una misión “Cúmplela”.
Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado. Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos. Y sólo entonces el jardín fue completamente feliz.

Sólo nosotros podemos saber quiénes somos…

¿Cuántos serán robles que no se permiten a sí mismos crecer?

¿Cuántos serán rosales que por miedo al reto, sólo dan espinas?

¿Cuántos naranjos que no saben florecer?

En la vida, todos tenemos un destino que cumplir, un espacio que llenar…

10 cosas que Dios te preguntará

  1. Dios no te preguntará qué modelo de auto usabas;…te preguntará a cuánta gente llevaste para ayudarla.
  2. Dios no te preguntará los metros cuadrados de tu casa;…te preguntará a cuánta gente recibiste en ella.
  3. Dios no te preguntará la marca de la ropa en tu armario;…te preguntará a cuántos ayudaste a vestirse.
  4. Dios no te preguntará cuán alto era tu sueldo;…te preguntará si vendiste tu conciencia para obtenerlo
  5. Dios no te preguntará cuál era tu título;…te preguntará si hiciste tu trabajo con lo mejor de tu capacidad.
  6. Dios no te preguntará cuántos amigos tenías;…te preguntará cuánta gente te consideraba su amigo.
  7. Dios no te preguntará en qué vecindario vivías;…te preguntará cómo tratabas a tus vecinos.
  8. Dios no te preguntará el color de tu piel;…te preguntará por la pureza
  9. de tu interior.
  10. Dios no te preguntará por qué tardaste tanto en buscar la Salvación;…te llevará CON AMOR a tu casa en el Cielo y no a las puertas del Infierno.

Dios no acusa; solo te pide que prediques con el ejemplo.

Dios siempre llega en el momento justo

Todos los Domingos por la tarde, después del servicio mañanero en la iglesia, el Pastor y su hijo de 11 años iban al pueblo a repartir volantes a cada persona que veían. Este Domingo en particular, cuando llegó la hora de ir al pueblo a repartir los volantes, el tiempo estaba muy frío y comenzó a lloviznar.

El niño se puso su ropa para el frío y le dijo a su padre:

OK, papá, estoy listo’.
Su papá, el Pastor, le dijo, ‘Listo paraqué?’

‘Papá, es hora de ir afuera y repartir nuestros volantes.’
El papá respondió, ‘Hijo, esta muy frío afuera y está lloviznando.’

El niño miró sorprendido a su padre y le dijo, ‘Pero Papá, la gente necesitan saber de Dios aún en los días lluviosos.’
El Papá contestó , ‘Hijo yo no voy a ir afuera con este tiempo.’

Con desespero, el niño dijo, ‘Papá, puedo ir yo solo? Por favor?
Su padre titubeó por un momento y luego dijo, ‘Hijo, tú puedes ir. Aquí tienes los volantes, ten cuidado.’

‘Gracias papá!’

Y con esto, el hijo se fue debajo de la lluvia. El niño de 11 años caminó todas las calles del pueblo, repartiendo los volantes a las personas que veía.

Después de 2 horas caminando bajo la lluvia, con frío y su último volante, se detuvo en una esquina y miró a ver si veía a alguien a quien darle el volante, pero las calles estaban totalmente desiertas. Entonces él se viró hacia la primera casa que vio, caminó hasta la puerta del frente, tocó el timbre varias veces y esperó, pero nadie salió.

Finalmente el niño se volteó para irse, pero algo lo detuvo. El niño se volteó nuevamente hacia la puerta y comenzó a tocar el timbre y a golpear la puerta fuertemente con los nudillos. Él seguía esperando, algo lo aguantaba ahí frente a la puerta. Tocó nuevamente el timbre y esta vez la puerta se abrió suavemente.

Salió una señora con una mirada muy triste y suavemente le preguntó:

‘Qué puedo hacer por ti, hijo.’
Con unos ojos radiantes y una sonrisa que le cortaba las palabras, el niño dijo,:
‘Señora, lo siento si la molesté, pero sólo quiero decirle que ….*DIOS REALMENTE LA AMA * y vine para darle mi último volante, que habla sobre DIOS y SU GRAN AMOR.

El niño le dio el volante y se fue.
Ella solo dijo:
‘GRACIAS, HIJO, y que DIOS te bendiga.’

Bien, el siguiente domingo por la mañana el pastor estaba en el púlpito y cuando comenzó el servicio preguntó:

‘Alguien tiene un testimonio ó algo que quiera compartir?.

Suavemente, en la fila de atrás de la iglesia, una señora mayor se puso de pie. Cuando empezó a hablar, una mirada radiante y gloriosa brotaba de sus ojos:

‘Nadie en esta iglesia me conoce. Nunca había estado aquí, incluso todavía el domingo pasado no era Cristiana.

Mi esposo murió hace un tiempo atrás dejándome totalmente sola en este mundo. El domingo pasado fue un dia particularmente frío y lluvioso, y también lo fue en mi corazón; ese día llegué al final del camino, ya que no tenía esperanza alguna ni ganas de vivir.

Entonces tomé una silla y una soga y subí hasta el ático de mi casa. Amarré y aseguré bien un extremo de la soga a las vigas del techo; entonces me subí a la silla y puse el otro extremo de la soga alrededor de mi cuello.

Parada en la silla, tan sola y con el corazón destrozado, estaba a punto de tirarme cuando de repente escuché el sonido fuerte del timbre de la puerta.

Entonces pensé, ‘Esperaré un minuto y quien quiera que sea se irá’.
Yo esperé y esperé, pero el timbre de la puerta cada vez era más insistente, y luego la persona comenzó a golpear la puerta con fuerza.

Entonces me pregunté, QUIEN PODRÁ SER?

Jamás nadie toca mi puerta ni vienen a verme!

Solté la soga de mi cuello y fui hasta la puerta, mientras el timbre seguía sonando cada vez con mayor insistencia.

Cuando abrí la puerta no podía creer lo que veían mis ojos, frente a mi puerta estaba el más radiante y angelical niño que jamás había visto.

Su sonrisa, ohhh, nunca podré describirla! Las palabras que salieron de su boca hicieron que mi corazón, muerto hace tanto tiempo, volviera a la vida, cuando dijo con voz de querubín: ‘SEÑORA , sólo quiero decirle que DIOS realmente la ama.’

‘Cuando el pequeño ángel desapareció entre el frío y la lluvia , cerré mi puerta y leí cada palabra del volante.

Entonces fui al ático para quitar la silla y la soga.

Ya no las necesitaría más. Como ven . . .ahora soy una hija feliz del REY.

Como la dirección de la iglesia estaba en la parte de atrás del volante, yo vine personalmente decirle GRACIAS a ese pequeño ÁNGEL DE DIOS que llegó justo a tiempo y, de hecho, a rescatar mi vida de una eternidad en el infierno.’

Todos lloraban en la iglesia.

El Pastor bajó del pulpito hasta la primera banca del frente, donde estaba sentado el pequeño ángel; tomó a su hijo en sus brazos y lloró incontrolablemente.

Probablemente la iglesia no volvió a tener un momento más glorioso.

Lucas 18,27:  ”el les dijo: lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios”.

Que es la gracia de Dios?

Interesante video encontré en internet que me pareció muy representativo de lo que es la gracia de Dios. Muchas veces hablamos de la gracia pero no terminamos de comprender bien el concepto. Te invito a ver el siguiente video para que saques tus propias conclusiones.

“Pero por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido en vano para conmigo, antes he trabajado más que todos ellos; pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo”