El carnet de los cristianos

Una joven de la antigua Yugoslavia fue violada. Se propuso hacer lo imposible para romper la cadena de odio que destruía su país… “Al hijo que espero, decía, le enseñaré solamente a amar. Mi hijo, nacido de la violencia, será testigo de que la única grandeza que honra a la persona es la del perdón”.

Dios es amor y ama alocadamente a cada uno de los seres humanos. Quien no ha experimentado ese amor, no puede creerlo y tampoco puede amar. Quien lo ha descubierto como fuente de vida, no puede por menos de dedicar su vida al Amor. Y quien ama de veras a Dios es capaz de amar cordialmente a todos los hombres. Quien no ama a Dios, no pensará más que en sí mismo.

Amar a Dios no resta fuerza para dedicarse a los demás, porque cuanto “más amamos a Dios, más amaremos a nuestros semejantes. Y amando a nuestros semejantes es como se aprende a amar a Dios” (Charles de Foucauld). Ocurre, también, que quien ama a los otros, está más cerca del mismo Dios, pues “nunca están los seres humanos más cerca de Dios que cuando se emplean en salvar a sus semejantes” (Cicerón). El amor a Dios y al prójimo son dos caras de la misma moneda. “Los dos amores de Dios y del prójimo son dos partes de un todo, dos anillos de una misma cadena, dos actos procedentes de una misma virtud, pero inspirados por una única caridad” (San Gregorio Magno).

Amar a Dios debe llevar al compromiso con el hermano. ¡Con qué amor, con qué respeto, con qué alegría, con qué deseo de hacer el mayor bien posible! El amor lleva a la compasión y al compromiso.

El amor es el distintivo de los cristianos. No han de llevar otro carnet en el corazón. “El amor no se detiene en los defectos; trata de excusarlos, si no puede dejar de verlos; ruega para que desaparezcan, si no puede excusarlos; aparta de ellos sus ojos para pensar en las bellezas, en las cualidades del ser amado y en sus propios defectos por los que se humilla… Cuando uno ama, se encuentra tan pequeño, tan humilde ante lo que ama, se encuentra tan miserable y tan pobre y encuentra a lo que ama tan perfecto y tan bello… Si encontramos a nuestro prójimo defectuoso y a nosotros mismos buenos, lloremos sobre nosotros, porque estamos muy abajo, somos orgullosos y ciegos… Lloremos, lloremos sobre nosotros (Charles de Foucauld).

El amor debe ser universal: a todos, a los de cualquier raza y credo, a los amigos y enemigos. La razón fundamental por la que debemos amar está expresada en las palabras de Jesús: “Amad a vuestros enemigos… a fin de que podáis ser llamados hijos de vuestro Padre que está en los cielos” (Mt 5,44-48).

Estamos llamados a esta difícil tarea con el fin de realizar una relación única con Dios: por medio del amor esta potencialidad se actualiza. Debemos amar a nuestros enemigos, porque sólo amándolos podremos conocer a Dios y experimentar la belleza de su santidad…

No habrá solución permanente al problema racial hasta que los oprimidos no desarrollen la capacidad de amar a sus enemigos. Éstas fueron las ideas de Martín Luther King, quien con su vida trató de sembrar el amor y hacer desaparecer todas las barreras. “Si alguno de ustedes me sobrevive, sepa que no quiero un funeral solemne. Y si saben quién pronunciará mi oración fúnebre, díganle que sea breve, que no recuerde que recibí el Nobel de la Paz: eso no tiene importancia. Que el orador diga que Martín Luther King dio su vida por servir a los hombres. Que diga que intenté ser honrado, que trabajé por quitar el hambre a los que están necesitados. Que diga que fui un clarín de la justicia, un clarín por la paz, un clarín por las cosas que creía justas”.

Fuente: Padre Eusebio Gómez Navarro OCD. motivaciones.org

El ayuno que Dios quiere

El ayuno que Dios quiere es éste:

Que sueltes las cadenas injustas, que desates las correas del yugo, que dejes libres a los oprimidos,
que acabes con todas las opresiones, que compartas tu pan con el hambriento, que hospedes a los pobres sin techo, que proporciones ropas al desnudo y que no te desentiendas de tus semejantes.

Entonces brillará tu luz como la aurora y tus heridas sanarán en seguida, tu recto proceder caminará ante ti y te seguirá la gloria del Señor.

Entonces invocarás al Señor y él te responderá; pedirás auxilio y te dirá: “Aquí estoy”

Fuente: pastoralsj.org

Camina en la plenitud del Espiritu

¡Sean llenos del Espíritu! nos manda el Señor ¿Por qué? Porque cuando su plenitud mora en nosotros podemos vivir una vida cristiana poderosa: Con el Espíritu obrando en nuestra vida disfrutamos una santificación progresiva, aprendemos grandes verdades espirituales, somos guiados para aplicar la Palabra, podemos adorar y amar a Dios con otra intensidad, orar con una autoridad mayor y usar los dones para nuestro provecho y para la iglesia.

Si es tan importante que mantengamos la plenitud del Espíritu la pregunta es ¿Cómo nos mantenemos llenos continuamente? Conozcamos cuatro principios simples pero poderosos que nos garantizará fluir en el poder del Espíritu:

En 1° Tesalonisenses 5:19 Pablo dice: “No apaguéis al Espíritu”. La figura del fuego es un símbolo del Espíritu Santo. Por consiguiente, apagar el Espíritu es ahogar o reprimir al Espíritu y no permitirle que cumpla su obra. Podemos decir, entonces, que es negarnos voluntariamente a que el Espíritu nos conduzca a su manera. El pecado original de Satanás fue la rebelión contra Dios y cuando un creyente dice “yo quiero” en lugar de decir como Cristo dijo en Getsemaní: “No se haga mi voluntad, sino la tuya”, entonces está apagando al Espíritu. Esto tiene una sola palabra: Rebelión.

Pero Jesús nos enseñó otro camino. Él no hizo su voluntad sino la del Padre, y dijo que un hombre no puede servir a dos señores. Al hablar de la rendición a la voluntad de Dios en la vida de un cristiano, Pablo escribió: “Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado… sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos” (Rom. 6:13) Cada cristiano tiene dos opciones: O rendirse a Dios,  o al pecado.

La experiencia de ser llenado con el Espíritu sólo puede ser llevada a cabo presentamos nuestro cuerpo en sacrificio vivo. La rendición es el hacer la voluntad final de Dios en nuestra vida y estar dispuesto a hacer cualquier cosa cuando sea, donde sea y como Dios quiera dirigirla. El hecho de que la exhortación “no apaguéis el Espíritu” está en tiempo presente indica que ésta debe ser una experiencia continua iniciada por el acto de la rendición.

Y esta actitud la debemos mantener aún en las circunstancias más adversas, donde no entendemos lo que Dios está haciendo, donde sólo vemos dolor e injusticia. Aún en la confusión del desierto mantente rendido completamente, porque Dios promete guiarnos como el pastor a sus ovejas en valles de sombra de muerte.

Un segundo secreto se encuentra en Efesios 4:30: “y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención”. Aquí se presume que el pecado ha entrado en la vida de un cristiano y como un hecho de su experiencia el Espíritu se angustia, se entristece y queda maniatado dentro de nosotros. Su libertad, su guía, y su poder menguan. El Espíritu Santo, aunque está morando, no está libre para cumplir su obra en nuestra vida.

Cuando tomamos conciencia del hecho de que hemos contristado al Espíritu Santo debemos arrepentirnos. El remedio está en dejar de afligirlo, y para ello debemos confesar nuestros pecados porque entonces, “Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1° Juan 1:9). Arrepintámonos, confesemos nuestros pecados, volvamos a Dios y el Espíritu volverá a estar cómodo y feliz en nuestras vidas. Él habita con el contrito y humillado de corazón ¡Aleluya!

Un tercero principio, como una instrucción más positiva, la encontramos en Gálatas 5:16: “Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne”. Caminar en el Espíritu es un mandamiento para apropiarse del poder y la bendición que es provista por el Espíritu que mora en nosotros. Andar es caminar continuamente con él, por lo cual es un acto de fe ¿Qué es entonces andar en el Espíritu? Romanos 8:5 dice que es pensar en las cosas del Espíritu, ocuparse del Espíritu y ser guiado por su persona, haciendo morir progresivamente los apetitos de nuestra naturaleza, de la carne.

Cuando uno decide aceptar la dirección del Espíritu, más obedecemos la voluntad de Dios. Ser guiado, no es solamente conocer los mandamientos de la Escritura y obedecerlos, sino también obedecer los impulsos del Espíritu a lo largo del día. Los mandamientos donde se nos ordena amar como Cristo ama y donde se ordena que cada pensamiento sea traído a la obediencia en Cristo son imposibles aparte del poder del Espíritu.

Un cuarto principio está en Judas 20, donde nos invita a “orar en el Espíritu Santo”. Es decir, permitir que el Espíritu tome nuestra lengua y oremos inspirados por él, conforme a su carga. Pero también significa orar en lenguas para nuestra propia edificación y para ser un instrumento en sus manos.

Vamos a vaciarnos cada día de nosotros mismos y pedirle al Espíritu que llene todos los rincones de nuestra vida. Aprendamos a tener comunión con él, a conocer su voz, a ser sensibles para obedecerle aún en las pequeñas cosas, porque sólo la continua dependencia en el Espíritu de Dios puede traernos victoria.

Vive continuamente lleno del Espíritu y experimentarás un avivamiento constante.

Fuente: Pastor Roberto Vilaseca. Iglesia Cristiana Fuente de Vida

Careta de santidad

Después de que Dios terminó de explicarle a Moisés cómo debían ofrecerse las ofrendas ( Lev 6:8 al 7:38), y después que Aarón y sus hijos fueran consagrados a Dios como sacerdotes y ofrecieran sus primeros sacrificios delante de Él (capítulo 9) sucedió algo inesperado. Algo que no debería haber sucedido nunca.

¿Qué hicieron Nadab y Abiú delante de Dios? (10:1). Nadab y Abiú eran sacerdotes de Dios ¡pero solo en apariencia! Ellos tenían todo el aspecto exterior de sacerdotes. Cualquiera que los miraba podía identificarlos fácilmente: Pertenecían a la familia de los sacerdotes; Habían sido escogidos y ungidos como sacerdotes; Vestían las túnicas blancas sacerdotales, símbolo de pureza y santidad; Habían puesto sus manos sobre la cabeza del animal del sacrificio identificándose con él; Ofrecieron ofrendas delante de Dios en el Tabernáculo.

¡Eran privilegiados entre todo el pueblo al poder servir a Dios! Podían hacer lo que millares del pueblo jamás llegarían a hacer. Ocupaban un lugar de honor y privilegio ¿quién podía dudar de ellos?

Pero el corazón de Nadab y Abiú no era santo. Ellos tenían toda la apariencia de la santidad pero no lo eran en absoluto.

Dentro del Tabernáculo de Dios ofrecieron un fuego extraño. Le ofrecieron a Dios un tipo de ofrenda que Él nunca les había mandado ofrecer. Probablemente, ambos estaban pasados de alcohol y quisieron “jugar a ser sacerdotes”. ¡Pobres tipos! No tuvieron en cuenta que Dios no juega con las cosas santas.

El final ya lo conoces. Piénsalo. ¿Cómo estás viviendo? ¿Con apariencia de cristiano dentro de la iglesia o como un adolescente y joven auténticamente comprometido con Jesús aún fuera de las “blancas paredes“?

¿O tu ofrenda es un “fuego extraño” de desobediencia, de quejas y enojos, de pecados ocultos, de mezclar lo santo con el mundo, de apariencias?¿Estás ofreciendo delante de Dios las ofrendas que Él desea recibir: gratitud, confesión sincera de pecados, alabanza y adoración, sujeción a tus autoridades, oración, fe en su Palabra?

¿Valoras el privilegio que tienes de ser un hijo de Dios y un sacerdote delante de Él? ¿Valoras el privilegio de poder servirlo? ¿Lo sirves con un corazón limpio y agradecido? ¿Renunciarías a tus “apariencias” para comprometerte totalmente con Él?

Extracto del libro: “Desafíos Para Jóvenes y Adolescentes: Éxodo/Levítico”. Por Edgardo Tosoni

El propósito de Dios

Había una vez un campesino chino, pobre pero sabio, que trabajaba la tierra duramente con su hijo. Un dia el hijo le dijo: Padre, que desgracia! Se nos ha ido el caballo. ¿Por que le llamas desgracia? respondio el padre, veremos lo que trae el tiempo…

A los pocos días el caballo regreso, acompañado de otro caballo. ¡Padre, que suerte! exclamo esta vez el muchacho. Nuestro caballo ha traido otro caballo. -¿Por que le llamas suerte? – repuso el padre – Veamos que nos trae el tiempo.

En unos cuantos días mas, el muchacho quiso montar el caballo nuevo, y este, no acostumbrado al jinete, se encabrito y lo arrojo al suelo. El muchacho se quebro una pierna. -Padre, que desgracia! – exclamo ahora el muchacho -. Me he quebrado la pierna! Y el padre, retomando su experiencia y sabiduria, sentencio: -Por que le llamas desgracia? Veamos lo que trae el tiempo!

El joven comprendió entonces que nunca hay que dar ni la desgracia ni la fortuna como absolutas, sino que siempre hay que darle tiempo al tiempo, para ver si algo es malo o bueno.El muchacho no se convencia de la filosofia del padre, sino que gimoteaba en su cama. Pocos dias despues pasaron por la aldea los enviados del rey, buscando jovenes para llevarselos a la guerra. Vinieron a la casa del anciano, pero como vieron al joven con su pierna entablillada, lo dejaron y siguieron de largo.

Lo mejor es esperar, pero sobre todo confiar en DIOS, porque todo sucede con un propósito positivo para nuestras vidas de acuerdo a su plan infinito….. Gloria a Dios!!!

Fuente: ungidos.com

Lo que Dios cree de ti

Es indispensable que tengamos una idea clara de quién es nuestro Dios. Tú tienes que saber que Dios no es aburrido; Juan decía que Dios es amor, eso quiere decir que todo lo hace por amor, y si te dice que no hagas algo, es porque te ama. Pecar es algo tonto, porque si El no quiere que vayas por ese lado, es porque quiere lo mejor para ti.

Un niño llegó a su colegio y vio que había un rótulo donde decía que llegaría un circo. El niño llegó tan contento a su casa pidiéndoles a sus padres insistentemente que lo llevaran. Al llegar el día, se levantó muy temprano y fue a levantar a sus padres. Ellos le dieron una moneda y salió corriendo al lugar. En ese tiempo, el circo hacía primero una presentación, para luego llevarlos al show principal.

El niño llega a primera fila y se emociona al ver todos los animales y malabaristas. Se emocionó tanto que se le olvidó que en ese momento sólo era un desfile y que todavía no era el show.Al ver un payaso, le dio la moneda, y se regresó a su casa. Este niño pensó que ahí era el circo, se conformó con lo que había visto; se perdió el verdadero show.

Así hay muchos cristianos que se pierden el verdadero show que Cristo tiene para sus vidas. Porque piensan que es sólo de ir a la iglesia y de portarse bien.

Dios quiere que lo disfrutes, pero para eso, tienes que saber que tienes un Dios amoroso. ¿Se parece tu Dios a Jesús? El dijo: “El que me conoce a mí conoce a mi Padre”. 

Cuando Dios te observa, ¿qué piensa, qué siente al verte? Hoy quiero que sepas lo que Dios piensa de ti.

Primero: Eres alguien que Dios ama. 

Juan 3:16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

Este es el milagro más grande que se hizo en este mundo por ti. Porque de tal manera Dios te amó a ti, que dio a su hijo para que fueras salvo. Piensa que Dios te ama, eres alguien por quien Cristo murió en la cruz del calvario de manera especial. Decídete a vivir como alguien amado por el ser más maravilloso e importante del Universo.

Segundo: Tú fuiste comprado.

El pecado original es de nacimiento. En consecuencia, éramos pecadores desde que venimos al mundo; es por eso que Dios mandó a Jesucristo para salvarnos. Satanás decía que tú y yo éramos de su propiedad, pero Dios reclamó a sus hijos, y pagó con la sangre de Cristo. Dios cuida de ti, porque te compró a un precio muy alto. Eres propiedad de Dios, El nos compró, por eso debemos comportarnos como personas valiosas.

Tercero: Somos hijos de Dios.

Pablo hacía énfasis en el gran amor de Dios. Pero muchos cuando pensamos en la imagen de un padre, lo que viene a nosotros es la de nuestro padre terrenal, en cómo él ha sido, pero tu Padre del cielo no es como el de la tierra, porque el ser humano es pecador.

Dios está más interesado en bendecirnos que nosotros mismos, porque tienes un padre bueno y amoroso. Tú tienes que decirle al diablo que se cuide, porque tienes un padre poderoso. Nosotros somos hijos del Dios viviente, vamos a vivir como hijos de Dios, a representarlo muy bien.

Cuarto: Dios te escogió.

El mira tus sueños, tus proyectos. Efesios 1:4 Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él.

El te quiere para alabanza de su gloria. Cuando te concibieron tus padres, tú fuiste,  ganaste esa carrera, esa fecundación del óvulo. Entre muchos, tú fuiste el vencedor. Tal vez tus padres no te planearon, decían que eras un error, un descuido, una confusión, pero si tú estás aquí ahora, es porque Dios te planeó. Dios no comete errores, tú no fuiste un error, eres alguien que Dios ama, que ha sido comprado por un precio alto, fuiste escogido para una misión muy grande.

Yo soy siervo del Señor desde que tengo 16 años. El me escogió por misericordia, y como me escogió a mí, te ha escogido a ti, porque tú eres un representante de tu Padre Celestial. Mira tu mano, tiene huellas digitales, nadie tiene ni tendrá las mismas. Eso es maravilloso, porque eres único, especial, porque puedes dejar una marca que nadie más puede, representar a Dios como nadie más lo puede lograr.

Debes estar consciente que has sido escogido para la misión más espectacular de la tierra. Que has sido llamado para hacer una diferencia; estás aquí con un propósito, debes tener una visión sublime, vas a dejar una marca que nadie más pueda dejar.

Dios te ama, y te ha comprado, eres su hijo y te ha escogido para dejar una marca.

¿Qué expectativas tienes de lo que Dios va hacer contigo? Porque tu fe condiciona la obra de Dios en tu vida.

Salmo 34: 8 Gustad, y ved que es bueno Jehov á. Dichoso el hombre que confía en él.


Fuente: Lucas Leys.-  www. avanzapormas.com

La almohada y la frazada

Hace mucho tiempo, una niña de una familia adinerada se preparaba para ir a la cama. Decía sus oraciones cuando oyó un sollozo a través de su ventana. Un poco asustada, se asomó por su ventana. Otra niña, quien parecía de su misma edad y desposeída estaba parada en el callejón junto a la casa de la niña rica.

Su corazón se identificó con la niña desposeída, ya que estaban en lo más frío del invierno, y la niña no tenía frazada, tan sólo viejos periódicos que alguien había tirado. A la niña rica se le ocurrió una brillante idea. Llamó a la otra niña y le dijo: “Hey, tú, por favor acércate a mi puerta”. La niña desposeída estaba tan asombrada que solo pudo asentir.

Tan rápido como se lo permitieron sus piernas, la niñita bajó las escaleras hasta el closet de su madre y tomó una vieja frazada y una gastada almohada. Tuvo que caminar lentamente a la puerta del frente para no tropezar con la frazada que colgaba, pero finalmente lo logró.

Dejando caer ambos artículos, abrió la puerta. Parada allí estaba la niña desposeída, visiblemente atemorizada. La niña rica sonrió cálidamente y le entregó ambos artículos a la otra niña. Su sonrisa se ensanchó al observar la genuina sorpresa y felicidad en el rostro de la otra niña. Ella se fue a la cama increíblemente satisfecha.

A media mañana del día siguiente alguien tocó a la puerta. La niña rica voló a la puerta esperando ver a la otra niña allí. Abrió la gran puerta y miró fuera. Era la otra niñita. Su rostro se veía feliz y sonrió. “Supongo que no querrás estos de vuelta”.

La niña rica abrió su boca para decir que podía quedárselos cuando se le ocurrió otra idea. “No, sí los quiero de vuelta”. El rostro de la niña desposeída se entristeció. Esta obviamente no era la respuesta que había anticipado. A desgano, dejó los gastados artículos en el umbral y se volteó para irse cuando la niña rica le gritó: “¡Espera! Quédate allí”.

Se volteó a tiempo para ver a la niña rica corriendo escaleras arriba y por un largo corredor. Decidiendo que sin importar lo que la niña rica hiciese, no valía la pena esperar, se volteó y se alejó. Al dar el primer paso, sintió que alguien le tocó el hombro. Al voltearse vio a la niña rica, tirándole una nueva frazada y almohada. “Ten éstas”, dijo suavemente. Estas eran las suyas, hechas de seda y plumas.

Al crecer las dos, no se vieron mucho, pero nunca estuvieron muy lejos la una de la otra en sus mentes. Un día, la niña rica que ahora era una mujer rica, recibió una llamada telefónica de alguien. Un abogado que decía que necesitaba verla en su oficina.

Cuando llegó a la oficina, le dijo lo que había pasado. Hace cuarenta años, cuando ella tenía nueve años, había ayudado a una niña necesitada que creció para convertirse en una mujer de clase media con esposo y dos hijos. Ella había muerto recientemente y le había dejado algo en su testamento. “Aunque”, dijo el abogado, “es la cosa más peculiar. Le dejó una almohada y una frazada”.

Hay cosas en la vida que quizás no tengan mucho precio para algunos, pero para otros pueden ser de mucho significado, especialmente cosas que con amor y comprensión y mucho corazón alguién compartió. Hay mucho que podemos hacer y que podría impactar la vida de otros. Hoy puede ser ese día en que podrías impactar la vida de otro con un gesto, un presente o solo una sonrisa pero con mucho corazón.

“En verdad os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos hermanos míos, aun a los más pequeños, a mí lo hicisteis.” Mateo 25:40

Esperando la Resurrección

Viernes santo.  Un día triste para los seguidores de Jesús. Su madre, sus hermanos, quienes habían seguido sus pasos. El día apenas comenzaba y todo se preparaba para su muerte. Imagino que nadie entendía lo que estaba sucediendo, habría gran convulsión, tristeza … era un día gris. Todo en ese tiempo era confuso.

Cuáles eran las expectativas de sus discípulos? Acaso esperaban verlo morir delante de sus enemigos? Que  no había hecho Jesús suficientes milagros y sanidades como para salvarse Él? ¿Qué estaba pasando?? Woww,  era tan extraño en ese momento.

Hoy conocemos el resto de la historia! Gloria a Dios por eso! Hoy sabemos que todo sucedió para que se cumpliera lo que estaba escrito. El plan de Dios estaba completo, “¡Consumado es!” exclamó Jesús (Jn 19.30). Ya nada impediría que nos acerquemos al padre.

Jesús venció. Él descendió al infierno, predicó a los muertos y arrebató al diablo las llaves de la muerte (Ap 1:18). Muchos siglos atrás, ¡Este fue el día de la gran victoria!!Jesús venció. Fue obediente hasta su muerte, soportó el dolor y la sed por cumplir con lo que su Padre le había encomendado.

Hoy es un día especial para reflexionar, no dejes de tomarte un momento. Piensa en el amor inmenso de Dios, su plan perfecto, el sacrificio de Jesús para que tú tengas vida eterna. Él se llevó todo pecado sobre tu vida, toda acusación, todo dolor físico… si, incluso esa migraña, todo malestar en tu corazón y en tu mente! No es tremendo?!?

Si no lo hiciste ya, comienza a disfrutar de la vida abundante que Dios tiene preparada para vos. Jesús ya pagó el precio.

Semana Santa – Parte 2

¿Por qué? ¿Por qué tuvo que soportar todos estos sufrimientos? Porque sabía que tú también habrías de sufrirlos.

Él sabía que tú te cansarías, te perturbarías y te enojarías. Él sabía que te daría sueño, que te golpearía el pesar y que tendrías hambre. Sabía que tendrías que enfrentarte al dolor. Si no al dolor del cuerpo, al dolor del alma… dolor demasiado agudo para cualquiera droga. Sabía que estarías sediento. Si no sed de agua, a lo menos sed por la verdad, y la verdad que recogemos de la imagen de un Cristo sediento. Él entiende.  Y porque Él entiende, podemos venir a Él.

¿No nos habríamos visto privados de Él si no hubiese entendido? ¿No nos alejamos de las personas cuando no las entendemos? Supongamos que te encontraras muy preocupado por tu situación financiera. Necesitas que algún amigo te demuestre su aprecio y te dé algún tipo de asesoría. ¿Buscarías la ayuda del hijo de un multimillonario? (Recuerda que lo que andas buscando es orientación, no una limosna.) ¿Acudirías a alguien que haya heredado una fortuna? Probablemente, no. ¿Por qué? Porque no te entendería. Y no te entendería porque nunca ha vivido lo que tú has estado viviendo de modo que no puede saber cómo te sientes.

Jesús, sin embargo, sí ha estado y sí lo puede hacer. Él ha estado donde tú estás y puede saber cómo te sientes. Y si su vida sobre la tierra no logra convencerte, lo hará su muerte en la cruz. Él entiende la situación por la que estás pasando. Nuestro Señor no simplemente se conduele o se burla de nuestras necesidades. Él responde «generosamente y sin reprocharnos» ( Santiago 1.5 ). ¿Cómo puede hacer eso? Nadie lo ha dicho más claramente que el autor de Hebreos:

Jesús entiende cada una de nuestras debilidades, porque él fue tentado en cada aspecto en que lo somos nosotros. ¡Pero él no pecó! De modo que cada vez que estemos en necesidad, acudamos resueltamente ante el trono de nuestro Dios misericordioso. Allí se nos tratará con inmerecida amabilidad y encontraremos la ayuda que necesitamos ( Hebreos 4.15–16 ).

¿Por qué la garganta del cielo llegó a estar tan seca? Para que pudiéramos saber que Él entiende; para que todo el que sufre oiga la invitación: «Confía en mí».

La palabra confiar no aparece en el versículo que habla de la esponja y el vinagre, pero encontramos una frase que nos ayuda a confiar. Observa la frase antes de aquella donde Jesús dice que tiene sed: «Para que la Escritura se cumpliera, Jesús dijo, “Tengo sed”» ( Juan 19.28 ). Allí, Juan nos da el motivo detrás de las palabras de Jesús. Nuestro Señor estaba preocupado por el cumplimiento de la Escritura. De hecho, el cumplimiento de la Escritura es tema recurrente en la pasión. Fíjate en esta lista:

La traición de Judas a Jesús ocurrió «para hacer realidad lo que la Escritura decía» ( Juan 13.18 ; véase Juan 17.12 ).

La suerte sobre la ropa tuvo lugar «para que esta Escritura se hiciera realidad: “Dividieron mi ropa entre ellos, y echaron suerte sobre mi manto”» ( Juan 19.24 ).

A Cristo no le rompieron las piernas «para que se cumpliera la Escritura: “Ni uno de sus huesos será roto”» (Juan 19.36 ).

El costado de Jesús fue horadado para que se cumpliera el pasaje que dice: «Mirarán al que traspasaron» ( Juan 19.37).

Juan dice que los discípulos quedaron atónitos al ver la tumba vacía porque «no entendieron la Escritura donde dice que Jesús debía resucitar de entre los muertos» ( Juan 20.9 ).

¿Por qué tanta referencia a la Escritura? ¿Por qué, en sus momentos finales, Jesús estuvo decidido a cumplir la profecía? Él sabía de nuestras dudas. Y de nuestras preguntas. Y como no quería que nuestras cabezas privaran a nuestros corazones de su amor, usó sus momentos finales para ofrecer la prueba de que Él era el Mesías. En forma sistemática fue cumpliendo las profecías dadas siglos atrás.

Cada detalle importante de la gran tragedia se escribió de antemano:

• la traición por parte de un amigo cercano ( Salmos 41.9 ); • el abandono de los discípulos después que lo apresaron ( Salmos 31.11 ); • la acusación falsa ( Salmos 35.11 ); • el silencio ante sus jueces ( Isaías 53.7 ); • el ser hallado sin culpa ( Isaías 53.7 ); • el ser incluido entre los pecadores ( Isaías 53.12 ); • su crucifixión ( Salmos 22.16 ); • las burlas de los espectadores ( Salmos 109.25 ); • las mofas de los incrédulos ( Salmos 22.7–8 ); • las suertes sobre sus ropas ( Salmos 22.18 ); • la oración por sus enemigos ( Isaías 53.12 ); • el abandono por parte de Dios ( Salmos 22.1 ); • la entrega de su espíritu en las manos de su Padre ( Salmos 31.5 ); • la decisión de no romperle las piernas ( Salmos 34.20 ); • su sepultura en la tumba de un hombre rico ( Isaías 53.9 )

¿Sabías tú que en su vida Cristo cumplió 332 profecías diferentes del Antiguo Testamento? ¿Cuáles serían las posibilidades matemáticas que habría para que una persona cumpliera todas estas profecías durante su vida? (¡Es decir, noventa y siete ceros!) 1 ¡Asombroso!

¿Por qué Jesús proclamó su sed desde la cruz? Para poner una tabla más sobre aquel puente firme por el cual pueda pasar el incrédulo. Su confesión de estar sediento es una señal para todos los que le buscan de que Él es el Mesías. Su acto final, entonces, es una palabra cálida para los cautos: «Puedes confiar en mí».

¿No necesitamos alguien más en quien confiar? ¿No necesitamos para confiar a alguien que sea más grande que nosotros? ¿No estamos cansados de confiar en personas de esta tierra para que nos entiendan? ¿No estamos cansados de confiar en las cosas de esta tierra para lograr fortaleza?Un marinero que se está ahogando no pide ayuda a otro marinero que se esté ahogando. Un preso no le ruega a otro preso que lo deje libre. Un pordiosero no va a pedir ayuda a otro pordiosero. Él sabe que necesita acudir a quien sea más fuerte que él.

El mensaje de Jesús a través de la esponja empapada con vinagre es este: Yo soy esa persona. Confía en mí.

Fuente: Max Lucado

Semana Santa – Parte 1

Alabado sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de misericordia y el Dios de toda consolación, que nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que nosotros podamos consolar con el consuelo que hemos recibido de Dios a todos los que están en tribulación. Porque así como los sufrimientos de Cristo fluyeron en nuestras vidas, así también fluye nuestra consolación a través de Cristo. 2 Corintios 1.3-5

Has tratado alguna vez de convencer a un ratón a que no se preocupe? ¿Has logrado alguna vez tranquilizar a un roedor? Si tu respuesta es sí, entonces significa que eres más sabio que yo. Porque mis intentos fueron un fracaso. Mis palabras cayeron en pequeños oídos sordos.

No es que el animalito haya merecido las simpatías de alguien porque por él Denalyn lanzó un alarido, y por el alarido, el garaje tembló. Y porque el garaje tembló, yo fui arrancado de la región de los sueños y llamado a defender a mi esposa y a la patria. Estaba orgulloso de ir, de modo que con ánimo resuelto me dirigí al garaje.

El ratón estaba perdido de antemano. Sé jujitsu, karate, tae kwan do y varias otras… frases. Incluso he observado algunos comerciales sobre defensa personal. Ese ratón se iba a encontrar con la horma de su zapato.

Además de todo lo anterior, el pobre estaba atrapado en un contenedor de basura vacío. ¿Cómo llegó allí? Solo él lo sabe, pero no lo quiere decir. Lo sé porque se lo pregunté. Su única respuesta fue una carrera loca alrededor de la base del contenedor.

El pobre estaba asustado hasta la punta de los pelos. ¿Y quién no habría de estarlo? Imagínate atrapado en un contenedor de plástico y mirando hacia arriba solo para ver un gran (aunque simpático) rostro humano. Sería suficiente para hacerte castañetear los dientes.

«¿Qué vas a hacer con él?» me preguntó Denalyn, apretándome el brazo como para darme ánimo.

«No te preocupes, mi amor» le dije en un tono fanfarrón que la hizo desfallecer y que a John Wayne habría llenado de celos. «Ya verás cómo me las arreglo».

Dicho esto, partimos el ratón, el tarro de basura y yo hacia un espacio vacío. «Tranquilo, amigo. En un momento estarás en casa». Él no escuchaba. Cualquiera habría pensado que nos dirigíamos al lugar de ejecución. Si no hubiera puesto la tapa al tarro, el intruso habría saltado afuera. «No te voy a hacer daño», le expliqué. «Solo te voy a soltar. Te metiste en un problema, pero te voy a librar de él».

No se tranquilizó. No se quedó quieto. No… bueno, no confiaba en mí. Hasta el último momento, cuando puse el tarro en el suelo y quedó libre, ¿crees que se volvió para decir gracias? ¿Que se le ocurrió invitarme a comer a su casa? No. Simplemente corrió. (¿Sería mi imaginación o es que lo escuché gritando: «¡Retrocedan! ¡Retrocedan! Miren que Max, el que odia a los ratones, está aquí!»?)

Sinceramente. ¿Qué podría haber hecho para ganarme su confianza? ¿Aprender el idioma de los ratones? ¿Adoptar ojos de ratón y una cola larga? ¿Meterme al tarro con él? Gracias, pero no. Quiero decir, el ratón era todo lo simpático que quieras, pero no valía tanto como para que yo hiciera eso. Aparentemente tú y yo sí que valemos.

¿Crees que es absurdo que un hombre se vuelva ratón? El viaje desde tu casa a un tarro de basura es bastante más corto que el camino del cielo a la tierra. Pero Jesús lo hizo. ¿Por qué?

Él quiere que confiemos en Él.

Piensa por un momento conmigo en lo siguiente: ¿Por qué Jesús vivió en la tierra todo el tiempo que lo hizo? ¿No pudo su vida haber sido más corta? ¿Por qué no venir a este mundo solo a morir por nuestros pecados y luego irse? ¿Por qué no un año o una semana sin pecado? ¿Por qué tuvo que vivir así toda una vida? Tomar nuestros pecados es una cosa, ¿pero hacerse cargo de nuestras quemaduras de sol, o nuestra inflamación de garganta? Experimentar la muerte, sí, ¿pero tolerar la vida? ¿Tolerar los largos caminos, los largos días y los malos caracteres? ¿Por qué lo hizo? Porque quiere que confíes en Él. Aun su acto final sobre la tierra lo hizo para ganar tu confianza.

Más tarde, sabiendo que ya todo estaba terminado, y que así se cumpliría la Escritura, Jesús dijo: «Tengo sed». Había allí un jarro de vinagre, así es que empaparon una esponja en ella, pusieron la esponja en un palo de la planta de hisopo y la alzaron hasta los labios de Jesús. Cuando hubo recibido la bebida, Jesús dijo: «Todo ha concluido». Con eso, inclinó su cabeza y entregó su espíritu ( Juan 19.28–30 )

Este es el acto final de la vida de Jesús. En la conclusión de su composición terrenal, oímos los ruidos que hace un hombre sediento. Y a través de su sed -mediante una esponja y un jarro de vino barato- hace su última petición: «Tú puedes confiar en mí».

Jesús. Labios resquebrajados y boca de algodón. Garganta tan seca que no podía tragar y voz tan ronca que apenas podía hablar. Está sediento. Para encontrar la última vez que sus labios se humedecieron habría que retroceder una docena de horas, hasta la cena en el aposento alto. Después de haber probado esa copa de vino, Jesús había sido golpeado, abofeteado, magullado y cortado. Había llevado la cruz y cargado los pecados y su garganta no tenía ni un poco de líquido. Está sediento.

¿Por qué no hizo algo para evitar eso? ¿No podía? ¿No había hecho que jarros de agua se convirtieran en jarros de vino? ¿No hizo un muro con las aguas del río Jordán y dos muros con las aguas del Mar Rojo? ¿No hizo, con una palabra, que dejara de llover y calmó la tempestad? ¿No dice la Escritura que «cambió el desierto en estanques de agua» ( Salmos 107.35 ), y «la roca en fuente de aguas»? ¿No dijo Dios «Derramaré agua sobre el sediento» ( Isaías 44.3 )? Entonces, ¿por qué Jesús tuvo que soportar sed?

Mientras nos hacemos esta pregunta, agreguemos un poco más. ¿Por qué se cansó en Samaria ( Juan 4.6 ), se perturbó en Nazaret ( Marcos 6.6 ) y se enojó en el Templo ( Juan 2.15 )? ¿Por qué se quedó dormido en el bote en el Mar de Galilea ( Marcos 4.38 ) y triste ante la tumba de Lázaro ( Juan 11.35 ) y hambriento en el desierto ( Mateo 4.2 )?

¿Por qué? ¿Y por qué tuvo sed en la cruz? Él no tenía por qué sufrir sed. A lo menos, no al grado que la tuvo. Seis horas antes le habían ofrecido de beber, pero Él lo había rechazado.

Trajeron a Jesús al lugar llamado Gólgota (que quiere decir el Lugar de la Calavera). Luego le ofrecieron vino mezclado con mirra, pero él no quiso tomarlo. Y lo crucificaron. Se repartieron sus ropas y echaron suertes para ver qué se llevaría cada uno ( Marcos 15.22–24 ).

Antes de clavarle los clavos, le ofrecieron de beber. Marcos dice que el vino estaba mezclado con mirra. Mateo dice que el vino estaba mezclado con hiel. Tanto la mirra como la hiel tienen propiedades sedativas que adormecen los sentidos. Pero Jesús los rechazó. No quiso estar aturdido por las drogas, optando en cambio por sentir el sufrimiento en toda su fuerza.

Fuente: Max Lucado