El anillo del rey

Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte: Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo.

Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total… Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada.

El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también lo consultó. Y éste le dijo:

No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje – el anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey -. Pero no lo leas – le dijo- mantenlo escondido en el anillo. Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación-

Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante y no había ningún otro camino…

De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso: Simplemente decía “Esto también pasará“.

Mientras leía “esto también pasará” sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Los enemigos que le perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino, pero lo cierto es que poco a poco dejó de escuchar el trote de los caballos.

El rey se sentía profundamente agradecido al sirviente y al místico desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a ponerlo en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes… y él se sentía muy orgulloso de sí mismo.

El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo:
Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.

¿Qué quieres decir? – preguntó el rey -. Ahora estoy victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida.

Escucha – dijo el anciano -: este mensaje no es sólo para situaciones desesperadas; también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientes victorioso. No es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero.

El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: “Esto también pasará”, y nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba, pero el orgullo, el ego, había
desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Se había iluminado.

Entonces el anciano le dijo:
Recuerda que todo pasa. Ninguna cosa ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche, hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.

Entrevista con Dios

Con mi título de periodista recién obtenido, decidí realizar una Gran entrevista, y mi deseo fue concedido permitiéndoseme una reunión con DIOS!!!

-”Pasa” me dijo Dios “¿Así que quieres entrevistarme?”
-”Bueno”, le conteste, “Si tienes tiempo…”

Se sonrió por entre la barba y dijo:
-”Mi tiempo se llama eternidad y alcanza para todo.”
Que preguntas quieres hacerme?
-”Ninguna nueva, ni difícil para ti:
¿Que es lo que más te sorprende de los hombres?”
Y dijo:
“Que se aburren de ser niños, apurados por crecer, y luego suspiran por ser niños”.
“Que primero pierden la salud para tener dinero y acto seguido, pierden el dinero para recuperar la salud”.
“Que por pensar ansiosamente en el futuro, descuidan su hora actual, con lo que ni viven el presente ni el futuro”.
“Que viven como si no fueran a morirse, y se mueren como si no hubieran vivido”.

Y pensar que YO…, con los ojos llenos de lagrimas y la voz entrecortada dejó de hablar. Sus manos tomaron fuertemente las mías y seguimos en silencio. Después de un largo tiempo y para cortar el clima, le dije:
“Me dejas hacerte otra pregunta?”
No me respondió con palabras, sino solo con su tierna mirada.

Como Padre: “Que es lo que le pedirías a tus hijos?”

“Que aprendan que no pueden hacer que alguien los ame. Lo que pueden hacer es dejarse amar”
“Que aprendan que toma años construir la confianza y solo segundos para destruirla”
“Que lo más valioso no es lo que tienen en sus vidas, sino A QUIEN tienen en sus vidas”
“Que aprendan que no es bueno compararse con los demás; pues siempre habrá alguien mejor o peor que ellos”
“Que rico no es el que más tiene, sino el que menos necesita”
“Que aprendan que deben controlar sus actitudes, o sus actitudes los controlaran”
“Que bastan unos pocos segundos para producir heridas profundas en las personas que amamos, y que pueden tardar muchos años en ser sanadas”
“Que aprendan que a perdonar se aprende practicando” “Que hay gente que los quiere mucho, pero que simplemente no saben como demostrarlo”
“Que aprendan que el dinero lo compra todo menos la felicidad”
“Que los grandes sueños no requieren de grandes alas, sino de un tren de aterrizaje para lograrlos”
“Que los amigos de verdad son tan escasos, que quien ha encontrado uno ha encontrado un verdadero tesoro
Que no siempre es suficiente ser perdonado por otros, algunas veces deben perdonarse a si mismos”
“Que aprendan que son dueños de lo que callan y esclavos de lo que dicen”
“Que de lo que siembra, cosechan; si siembran chismes, cosecharan intrigas. Si siembran amor, cosecharan felicidad”
“Que aprendan que la verdadera felicidad no es lograr sus metas, sino aprender a ser feliz con lo que tienen”
“Que aprendan que la felicidad no es cuestión de suerte sino producto de sus decisiones”
“Ellos deciden ser felices con lo que son y tienen, o morir de envidia y celos por los que les falta y carecen”
“Que dos personas pueden mirar una misma cosa y ver algo totalmente diferente”
“Que sin importar las consecuencias, aquellos que son honestos consigo mismos, llegan lejos en la vida”
“Que a pesar de que piensen que no tienen nada más que dar, cuando un amigo llora con ellos, encuentran la fortaleza para vencer sus dolores”
“Que retener a la fuerza a las personas que aman, las aleja mas rápidamente de ellos, o que al dejarlas ir, las deja para siempre a su lado”
“Que a pesar de que la palabra amor puede tener muchos significados distintos, pierde valor cuando es usada en exceso”
“Que aprendan que amar y querer no son sinónimos sino antónimos, el quererlo exige todo, el amor lo entrega todo”
“Que nunca harán nada tan grande para que los ame más, ni nada tan malo para que los ame menos. Simplemente, los amo a pesar de sus conductas”
“Que aprendan que la distancia más lejos que pueden estar de mí, es la distancia de una simple oración…”

Y así, en un encuentro profundo, tomados de la mano, continuamos en silencio… Será posible que alguna vez aprendamos?
Bueno si…. pero, no es gratis.

Fuente: www.leonismoargentino.com.ar

Llamados a ser santos

Juan Wesley dijo que Juan Fletcher era el hombre más santo que había conocido en Europa y en América; y que lo era porque diariamente se examinaba para saber si su proceder estaba de acuerdo con los planes de Dios, para lo cual se hacía las siguientes preguntas:

1.- ¿Desperté espiritualmente y tuve cuidado de guardar mi mente de pensamientos errantes, cuando me levanté esta mañana?

2.- ¿Me he acercado a Dios en oración o he dado lugar a la pereza y a la desidia espiritual?

3.- ¿Se ha debilitado mi fe por no haber velado, o ha sido avivada por haberla puesto en actividad hoy?

4.- He andado hoy por fe, y he procurado ver a Dios en todas las cosas?

5.- ¿Me he negado a mi mismo al usar palabras y al expresar pensamientos poco bondadosos? ¿Me he debilitado espiritualmente al ver que prefieren a otros en mi lugar?

6.- ¿He aprovechado mi tiempo precioso, mis fuerzas y mis oportunidades según la luz que Dios me ha dado?

7.- ¿He guardado mi corazón en un ambiente de gracia, de modo que haya sacado provecho?

8.- ¿Qué he hecho hoy por los cuerpos y por las almas de los santos?

9.- ¿He derrochado cualquier cosa por agradarme a mi mismo, cuando podía haber guardado el dinero para la casa de Dios?

10.- ¿He gobernado bien mi lengua, recordando que en la multitud de palabras no falta pecado?

11.- ¿En cuántas ocasiones que he negado a mi mismo hoy?

12.- ¿Mi vida y mis palabras han honrado el evangelio de Cristo?

Extraído de “Ilustraciones Selectas”, A. Espinoza

La araña y la mosca

Cuentan que una araña vivía en una casa vieja y allí tejió una hermosa tela para atrapar moscas, cada vez que una mosca se enredaba en la tela corría la araña a devorarla para que las otras moscas no la vieran ahí atrapada, y siguieran considerando esa red segura para tomarse un descanso.

Pero hubo una vez una mosca más inteligente. Revoloteaba la mosca y no se decidía a posarse en los hilos de la araña. La araña la invitó a bajar. La mosca rehusó: “Nunca me poso donde no veo otras moscas”, dijo, y se alejó y voló hacia un lugar donde había muchas moscas.

Cuando iba a posarse pasaba por ahí una abeja zumbona que le hizo saber: “Ten cuidado, estúpida, que es papel caza-moscas, y ésas están todas presas”. Pero la mosca no atendió a la advertencia, y ahí se fue a su exterminio, pero con las demás.

La multitud no es garantía de nada. Más bien es garantía de pegoteo, de publicidad arrebatadora, de moda virulenta. También es cierto que produce seguridad, esa sensación tan dulce de ser colegas. La identidad personal necesita, obviamente, de seguridad, de marcos de contención, del ser como todos. Pero también se construye en aquellos raptos de ser diferente que se dan en circunstancias que no se comparten con otros o, al menos, no con multitudes. Los hijos crecen entre el ser como todos y el ser como nadie. Lo extraordinario, no es que seamos como los otros, lo maravilloso es que, en ocasiones, podamos ser diferentes a los demás.

Buen humor

Un gerente encontró a dos hombres muy torpes durante un día de entrevistas de trabajo. Le dio a cada uno de ellos una tarea.
Más tarde, los hombres se encontraron en una pizzería para comparar sus notas.
- ¡Oye, qué gerente más estúpido! -exclamó el ignorante número uno-. Me dio un billete de cinco dólares y luego me dijo que fuera a comprarle un Porsche. ¡El tonto no me dijo de qué color lo quería!

- Crees que eso es malo -replicó el ignorante número dos-, estábamos haciendo la entrevista en la sala de conferencias, y me dijo: “Ve hasta mi oficina, y fíjate si estoy allí, si no estoy vuelve y dímelo”. ¡Qué imbécil! Había un teléfono en la sala de conferencias. Pudo haber llamado a su oficina para ver si estaba allí. ¡No debió haberme enviado a ver!
El número uno sacudió la cabeza con tristeza.

- Me alegraré si no obtengo este trabajo. ¿Quién quiere trabajar para un idiota?

- Te comprendo -dijo su compañero.

Volviéndose a la mesera, el primer hombre pidió una pizza con salame.
- ¿Le gustaría que se la cortara en ocho o seis porciones?
- Mejor en seis -replicó el segundo hombre-, no tenemos tanta hambre como para comer ocho.

El buen humor hace todas las cosas tolerables.

Proverbios 17:22
El corazón alegre constituye buen remedio.

Fuente: renuevodeplenitud.com

Caleidoscopio

Existía un hombre que a causa de una guerra en la que había peleado de joven, había perdido la vista. Este hombre, para poder subsistir y continuar con su vida, desarrolló una gran habilidad y destreza con sus manos, lo que le permitió destacarse como un estupendo artesano. Sin embargo, su trabajo no le permitía más que asegurarse el mínimo sustento, por lo que la pobreza era una constante en su vida y en la de su familia.

Cierta Navidad quiso obsequiarle algo a su hijo de cinco años, quien nunca había conocido más juguetes que los trastos del taller de su padre con los que fantaseaba reinos y aventuras. Su papá tuvo entonces la idea de fabricarle, con sus propias manos un hermoso caleidoscopio como alguno que él supo poseer en su niñez.

En secreto y por las noches fue recolectando piedras de diversos tipos que trituraba en decenas de partes, pedazos de espejos, vidrios, metales, maderitas, etc. Al cabo de la cena de nochebuena pudo, finalmente imaginar a partir de la voz del pequeño, la sonrisa de su hijo al recibir el precioso regalo.

El niño no cabía en sí de la dicha y la emoción que aquella increíble navidad le había traído de las manos rugosas de su padre ciego, bajo las formas de aquel maravilloso juguete que él jamás había conocido….

Durante los días y las noches siguientes el niño fue a todo sitio portando el preciado regalo, y con él regresó a sus clases en la escuela del pueblo. En los tiempos de recreo entre clase y clase, el niño exhibió y compartió henchido de orgullo su juguete con sus compañeros que se mostraban igual de fascinados con aquella maravilla y que pujaban por poner su ojos en aquel lente y dirigirlo al sol… Uno de aquellos pequeños, tal vez el mayor del grupo, finalmente se acercó al hijo del artesano y le preguntó con la ambiciosa intriga que solo un niño puede expresar:

“Oye, que maravilloso caleidoscopio te han regalado… dónde te lo compraron?, no he visto jamás

Y el niño, orgulloso de poder revelar aquella verdad emocionante desde su pequeño corazón, le contestó:nada igual en el pueblo…”

“No, no me lo compraron en ningún sitio… me lo hizo mi papá”

A lo que el otro pequeño replicó con cierta sorna y tono incrédulo: “Tu padre?… imposible… si tu padre está ciego..!!!”

Nuestro pequeño amigo se quedó mirando a su compañero, y al cabo de una pausa de segundos, sonrió como solo un portador de verdades absolutas puede hacerlo, y le contestó:

“Si… mi papá esta ciego… pero solamente de los ojos…Solamente de los ojos…”

Efesios 3:19

Y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.

La mayoría de las veces estamos enfocados en nuestras falencias, en nuestras debilidades. Que en este tiempo podamos tener un corazón sencillo como los niños, una mirada como la de Dios. Tengamos misericordia como Dios la tiene. Explotemos nuestro potencial para hacer la obra de Dios. Que su gloria se manifieste en nuestras vidas!

La chica de la funeraria

Mi padre era el dueño de la funeraria en nuestro pueblo. Por eso en nuestras conversaciones entre familia con frecuencia tocábamos el tema de la vida y de la muerte. El temor a la muerte me consumía. Algunas veces me imaginaba a mi misma acostada dentro de uno de los ataúdes de la funeraria de mi papá. Los dolientes llorando me rendían sus últimos respetos mientras pensaban si yo merecía o no entrar al cielo. Desde una temprana edad yo había entendido que había dos lugares posibles para pasar la eternidad después de la muerte, el cielo o el infierno, pero ¿quién podría estar seguro de un futuro eterno en el cielo? Me parecía que dependía de las buenas obras que la persona había hecho en su vida, o por lo menos si pensaban otros que sus hechos le abrirían la puerta al cielo.

Sufría mucho con estos pensamientos. Las imágenes que se formaban en mi mente solo confirmaban mis miedos. No quería dejar mi destino eterno a la suerte. La urgencia de estar segura me abrumaba. Sabía que la muerte podría ocurrirme en un momento a otro. ¿Cómo podría prepararme para llegar a esa hora final con seguridad y certeza de mi vida eterna en el cielo?

Aunque básicamente yo era una buena persona, sabía que muy a menudo hacía cosas malas. Siempre me preguntaba si mis mejores acciones eran suficientes para Dios… o si todo lo que hacía alcanzaba su criterio… ¿Si muero hoy, me permitiría entrar al cielo de acuerdo a mis buenas obras?

Como si subiera una escalera sin fin de buenas obras, yo esperaba en vano que cada paso, cada escalón de mi propio esfuerzo, me acercara a Dios y al cielo – para lograr que Dios me aceptara. Pero después del último peldaño seguía otro. Luego otro. Y otro. Nunca finalizaba la subida. Siempre me esforzaba. Nunca lograba ser suficientemente buena.
La duda me asaltaba. La inutilidad y la frustración me importunaban. Esperaba tener la seguridad de que Dios me aceptara y algún día tuviera una relación con El.

Un día mi hermano anunció, “Ahora yo sé que cuando me muera iré al cielo.” Yo dudé de su seguridad y en silencio me dije, “Tú eres mi hermano y yo te conozco. Tú eres bueno pero no TAN bueno.” Él gentilmente interrumpió mis pensamientos para explicarme que la manera de ir al cielo es tener una relación con Dios, no a través de la escalera de buenas obras. Me dijo que la Biblia, la Palabra de Dios, tenía la respuesta. Aprendí que mi pecado, o las cosas malas que había hecho, me separaban del justo y santo Dios. Ninguno de mis mejores esfuerzos podría satisfacer a Dios o permitirme entrar en su presencia. No podría satisfacerlo con mis buenas obras. Yo merecía la muerte, la eterna separación de Dios, como castigo por mis pecados.

Aprendí que Dios me ama. Él desea que yo tenga una relación con Él y que viva con El eternamente. Por eso El mandó a su hijo Jesús a morir en una cruz para tomar mi lugar y pagar la deuda que yo debía por mis pecados. ¡Pero la muerte no fue el fin! Él resucitó de los muertos al tercer día, proveyéndonos la entrada al cielo como dice la Biblia: “Porque la paga del pecado es muerte, pero la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, Señor nuestro.”

Jesús dijo, “Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie viene al Padre si no es por mí.” Entonces, dejé de creer en mis propios esfuerzos inútiles para ganar el favor de Dios y puse mi fe en la obra completada de Jesucristo en la cruz y su resurrección. Acepté que la salvación es “por gracia por medio de la fe, y esto no de nosotros, pues es don de Dios; no por obras para que nadie se gloríe.”

Al creer esto, mi escalera de buenas obras fue reemplazada por la cruz. A través de mi fe en Cristo encontré la respuesta al problema de la vida y de la muerte. Jesús me quitó el gran peso de la duda, como quitando un costal de ladrillos de mis hombros. Solo por su gracia, que es su favor no merecido, Dios me ha aceptado. Hoy tengo la seguridad que tanto anhelaba. Sé que el cielo me espera. Jesús me perdonó a mí, a la Chica de la Funeraria tan llena de dudas. Sólo en Él encontré la respuesta que buscaba.

¿Tienes miedo a morir? ¿Sigues esperando encontrar la seguridad de tu destino eterno? ¿Sigues esforzándote por subir la escalera de las buenas obras para llegar a Dios? Puedes dejar de hacerlo y aceptar la suficiente gracia de Dios. La Biblia dice, “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en El cree, no se pierda mas tenga vida eterna.” Dios desea darte vida eterna y llevarte a vivir con Él a su hogar.

Si aceptas que eres pecador y deseas tener la vida eterna, puedes orar a Dios esta sencilla oración:
Querido Dios, sé que mis pecados me separan de ti, de tu santidad y de tu estándar de justicia. Admito que no puedo hacer nada para conseguir tu perdón y la promesa de ir al cielo. Dejo de creer en mis propias obras y pongo toda mi fe en que Cristo murió en la cruz, fue sepultado y resucitó para perdonar mis pecados. Gracias por aceptarme y darme vida eterna.

Si a través de esta historia verdadera tú has aceptado el regalo de Dios de la vida eterna, porque no compartes con alguien más para que también pueda creer y recibir este gran regalo.

Fuente: storiesfromthevine.com

¿Césped más verde?

Un joven que acababa de graduarse de la Universidad, consiguió una posición laboral con muy buen sueldo. Trabajaba mucho, observaba a los demás y aprendía de ellos. Amaba a su esposa y su familia aumentaba. Pero muy pronto comenzó a quitarle tiempo a la familia para dedicárselo al trabajo. Era un joven brillante y ambicioso, ansiaba subir por la escalera de la corporación y llegar al éxito. En pocos años había logrado llegar a un puesto alto en la compañía.

De pronto, muchas personas empezaron a pedirle consejo profesional y favores, a este hombre tan exitoso. Los compañeros de trabajo lo adulaban, los clientes lo buscaban, y las amigas de la oficina coqueteaban con él. El joven, ansioso por complacer y abrumado por la repentina atención, no se daba cuenta de lo que le estaba pasando. Usó su poder sin sabiduría y cometió algunos errores financieros. Descuidó a su familia y dejó que en su corazón echaran raíces las semillas de la insatisfacción. Desde su perspectiva, en su jardín no crecía más que maleza.

En un momento de debilidad y juicio erróneo, el joven ejecutivo cayó. Cedió a la tentación, a perjuicio de su familia. Dejó su trabajo, y lo peor fue que perdió su integridad. Sus amigos quisieron ayudarlo a restaurarse, pero se alejó de ellos. Su familia estaba dispuesta a perdonarlo, pero el hombre no podía perdonarse a sí mismo. Murió unos años después, alcohólico y destituido.

El césped puede parecer más verde y las flores más hermosas en otros jardines, pero no hay mejor lugar que aquel en que fuimos plantados. Dios sabe exactamente lo que necesitamos. Él nos ha dado todos los ingredientes para disfrutar de una vida bien regalada y exitosa que lo honre a Él.

Job 4:8
Los que aran iniquidad y siembran injuria, lo siegan.

Fuente: En el Jardín con Dios, Editorial UNILIT

En busca del océano

“Usted Perdone”, le dijo un pez a otro, “es usted más viejo y con más experiencia que yo y probablemente podrá usted ayudarme. Dígame: ¿dónde puedo encontrar eso que llaman Océano? He estado buscándolo por todas partes, sin resultado”

“El Océano”, respondió el viejo pez, “es donde estás ahora mismo”

“¿Esto? Pero si esto no es más que agua… Lo que yo busco es el Océano”, replicó el joven pez, totalmente decepcionado, mientras se marchaba nadando a buscar en otra parte.

Quizás el Océano que tanto has buscado esté perdido en algún rincón de tu corazón, …quizás en algún lugar de este rincón.

Muchas veces tenemos lo que estamos buscando frente a nuestras narices y se nos “pasa de largo”. Esperamos que nos sorprenda con algo mágico, con luces de colores, algún truco o algo que nos deje boquiabiertos. Imaginemos lo felices que podríamos ser si pudiéramos maravillarnos con las pequeñas cosas de la vida, con aquellos milagros que hace Dios a diario. No te pierdas de lo importante, mira tu vida con perspectiva, agradece cada pequeña maravilla.

Que Dios bendiga tu vida!

El árbol confundido

Había una vez, algún lugar que podría ser cualquier lugar, y en un tiempo que podría ser cualquier tiempo, un hermoso jardín, con manzanos, naranjos, perales y bellísimos rosales, todos ellos felices y satisfechos.

Todo era alegría en el jardín, excepto por un árbol profundamente triste. El pobre tenía un problema: “No sabía quién era.”
Lo que le faltaba era concentración, le decía el manzano, si realmente lo intentas, podrás tener sabrosas manzanas. “¿Ves que fácil es?”
No lo escuches, exigía el rosal. Es más sencillo tener rosas y “¿Ves que bellas son?”

Y el árbol desesperado, intentaba todo lo que le sugerían, y como no lograba ser como los demás, se sentía cada vez más frustrado.
Un día llegó hasta el jardín el búho, la más sabia de las aves, y al ver la desesperación del árbol, exclamó:
- No te preocupes, tu problema no es tan grave, es el mismo de muchísimos seres sobre la tierra. Yo te daré la solución: “No dediques tu vida a ser como los demás quieran que seas… Sé tu mismo, conócete, y para lograrlo, escucha tu voz interior.” Y dicho esto, el búho desapareció.
¿Mi voz interior…? ¿Ser yo mismo…? ¿Conocerme…? Se preguntaba el árbol desesperado, cuando de pronto, comprendió… Y cerrando los ojos y los oídos, abrió el corazón, y por fin pudo escuchar su voz interior diciéndole:
“Tú jamás darás manzanas porque no eres un manzano, ni florecerás cada primavera porque no eres un rosal. Eres un roble, y tu destino es crecer grande y majestuoso. Dar cobijo a las aves, sombra a los viajeros, belleza al paisaje…
Tienes una misión “Cúmplela”.
Y el árbol se sintió fuerte y seguro de sí mismo y se dispuso a ser todo aquello para lo cual estaba destinado. Así, pronto llenó su espacio y fue admirado y respetado por todos. Y sólo entonces el jardín fue completamente feliz.

Sólo nosotros podemos saber quiénes somos…

¿Cuántos serán robles que no se permiten a sí mismos crecer?

¿Cuántos serán rosales que por miedo al reto, sólo dan espinas?

¿Cuántos naranjos que no saben florecer?

En la vida, todos tenemos un destino que cumplir, un espacio que llenar…