¿Alcanzaste tu meta de santidad hoy?

“Así que, ¡escuchen los perfectos! Todos debemos tener este modo de pensar. Y si en algo piensan de forma diferente, Dios les hará ver esto también.” Filipense 3:15

En mi nuevo trabajo hay muchas cosas por mejorar. La empresa se manejó siempre como una empresa familiar donde los dueños decidían según su buen criterio. No les fue mal, ya que crecieron mucho y se mantuvieron en el mercado durante 40 años. Eso en Argentina es casi un milagro. Sin embargo, esa metodología de trabajo ya no puede ser sostenida por el tamaño actual de la empresa. Es ahí donde me contratan para que entre otras cosas, logre mejorar los procesos internos.

Cambiar una cultura de cuarenta años es casi imposible. Y resulta un desafío improbable de cumplir. Es además extremadamente desalentador ya que las mejoras suelen ser muy lentas y resistidas. Por lo cual, me diseñé un plan de trabajo para ir consiguiendo pequeños logros a corto plazo, que apuntalan mi objetivo principal. De esta manera, cada pequeño éxito que consigo me anima y fortalece interiormente; potencia mi influencia en la empresa y me acerca al objetivo principal.

Esta misma idea es la que Pablo intenta explicarles a los filipenses. Él sabía que tratar de ser como Dios es imposible para cualquier ser humano. Pablo les anima a imitar su ejemplo de permanente superación. El objetivo final parece inalcanzable. Es imposible ser perfectos como Dios. Sin embargo, un gran objetivo se consigue logrando pequeñas metas. Y solo se obtiene el éxito avanzando paso a paso. El apuro solo puede llevar al fracaso. Pablo sabía esto. Por eso los estimula a buscar pequeños logros que generan confianza, satisfacción y la convicción de la tarea cumplida. Eso motiva a trabajar más arduamente para alcanzar el siguiente escalón, el siguiente desafío.

Somos exitistas por naturaleza, y nos desalentamos muy fácilmente cuando el fracaso golpea nuestros proyectos. Espiritualmente actuamos de la misma manera. Es cierto que tenemos un gran desafío de parte de Dios de mantener la santidad. Y que resulta imposible hacerlo.

Pablo hoy nos desafía a fijarnos pequeñas metas. No intentes ser santo todo el año. Luchá con fiereza para lograr la perfección delante de Dios solo por hoy. Mañana intentaremos hacer lo mismo. Pero preocupate solo por hoy. Basta a cada día su propio afán. Ahora es tu momento.

Fuente: padrenuestro.net

¿Que haría Jesús?

A fines de los noventa, en Estados Unidos se puso de moda entre los cristianos llevar brazaletes, llaveros y ropa con la inscripción W.W.J.D que son las iniciales de las palabras en inglés de la siguiente pregunta, traducida al español: ´¿Qué haría Jesús?´ En una ocasión, me invitaron a predicar en un evento multitudinario donde el lema del encuentro era aquella sigla. Los que hablaron antes que yo se refirieron a la santidad y recomendaron a los jóvenes pensar muy bien antes de hacer algo malo y les advirtieron que hacer lo que no agrada a Dios trae consecuencias. Los jóvenes escuchaban con las cabezas gachas y algunos lloraban. Se respiraba un clima de tensión y vergüenza. Mientras oraba con los ojos abiertos, esperando mi turno, el Señor me indicó: Hasta este momento, se ha hablado como si la pregunta fuera ´¿Qué cosas NO haría Jesús?´, en lugar de preguntar qué cosas sí hubiera hecho. Cuando me tocó hablar, leí el pasaje en Lucas donde el propio Jesús anuncia con qué misión había venido a la tierra:

“El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar las buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos, a poner libertad a los oprimidos, a pregonar el año del favor del Señor.” Lucas 4.18-19.

Acto seguido hablé de lo que Sí hizo Jesús y lo que quiere hacer hoy en la tierra a través de la nueva generación. Hablamos de transformar la sociedad, de impacto, de amor y de sacrificio. Al terminar, el entusiasmo entre los jóvenes era evidente.

Pecados de acción y pecados de omisión

Es una lástima que la iglesia haya enfatizado por tanto tiempo sólo lo que no deben hacer los cristianos, lo que llamamos pecados de acción. Poco se ha enseñado sobre los pecados de omisión, que son aquellos pecados que tienen que ver con lo que no hacemos. Si hacemos una lista de los pecados de acción, de las cosas malas que no debemos hacer, la lista es larga como papel higiénico. Si anotamos los pecados de omisión, es decir, las cosas que deberíamos hacer y no hacemos, apenas recordamos unos cuantos: diezmar, orar, leer la Biblia, ir a la iglesia y obedecer a los padres. Estas son cosas esenciales, sin duda. Pero, ¿ahí termina lo que el cristiano debiera estar haciendo? ¿Qué haría Jesús en nuestro medio?
Estoy convencido de que hacer la obra de Cristo contribuye enormemente a nuestra santificación; cuando empiezo a hacer lo que hizo Jesús, tengo mucho menos tiempo para hacer aquellas cosas que no debería hacer y que Jesús nunca hizo. Cuando empiezo a quedarme, a no hacer lo que Dios quiere que esté haciendo, es fácil que la tentación me encuentre ´disponible´. Eso fue lo que le pasó a David.
Vayamos algunos años más adelante, mucho después de su valiente enfrentamiento con Goliat. El capítulo 11 de 2 Samuel relata que David tenía que salir en campaña contra los enemigos del pueblo de Dios, pero se quedó. El rey tendría que haber ido con el ejército pero se quedó muy cómodo en el palacio de Jerusalén mirando la tele. Una tarde (!) al levantarse de la cama, comenzó a pasearse por la azotea del palacio y desde allí vio a una mujer muy hermosa que se estaba bañando. Primero la miró con un ojo, luego con dos y después le sacó una foto. Hizo que la trajeran y, aprovechándose de ser el rey y de que el esposo de la mujer no estaba, se acostó con ella. Una vergüenza para un hombre que conocía tanto de Dios.
Pero, ¿dónde había empezado todo? David no estaba donde tenía que estar. Estaba perdiendo el tiempo en el palacio en vez de estar haciendo lo que Dios quería que hiciera.
Dios quiere hijos santos. La santidad es la belleza de la cristiana y el cristiano. Por ser la santidad justamente un reflejo de la hermosura del carácter de Cristo en nuestra vida, somos santos cuando hacemos lo que Cristo hizo. Es lamentable ver cristianos que piensan que ser santo es no fumar, no tomar, no bailar ni decir malas palabras. Esas características son una mínima expresión de lo que es la santidad. La persona santa es feliz porque está haciendo la voluntad de papá Dios, que es ´agradable y perfecta´ (Romanos 12.2). La madre Teresa de Calcuta fue santa, Martin Luther King, Martín Lutero y Hudson Taylor fueron santos, como todos aquellos que de todo corazón se entregan a hacer lo que Dios les pide y eso los hace parecerse cada vez más a Jesús.

Dios quiere algo más que solo no nos metamos en problemas con los cristianos a nuestro alrededor. Él quiere un corazón obediente y una fe total. Él está más interesado en el corazón de sus hijos que en sus habilidades y conocimientos. Quiere vidas a prueba de pruebas. Quiere cristianos que mantengan el gozo y la esperanza en las dificultades; que conserven la paz y el dominio propio en medio de las tensiones. Dios quiere algo más que carisma y popularidad; él está buscando verdadera santidad. Esa que tiene que ver con la pureza de corazón y de la que podemos conversar en voz baja solo ÉL y nosotros. Santidad que tiene que ver con lo que en nuestro lugar hubiese hecho el Santo.

Yo quiero alejarme de aquellas cosas que ofenden a mi Señor. Pero también no quiero ofenderlo al no hacer lo que me pide.

Por Lucas Leys

www.especialidadesjuveniles.com

Un día a la vez

 

¿Alguna vez te has propuesto cosas como vivir el resto de tu vida en santidad?  ¿O quizás nunca más caer en aquella tentación que tanto te fastidia?  Si lo has pensado, qué bueno.  Pero, si somos sinceros, no lo hemos logrado.

La vida espiritual no se logra con buenas intenciones o buenos deseos, sino con buenos resultados.

Vos y yo, seres imperfectos (bueno… algunos más que otros ja ja ja) somos débiles, frágiles, vulnerables, inestables, inconstantes.  Incluso, parece ser que nunca vamos a lograr esas nuestras buenas metas, porque ya lo hemos intentado una y otra vez, y reiteradamente, fracasamos.

Quiero proponer un nuevo acercamiento.  Quizás me has escuchado decir en el programa que debemos trabajar en “pequeñas victorias”.  Pensar en vivir el resto de mis años en santidad suena bonito, pero no está a mi alcance, es demasiado lejos, demasiado grande, que se sale de mi capacidad.

¿Qué tal fraccionar esa graaaan meta en metas pequeñas?  Pensemos en cosas que sí podemos lograr porque sí están a nuestro alcance. (más…)