Un día a la vez
¿Alguna vez te has propuesto cosas como vivir el resto de tu vida en santidad? ¿O quizás nunca más caer en aquella tentación que tanto te fastidia? Si lo has pensado, qué bueno. Pero, si somos sinceros, no lo hemos logrado.
La vida espiritual no se logra con buenas intenciones o buenos deseos, sino con buenos resultados.
Vos y yo, seres imperfectos (bueno… algunos más que otros ja ja ja) somos débiles, frágiles, vulnerables, inestables, inconstantes. Incluso, parece ser que nunca vamos a lograr esas nuestras buenas metas, porque ya lo hemos intentado una y otra vez, y reiteradamente, fracasamos.
Quiero proponer un nuevo acercamiento. Quizás me has escuchado decir en el programa que debemos trabajar en “pequeñas victorias”. Pensar en vivir el resto de mis años en santidad suena bonito, pero no está a mi alcance, es demasiado lejos, demasiado grande, que se sale de mi capacidad.
¿Qué tal fraccionar esa graaaan meta en metas pequeñas? Pensemos en cosas que sí podemos lograr porque sí están a nuestro alcance.
Sugiero que trabajemos en “un día a la vez”. Desde hace algunas semanas me he levantado con una oración en mente: “Dios, te entrego este día para vivirlo en santidad”. Un día a la vez. Eso sí lo puedo medir, eso sí lo puedo alcanzar. Claro, hacer la propuesta tampoco resolvió todos mis problemas (de hecho, hay días en los que no he alcanzado la meta), pero me permite visualizar un objetivo claro. Me fortalece para luchar ese día contra las tentaciones que sé que voy a enfrentar. Es algo específico, contreto, tangible, y sobre todo, realizable.
Lo emocionante, es que, al fortalecer el hábito, construiremos una suma de “un día a la vez”, es decir, ¡una vida de santidad!
Howard Andruejol
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